El 28 de septiembre de 2008, un pequeño cohete Falcon 1 despegó desde el atolón de Kwajalein, en el océano Pacífico, y alcanzó la órbita terrestre. Era el cuarto intento de SpaceX y la primera vez que un lanzador de combustible líquido desarrollado con financiación mayoritariamente privada conseguía llegar al espacio orbital. El éxito evitó la desaparición de una compañía que había consumido gran parte de sus recursos y abrió el camino para una relación con la NASA que sería decisiva para su crecimiento.

Elon Musk fundó SpaceX en 2002 con el objetivo de reducir el costo de los lanzamientos y, a largo plazo, desarrollar tecnologías para viajar a Marte. Su primer vehículo fue el Falcon 1, un cohete de dos etapas que utilizaba oxígeno líquido y queroseno. La primera etapa empleaba un motor Merlin, mientras que la segunda estaba impulsada por un motor Kestrel.
Sin embargo, los tres primeros vuelos fracasaron. El lanzamiento inaugural de 2006 terminó por una fuga de combustible y un incendio, y el segundo, en 2007, llegó al espacio pero no alcanzó la órbita. El tercero, realizado en agosto de 2008, se perdió cuando las etapas volvieron a tocarse después de la separación. SpaceX identificó el problema, modificó rápidamente el procedimiento y preparó un cuarto cohete con los componentes disponibles. Finalmente, el Falcon 1 llegó a la órbita en ese cuarto intento, transportando una carga de prueba que simulaba el peso de un satélite.
Los comienzos de SpaceX: del Falcon 1 a la alianza con la NASA
Cuando el Falcon 1 alcanzó finalmente la órbita en septiembre de 2008, SpaceX todavía era una empresa pequeña frente a los grandes contratistas aeroespaciales estadounidenses. Habían pasado apenas seis años desde su fundación y sus tres intentos anteriores de lanzamiento habían terminado sin alcanzar el objetivo. Sin embargo, mientras la compañía trataba de demostrar que podía construir y operar su propio cohete, otro proceso comenzaba a definir su futuro.
En 2006, después del primer vuelo fallido del Falcon 1, la NASA seleccionó a SpaceX como una de las empresas de su programa Commercial Orbital Transportation Services (COTS). La iniciativa se había creado ante la futura retirada de los transbordadores espaciales y buscaba desarrollar proveedores comerciales que transporten carga hacia y desde la Estación Espacial Internacional (ISS). SpaceX recibió inicialmente un acuerdo por US$ 278 millones para desarrollar y demostrar un sistema compuesto por un nuevo cohete, el Falcon 9, y una nave orbital, Dragon. Con posteriores ampliaciones, la contribución de NASA al programa alcanzaría los US$ 396 millones, mientras que SpaceX aportó alrededor de US$ 454 millones de sus propios recursos.

Hasta ese entonces, NASA sólo había desarrollado cohetes para el Gobierno asumiendo todo el proceso de diseño, fabricación y ensayos, y llevando a cabo todo el proceso de forma interna. Este nuevo modelo, en cambio, establecía una serie de objetivos a completar y les pagaba a las empresas a medida que los iban concretando. En este esquema, cada empresa era dueña y gestora de su cohete, y también podía ofrecer servicios a otros clientes, teniendo a la NASA siempre como prioridad.
Así, mientras SpaceX seguía intentando que el Falcon 1 alcance la órbita, ya existía un proyecto mucho mayor detrás: construir un sistema capaz de abastecer regularmente a la Estación Espacial Internacional (ISS).
La relación tampoco se limitó al financiamiento, ya que la NASA compartió con la compañía décadas de experiencia aeroespacial. Un ejemplo fue el sistema de protección térmica de la cápsula Dragon. El Centro de Investigación Ames había desarrollado en la década de 1990 el material ablativo PICA, utilizado posteriormente por NASA en la cápsula de retorno de la misión Stardust. SpaceX trabajó con especialistas de Ames y desarrolló a partir de esa tecnología su propia variante, PICA-X, que fue la que finalmente se utilizó en la cápsula Dragon.
Así, el vuelo del 28 de septiembre de 2008 demostró, después de tres intentos fallidos, que SpaceX y el Falcon 1 podían colocar cargas en órbita. Menos de tres meses después, en diciembre de 2008, la NASA dio el siguiente paso y adjudicó a SpaceX un contrato de US$ 1.600 millones para realizar doce misiones de reabastecimiento a la Estación Espacial Internacional (ISS). A diferencia de COTS, destinado al desarrollo y demostración de la capacidad, el nuevo contrato Commercial Resupply Services suponía directamente la compra de misiones de transporte.

Del Falcon 1 a una nueva forma de llegar al espacio
El Falcon 1 realizó solamente cinco vuelos y se retiró después de una última misión exitosa en 2009. Pero a pesar de su corta actuación, este ejemplar ya había cumplido una función fundamental: permitió a SpaceX adquirir experiencia construyendo motores, estructuras, sistemas de guiado y vehículos orbitales con una organización mucho más pequeña que la de los grandes contratistas tradicionales. Parte de ese conocimiento pasó a la siguiente generación de lanzadores.
Al año siguiente, en junio de 2010, el primer Falcon 9 alcanzó la órbita. Seis meses después, en su segundo vuelo, lanzó la primera cápsula Dragon, que completó dos órbitas y regresó a la Tierra, convirtiendo a SpaceX en la primera compañía comercial en recuperar una nave espacial después de un vuelo orbital.
En mayo de 2012 llegó el siguiente paso. Dragon voló hasta la Estación Espacial Internacional y completó la demostración final del programa COTS. A partir de entonces comenzaron las misiones regulares de abastecimiento contratadas por NASA.
La colaboración se extendería después al transporte de astronautas. NASA impulsó una nueva serie de programas comerciales para desarrollar sistemas tripulados y SpaceX evolucionó a la cápsula de carga Dragon hasta la actual Crew Dragon, que puede transportar a una tripulación. En mayo de 2020, la misión Demo-2 transportó a los astronautas Doug Hurley y Bob Behnken hacia la estación y restableció la capacidad de Estados Unidos de enviar personas a órbita desde su propio territorio, perdida desde el último vuelo del transbordador espacial en 2011. Para esas misiones SpaceX pasó además a operar desde la histórica plataforma 39A del Centro Espacial Kennedy, utilizada décadas antes por los cohetes lunares Saturn V y los transbordadores.
En paralelo, la empresa siguió transformando el Falcon 9. En diciembre de 2015 consiguió por primera vez recuperar en tierra una primera etapa después de una misión orbital. Y en marzo de 2017 volvió a lanzar un propulsor que ya había volado. La reutilización dejó entonces de ser solamente una propuesta de diseño y comenzó a incorporarse a las operaciones regulares de la compañía. Después llegarían Falcon Heavy, la expansión de Starlink y el desarrollo de Starship.

Visto en perspectiva, el Falcon 1 no fue el vehículo que convirtió por sí solo a SpaceX en la empresa actual. Fue la primera demostración de que una compañía fundada apenas seis años antes podía diseñar un lanzador de combustible líquido y llevarlo hasta la órbita. El salto posterior se produjo con Falcon 9 y Dragon y estuvo estrechamente relacionado con una transformación que también ocurría dentro de NASA: pasar de desarrollar y operar directamente todos sus sistemas de transporte a contratar determinados servicios a empresas comerciales.
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