La semana pasada, la NASA anunció la tripulación de su próxima misión lunar, Artemisa III, y una característica común sorprendió a mucha gente: los 4 astronautas tienen un perfil vinculado con la defensa. Entonces, surgió la duda: ¿Por qué buena parte de los astronautas son militares? ¿Es un requisito?
Afortunadamente, la respuesta es que no: no hay que ser militar para ser astronauta. Sin embargo, durante las primeras décadas de la exploración espacial, muchos candidatos venían de las fuerzas armadas porque el perfil encajaba con las necesidades de la época: pilotos de prueba, ingenieros aeronáuticos y personas entrenadas para operar sistemas complejos en situaciones de alto riesgo.
Ese origen se debe a que los primeros vuelos espaciales tripulados se parecían más a misiones de prueba que a operaciones rutinarias. Había que validar cápsulas, sistemas de navegación, maniobras orbitales y procedimientos de emergencia. En ese contexto, la experiencia militar aportaba entrenamiento en aviación crítica, toma de decisiones bajo presión, disciplina operativa, trabajo en equipo y liderazgo en entornos extremos.
Con el tiempo, el perfil del astronauta se amplió. A medida que la actividad espacial pasó de vuelos breves y experimentales a una presencia sostenida en órbita, especialmente en estaciones espaciales, empezaron a ser necesarias más disciplinas: física, biología, medicina, ingeniería, geología, informática y operación de experimentos científicos. Hoy pueden ser militares o civiles. Lo importante es la formación técnica, la experiencia profesional, la aptitud física y la capacidad de trabajar en misiones altamente exigentes.
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