El Pentágono creó una nueva oficina para concentrar la gestión de gran parte de sus drones, sistemas autónomos y capacidades antidrones. La medida busca acelerar el desarrollo, la compra y el despliegue de estas tecnologías, que Estados Unidos considera centrales para los conflictos actuales. La nueva estructura, llamada Direct Reporting Portfolio Manager for Unmanned Systems (DRPM-UxS), reportará directamente al subsecretario de Defensa y tendrá autoridad sobre programas que hasta ahora estaban repartidos entre las distintas fuerzas militares.

La decisión se enmarca en una política más amplia de Washington para ganar velocidad en el campo de los sistemas no tripulados. En 2025, la Casa Blanca ordenó impulsar la adquisición, integración y entrenamiento con drones de bajo costo y alto rendimiento fabricados en Estados Unidos. También firmó una orden para reforzar la defensa del espacio aéreo frente a amenazas de drones de actores criminales, terroristas o estatales.
¿Qué equipos quedan bajo la órbita de la nueva oficina de drones y sistemas autónomos?
El nuevo organismo tendrá bajo su órbita drones aéreos de los grupos 1 a 3, embarcaciones no tripuladas de superficie, vehículos terrestres autónomos, sistemas antidrones, logística asociada y software de inteligencia artificial o enjambres. Esto incluye desde pequeños drones tácticos hasta robots terrestres y sistemas capaces de coordinar múltiples plataformas al mismo tiempo.
También tendrá intervención sobre vehículos submarinos no tripulados, aunque en coordinación con la cartera de submarinos del Pentágono. Quedan fuera los grandes programas de adquisición ya establecidos por ley, como ciertos aviones no tripulados de gran porte o programas navales mayores, que seguirán en manos de las fuerzas correspondientes.
Según el memorando oficial, la oficina no será solo un espacio de coordinación, sino que podrá actuar como autoridad de decisión para sus programas, establecer estándares técnicos comunes, imponer requisitos de interoperabilidad y arquitectura abierta, intervenir en presupuestos, priorizar contratos y frenar el despliegue de sistemas que no estén listos. También absorberá funciones de la Joint Interagency Task Force 401, enfocada en amenazas de drones, y de la Defense Autonomous Warfare Group, orientada a producir capacidades autónomas a escala. La Defense Innovation Unit quedará como principal punto de contacto con empresas tecnológicas y proveedores comerciales.
La decisión se da en un contexto en el que los drones dejaron de ser una herramienta secundaria y pasaron a ocupar un lugar central en la planificación militar moderna. Ucrania, Medio Oriente y otros escenarios mostraron que plataformas baratas, numerosas y conectadas pueden cambiar la forma de detectar, atacar, defender posiciones y desgastar al adversario. Para Estados Unidos, el desafío no es solo diseñar mejores sistemas, sino producirlos rápido, integrarlos entre fuerzas y sostenerlos en operaciones reales. El nuevo esquema del Pentágono a eso, menos dispersión burocrática, más velocidad de compra y una cadena de mando única para la tecnología que define el campo de batalla contemporáneo.
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