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Inicio Espacio Tech Argentina

Los drones militares que Argentina no fabrica pero debería: cuánto costarían y qué capacidades darían

Sofía Arocena Por Sofía Arocena
24 abril, 2026
en Argentina, Espacio Tech, Seguridad
Tiempo de lectura:10 minutos de lectura
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Los drones militares que Argentina no fabrica, pero debería.

Los drones militares que Argentina no fabrica, pero debería.

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En los últimos años, los drones pasaron de ser un complemento de las fuerzas armadas a posicionarse como uno de los componentes centrales de la guerra moderna. Sirven para vigilar, detectar blancos, abastecer posiciones aisladas y atacar sin exponer tripulaciones. En ese contexto, la Argentina, que volvió a invertir en capacidades militares en un intento por recuperar su fuerza aérea, debería sumar a los sistemas no tripulados como una prioridad de su planificación estratégica. En particlar, el desafío, más que comprar drones en el exterior, debería centrarse en construir una capacidad industrial y militar propia.

Dron MQ-9 Reaper del Ejército del Aire y del Espacio de francia de Francia.
Dron MQ-9 Reaper del Ejército del Aire y del Espacio de francia de Francia.

La apuesta más lógica sería comenzar por desarrollar una familia de sistemas que cubra las aplicaciones más importantes: vigilancia, logística, municiones merodeadoras y drones armados de media autonomía. Afortunadamente, la fabricación local no sería una apuesta desde cero. Argentina tiene una historia aeronáutica importante: durante décadas diseñó, fabricó y mantuvo aviones militares, desde desarrollos históricos de la Fábrica Militar de Aviones de Córdoba hasta programas más recientes vinculados al Pampa, el Pucará y distintos sistemas de entrenamiento, mantenimiento y modernización. En ese contexto, desarrollar drones implicaría combinar capacidades que el país ya incorporó en distintos momentos de su historia aeronáutica, por lo que existe una base técnica e industrial sobre la cual avanzar.

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A eso se suma un ecosistema técnico que podría sostener la iniciativa. La Fábrica Argentina de Aviones (FAdeA) —heredera de la histórica fábrica de Córdoba—, empresas como INVAP, instituciones como CITEDEF —el Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa—, universidades, institutos tecnológicos y pymes especializadas reúnen conocimientos en estructuras, electrónica, radares, sistemas espaciales, materiales compuestos, software e integración de equipos complejos.

El primer escalón: drones de vigilancia para frontera, mar y campo de batalla

El primer sistema que Argentina debería fabricar en serie es un dron táctico de vigilancia, equivalente en concepto al ScanEagle de Boeing Insitu. Se trata de una plataforma de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, cuya función principal es permanecer muchas horas en vuelo, observar con cámaras electroópticas e infrarrojas y transmitir video en tiempo real.

El ScanEagle es un buen ejemplo de la capacidad que necesita un país con una geografía como la argentina. Tiene un peso máximo de despegue de 28 kg, una carga útil de hasta 8 kg, una autonomía superior a 18 horas, techo de servicio de 6.000 metros y velocidad máxima de unos 148 km/h. Opera con motores de combustible aeronáutico militar convencional, y no requiere una pista normal, puesto que se lanza con catapulta y se recupera con un sistema de captura. Actualmente, el precio de mercado del sistema completo ronda los US$ 3 millones.

Dron de vigilancia ScanEagle de Boeing Insitu, sobre la catapulta de lanzamiento.
ScanEagle de Boeing Insitu sobre su catapulta de lanzamiento, uno de los drones militares que Argentina podría desarrollar para incorporar la capacidad de vigilancia autónoma.

Para Argentina, un dron de este tipo sería útil en tres misiones inmediatas. La primera es la vigilancia marítima, especialmente sobre el Atlántico Sur y la zona adyacente a la milla 201, donde opera una gran concentración de flotas pesqueras extranjeras. La Prefectura Naval presentó en 2026 una estrategia específica contra la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada en esa zona, lo que muestra que la necesidad de vigilancia persistente ya existe. La segunda misión es el control de fronteras extensas, para cubrir sectores rurales o de difícil acceso con menor costo operativo que una aeronave tripulada. La tercera es el reconocimiento táctico para el Ejército.

La Argentina ya tuvo desarrollos en esta línea. El Lipán M3, desarrollado por el Ejército Argentino, alcanzaba unas cinco horas de autonomía, 40 km de alcance, 20 kg de carga útil y 170 km/h de velocidad máxima. También hubo proyectos de la Fuerza Aérea como el Vigía 2B y desarrollos de INVAP/FAdeA en vehículos no tripulados. Sin embargo, esos antecedentes no derivaron en una familia de drones producida en serie e incorporada como capacidad militar e industrial.

El segundo escalón: drones logísticos para abastecer sin exponer personal

El segundo tipo de dron que Argentina debería fabricar es un sistema logístico VTOL, que sea capaz de despegar y aterrizar verticalmente, llevar carga útil y abastecer posiciones aisladas. En un conflicto armado, mover municiones, medicamentos o equipos de comunicaciones hacia el frente puede ser tan crítico como disparar. En zonas montañosas, selváticas, antárticas o marítimas, esa necesidad es aún más importante.

Un modelo de referencia es T-150 de Malloy Aeronautics, un octocóptero eléctrico de carga utilizado para logística militar. Cuenta con una capacidad de carga de 68 kg, alcance de hasta 37,5 km, autonomía de 36 minutos y velocidad máxima de 108 km/h. Si bien no reemplaza a los helicópteros, presenta una solución alternativa para el último tramo logístico.

Modelo ucraniano Malloy T-150, uno de los drones militares que Argentina podría desarrollar para incorporar la capacidad de transporte autónomo.
Modelo Malloy T-150, uno de los drones militares que Argentina podría desarrollar para incorporar la capacidad de transporte autónomo.

Para Argentina, un dron logístico tendría aplicaciones militares y duales. Podría abastecer patrullas en frontera, apoyar operaciones de montaña, trasladar repuestos livianos entre buques, asistir bases antárticas en tareas de corto alcance o llevar equipos médicos en emergencias. Su fabricación local sería relativamente más viable que la de un dron armado, puesto que no exige motores aeronáuticos complejos, puede construirse con estructura modular, propulsión eléctrica, baterías comerciales de alta densidad, navegación autónoma y una arquitectura de control robusta.

El tercer escalón: un dron armado tipo TB2, pero adaptado a la realidad argentina

El tercer sistema debería ser un dron MALE (Media Altitud y Larga Autonomía) liviano, comparable en concepto al Bayraktar TB2 turco. Este segmento es mucho más ambicioso que los anteriores, puesto que se trata de drones militares relativamente grandes, diseñados para volar durante muchas horas a una altitud media, vigilar y, en algunos casos, llevar armamento guiado.

El TB2 tiene un peso máximo de despegue de 700 kg, carga útil de 150 kg, autonomía superior a 20 horas, techo de servicio de 6.700 metros y velocidad máxima de hasta 204 km/h. Puede llevar sensores electroópticos o infrarrojos, radar de vigilancia y municiones guiadas. Su costo depende del tipo y capacidades, pero suelen variar entre los US$ 8 a 15 millones.

 Bayraktar TB2 turco, uno de los drones militares que Argentina podría desarrollar para incorporar la capacidad de ataque.
Bayraktar TB2 turco, uno de los drones militares que Argentina podría desarrollar para incorporar la capacidad de vigilancia y ataque.

Para la Argentina, sin embargo, el TB2 le «quedaría grande» para empezar. En rigor de verdad, este es un tipo de dron mucho más grande, complejo y sofisticado, y no es realista plantearlo como un primer paso del país en el desarrollo de capacidades militares de fabricación propia. Sin embargo, sí puede plantearse como un objetivo a mediano plazo, como complemento para los aviones o helicópteros de las fuerzas armadas. Un dron armado de esta categoría permitiría patrullar grandes áreas marítimas, vigilar fronteras, iluminar blancos, acompañar operaciones terrestres y atacar objetivos de alto valor con municiones pequeñas de precisión.

El cuarto escalón: municiones merodeadoras, el arma barata que cambió el frente

El cuarto tipo de sistema que Argentina debería desarrollar son las municiones merodeadoras. Se trata de ejemplares que se lanzan, vuelan hacia una zona, buscan o confirman un blanco, permanecen en espera durante un tiempo y atacar cuando se dan las condiciones. Constituyen un punto medio entre un dron, un misil y un sensor desechable.

Un modelo de referencia es el Switchblade 600 de AeroVironment. Cuenta con 40 minutos de autonomía, alcance de 90 km con pase hacia adelante, velocidad de merodeo de 113 km/h, velocidad de ataque de 185 km/h y un peso de 15 kg. Está pensado para atacar blancos más duros, incluidos vehículos blindados, con una cabeza de guerra antiblindaje.

Ilustración de un Switchblade 600 de AeroVironment, uno de los drones militares que Argentina podría desarrollar para incorporar la capacidad de ataque.
Ilustración de un Switchblade 600 de AeroVironment, uno de los drones militares que Argentina podría desarrollar para incorporar la capacidad de ataque.

Para Argentina, este segmento es especialmente atractivo porque no exige fabricar un gran avión no tripulado desde el principio. Una munición merodeadora nacional podría comenzar como un sistema táctico de menor alcance, lanzado desde vehículo o tubo, con cámara diurna y/o nocturna, enlace seguro y capacidad de ataque contra objetivos livianos.

El costo internacional de estos sistemas varía mucho. Los Switchblade 600 suele estimarse en decenas de miles de dólares por unidad, mientras que municiones merodeadoras más grandes o con sensores avanzados pueden superar ampliamente ese valor.

El quinto escalón: drones FPV y microdrones militares

El último escalón es el de los microdrones y drones FPV adaptados a uso militar. Son pequeños, baratos, difíciles de detectar y extremadamente útiles para reconocimiento cercano. En Ucrania, modelos comerciales como los DJI Mavic —originalmente pensados para fotografía aérea, inspecciones o uso civil— se convirtieron en una herramienta cotidiana para observar trincheras, detectar vehículos y relevar posiciones enemigas a corta distancia. A partir de eso, también se expandió el uso de drones FPV modificados, equipados con cargas explosivas livianas, que permiten atacar blancos tácticos con un costo muy inferior al de una munición guiada convencional.

DJI Mavic 3 Pro, uno de los drones militares que Argentina podría desarrollar para incorporar la capacidad de reconocimiento.
DJI Mavic 3 Pro, uno de los drones militares que Argentina podría desarrollar para incorporar la capacidad de reconocimiento.

Argentina debería fabricar estos sistemas porque combinan versatilidad, bajo costo relativo y aplicaciones militares y civiles. Además, en una guerra moderna los drones pequeños se pierden por interferencia electrónica, fuego enemigo, accidentes, baterías agotadas o desgaste, por lo que la ventaja no está solo en tener el mejor modelo, sino en poder producir, reparar y reemplazar miles de unidades. En este segmento, la industria local podría avanzar con componentes comerciales, impresión 3D, fibra de carbono, electrónica nacional parcial, software propio y una cadena de proveedores distribuida.

Para qué los usaría Argentina y a quién podría exportarlos

Argentina no se encuentra enfrentando ninguna guerra o conflicto armado, pero eso no significa que no necesite capacidades militares. Sus escenarios más probables son de vigilancia, disuasión, control de espacios extensos y respuesta ante crisis. El Atlántico Sur, la milla 201, la Zona Económica Exclusiva, la Patagonia, las fronteras norte y noreste, la infraestructura crítica, las operaciones antárticas y las misiones de paz son ámbitos donde los drones pueden aportar mucho antes de que exista un conflicto abierto. El Libro Blanco de la Defensa y los debates oficiales recientes ubican al Atlántico Sur y la Antártida como ejes estratégicos de la política de defensa argentina.

Por otro lado, muchos países de América Latina necesitan vigilancia fronteriza, control marítimo, apoyo ante desastres, monitoreo de recursos naturales y capacidades militares de bajo costo. Un dron argentino no competiría contra los sistemas más exclusivos de Estados Unidos, Israel o Turquía, pero si podría intentar desarrollar opciones más robstas y económicas, adaptadas a geografía sudamericana, con mantenimiento regional y menor dependencia geopolítica. Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador y países africanos con necesidades de vigilancia marítima o fronteriza podrían ser mercados realistas si el producto demuestra confiabilidad, soporte y precio competitivo.

La oportunidad existe, pero no va a esperar. La guerra moderna demostró que los drones no son el futuro, sino el presente. Argentina tiene capacidades técnicas, formación profesional y necesidades estratégicas suficientes para entrar en ese campo. Lo que falta es una decisión sostenida que convierta esos recursos dispersos en una capacidad militar e industrial.

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Etiquetas: ArgentinaDronesIndustriaSeguridad
Sofía Arocena

Sofía Arocena

Sofía Arocena - Redactora de Espacio Tech - Formada en Ingeniería Aeroespacial

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