El telescopio espacial Nancy Grace Roman, la próxima gran misión astrofísica de la NASA, llegó al Centro Espacial Kennedy, en Florida, para iniciar su etapa final antes del lanzamiento. La agencia norteamericana trasladó el observatorio hasta la base después de completar su integración y sus pruebas principales en el Centro Goddard, en Maryland. Con su llegada a Kennedy, la misión entra en la fase de preparación previa al despegue, previsto el domingo 30 de agosto a bordo de un cohete Falcon Heavy de SpaceX.

El traslado se realizó con un procedimiento específico para proteger un instrumento científico de alta precisión. La nave, de casi 8.200 kg, se colocó dentro de un contenedor de transporte con control ambiental y luego se trasladó por tierra hasta el puerto de Baltimore. Desde allí, la barcaza Pegasus de la NASA la transportó por la costa atlántica hasta Florida. Al llegar al muelle del complejo 39, los equipos descargaron el tráiler que llevaba el observatorio y lo trasladaron al Payload Hazardous Servicing Facility, una instalación de procesamiento que fue actualizada para recibir a Roman.
El telescopio Roman, en la recta final previa al lanzamiento
En esa instalación comenzará una secuencia de tareas para dejar al telescopio en condiciones de vuelo. Primero, los técnicos realizarán limpiezas externas e internas para reducir cualquier contaminación acumulada durante el viaje, antes de abrir el contenedor y mover el observatorio a una sala limpia. Luego colocarán la nave en posición vertical, la trasladarán al área principal de trabajo y usarán grúas para ubicarla sobre una plataforma Pantheon. Durante esta campaña se probarán sus seis paneles solares, se inspeccionarán las mantas térmicas y el aislamiento que protegen al observatorio de cambios extremos de temperatura, y se cargarán unos 290 galones de hidracina, el combustible que utilizará para maniobras y control de actitud.
Después del lanzamiento, Roman viajará al punto de Lagrange L2 del sistema Sol-Tierra, una región ubicada a unos 1,5 millones de kilómetros de nuestro planeta que ofrece condiciones estables para observaciones astronómicas. Desde allí trabajará en luz infrarroja y realizará relevamientos amplios del universo con una capacidad de observación muy superior a la de telescopios diseñados para campos más reducidos. Su instrumento principal incluye una cámara de 300 megapíxeles y permitirá estudiar miles de millones de galaxias, cientos de miles de exoplanetas, agujeros negros y grandes volúmenes de datos astronómicos diarios.
La misión buscará responder preguntas sobre la expansión acelerada del universo, la distribución de galaxias y la frecuencia de distintos tipos de planetas en la Vía Láctea. Además, Roman probará una tecnología capaz de bloquear la luz de una estrella para obtener imágenes directas de exoplanetas y discos de formación planetaria, una técnica importante para futuras misiones.
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