China realizó esta semana un nuevo lanzamiento espacial con la puesta en órbita del satélite oceanográfico Haiyang-2E (HY-2E), destinado a fortalecer el monitoreo del ambiente marino. La misión despegó el 2 de julio desde el Centro de Lanzamiento de Satélites de Jiuquan, en el noroeste del país, a bordo de un cohete Long March 4B. Según China, el satélite alcanzó correctamente la órbita prevista y comenzó la fase inicial de operaciones.

El HY-2E forma parte de la serie Haiyang-2, el principal sistema satelital chino dedicado al estudio de la dinámica de los océanos. Esta familia de satélites lleva más de una década proporcionando información para la predicción meteorológica, la investigación oceanográfica, la prevención de desastres naturales, la seguridad marítima y la gestión de los recursos marinos. Con esta incorporación, China busca garantizar la continuidad de esos servicios mediante el reemplazo del satélite HY-2B. Ese ejemplar está operativo desde 2018, y se relevará progresivamente con la nueva unidad.
Un nuevo ojo chino en el espacio
El HY-2E fue desarrollado por la Academia China de Tecnología Espacial (CAST) y está equipado con cuatro instrumentos de observación por microondas. Estos sensores permiten medir con precisión la altura de la superficie del mar, la altura de las olas, la velocidad y dirección de los vientos sobre el océano y la temperatura superficial del agua.
La información obtenida resulta fundamental para mejorar los modelos de pronóstico meteorológico, estudiar fenómenos climáticos como El Niño y seguir la evolución de tormentas y tifones. Además, el satélite incorpora un Sistema de Identificación Automática (AIS), capaz de recibir las señales emitidas por los buques para conocer su posición, velocidad e identificación, lo que contribuye al seguimiento del tráfico marítimo y a incrementar la seguridad de la navegación. Los datos también pueden utilizarse para localizar zonas de pesca con mayor eficiencia y apoyar diversas actividades económicas vinculadas al mar.

El satélite despegó a bordo de un Long March 4B, uno de los vehículos más utilizados por China para colocar satélites en órbitas bajas y heliosincrónicas. La misión representó el vuelo número 654 de la familia de lanzadores Long March, una de las más activas del mundo. En paralelo, refleja el elevado ritmo de actividad del programa espacial chino tanto en misiones científicas como de observación de la Tierra, comunicaciones y exploración espacial.
La constelación Haiyang-2 constituye un componente clave de la infraestructura espacial china para la observación del planeta. Al operar simultáneamente varios satélites de la misma familia, el sistema puede realizar mediciones con mayor frecuencia y cobertura global, proporcionando información de utilidad tanto para China como para la comunidad científica internacional y los servicios meteorológicos que utilizan datos satelitales para mejorar sus modelos de predicción.
Tal vez te interese: China rompe récord anual de lanzamientos













