Un reciente memorando emitido por la Oficina del Inspector General (OIG) de la NASA ha revelado que cuatro proyectos clave de la campaña lunar Artemis, suspendidos a principios de este año, registraron un incremento conjunto en sus costos que duplicó las estimaciones iniciales, pasando de US$ 2.800 millones a 5.900 millones. La auditoría vincula de manera directa estas desviaciones presupuestarias con la decisión de la agencia espacial de finalizar el desarrollo de la variante Block 1B del cohete Space Launch System (SLS) y de la estación orbital Gateway.

Desviaciones en la infraestructura de propulsión del SLS Block 1B
El desarrollo de la Etapa Superior de Exploración (EUS), diseñada para dotar al cohete SLS de una mayor capacidad de carga hacia laLuna, representa uno de los mayores ajustes financieros del informe. Inicialmente, la NASA adjudicó a Boeing un presupuesto de US$ 962 millones para la construcción de esta etapa superior más potente; sin embargo, para marzo de este año, la estimación escaló a US$ 2.900 millones. Las proyecciones de la OIG indicaban que, de haber continuado el proyecto, el costo final habría alcanzado los US$ 3.700 millones, acumulando un retraso en su entrega que movía la fecha original demarzo de 2021 a agosto de 2028.
Por su parte, el Adaptador de Etapa Universal (USA), pieza de acoplamiento encargada de conectar la nave espacial Orion con la etapa EUS, experimentó una tendencia similar en la gestión a cargo de Dynetics. El contrato original, firmado en 2017 por un valor de US$ 131 millones con miras a entregarse en 2021, triplicó su costo hasta situarse en US$ 353 millones con una prórroga a septiembre de 2028. La auditoría técnica de la OIG estimó que finalizar este componente bajo los parámetros previos habría elevado la inversión a US$ 497 millones, postergando su disponibilidad operativa hasta mayo de 2030.

Desafíos logísticos en tierra y el módulo habitacional HALO
El Lanzador Móvil 2 (Mobile Launcher 2), la plataforma terrestre desarrollada por Bechtel para soportar las variantes más pesadas del SLS, ya se encontraba bajo observación constante debido a sus recurrentes alzas presupuestarias. Al emitirse la orden de suspensión de trabajos a inicios de año, el costo del contrato se había disparado de los US$ 383 millones iniciales en 2019 a US$ 1.600 millones. El documento técnico de la OIG proyecta que la culminación de la estructura a finales de 2026 demandará un total de US$ 2.000 millones, una cifra que, no obstante, se sitúa por debajo de estimaciones previas que auguraban un techo de US$ 2.500 millones.
En el entorno orbital, el desarrollo del módulo HALO (Puesto Avanzado de Habitabilidad y Logística) para la estación Gateway también sufrió modificaciones estructurales en su gestión financiera con Northrop Grumman. Adjudicado en 2021 como un contrato de precio fijo por US$ 1.300 millones, la NASA se vio obligada a transformarlo en una modalidad de costo más margen en 2024 debido a las complejidades del diseño, acumulando US$ 1.900 millones al momento de su suspensión en abril. Aunque la entrega oficial estaba fijada para octubre, la falta de previsión en los informes de costos y la falta de confianza en el cronograma llevaron a laOIG a estimar que el módulo no habría estado operativo antes de 2031.
Hacia un nuevo modelo de adquisición comercial tras la reestructuración de Artemis
La administración de la NASA ha recibido las conclusiones de la OIG buscando delimitar la nueva arquitectura de Artemis de las ineficiencias de los proyectos cancelados. Lori Glaze, administradora asociada de exploración, aclaró que las proyecciones de la auditoría se fundamentan en supuestos de diseño obsoletos que no se corresponden con las directrices vigentes de disciplina, asequibilidad, simplificación y rapidez. Glaze admitió que parte de los sobrecostos se debieron a cambios internos en los requisitos de la agencia, asegurando que se aplicarán estrictos controles para definir las especificaciones en etapas tempranas y priorizar contratos de precio fijo basados en ofertas comerciales.
Esta reestructuración busca liberar recursos financieros sustanciales para reorientar el presupuesto hacia misiones de alta prioridad científica. El administrador de la NASA, Jared Isaacman, enfatizó que la cancelación de estas líneas de desarrollo permitirá disponer de más de US$ 3.000 millones en los próximos años, destinados a acelerar la exploración y el descubrimiento científico. Este giro metodológico refleja el esfuerzo de la agencia por mitigar los riesgos fiscales asociados a los grandes contratos de infraestructura tradicional y adoptar un ecosistema de proveedores más ágil y competitivo.
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