Los cohetes reutilizables son lanzadores pensados para recuperar y volver a volar, total o parcialmente, las partes más caras del vehículo. En general, eso incluye la primera etapa o booster y, en algunos conceptos más ambiciosos, también la segunda etapa. La idea es que si en vez de construir un cohete nuevo para cada misión se puede reutilizar hardware, el costo por lanzamiento baja y la cadencia sube.
Sin embargo, detrás del concepto hay un cambio industrial. La reutilización no implica solo control y guiado para aterrizar un cohete como se estaciona un vehículo: hay que diseñarlo para soportar reentrada, frenado aerodinámico, encendido múltiple, aterrizaje propulsivo y una serie de verificaciones rápidas para poder volver al circuito. Este ciclo resulta más complejo de lo que parece, y ha abierto en los últimos años una de las disputas espaciales más importantes de la era moderna: la carrera por la reutilización.
SpaceX: del superpesado al caballo de batalla
El Starship de SpaceX es el proyecto más extremo de reutilización. Se trata de un sistema superpesado de 123 metros de altura y 39 motores Raptor, capaz de mover cargas del orden de los 100.000 kg, con una arquitectura distinta a la de los cohetes medianos. Su programa avanza por vuelos de prueba que buscan madurar, paso a paso, la recuperación del booster y el retorno controlado de la etapa superior. Esta envergadura, sin embargo, esta fuera de escala: el objetivo de este megacohete apunta la conquista lunar y de Marte, además del despliegue de megaconstelaciones satelitales.

Más allá del Starship, que avanza a paso estable, SpaceX ya ha consolidado al Falcon 9 como su “caballo de batalla”. Con una altura de 70 metros y una capacidad máxima de carga de 22.800 kg a órbita terrestre baja (LEO), suma más de 600 despegues a la fecha. Este vector se lanza principalmente desde Cabo Cañaveral, en Florida, y Vandenberg, en California, y opera tanto misiones exclusivas como rideshare.
Además, la compañía de Elon Musk también cuenta con el Falcon Heavy, que escala esa arquitectura a cargas más pesadas. Mide 73 metros de altura, cuenta con una capacidad de carga hasta 63.800 kg a LEO, y es reutilizable parcialmente. Normalmente recupera los dos boosters laterales, mientras que el core central depende del perfil de la misión.

Estados unidos apunta a la clase media orbital
En la otra vereda de Estados Unidos, se ubican una serie de empresas comerciales que están intentando la reutilización, pero todavía no la han consolidado. Encabeza la lista New Glenn, la apuesta de Blue Origin, que apunta a recuperar su primera etapa y reutilizarla varias veces. A fines de 2025, la empresa logró un hito clave al recuperar y aterrizar el booster en una plataforma en el mar, y ya prepara vuelos que incluyen reutilización de un booster previamente volado.

En paralelo, se desarrolla el segmento medio de acceso al espacio reutilizable. Neutron, de Rocket Lab, busca competir en misiones comerciales y gubernamentales con una primera etapa reutilizable y un diseño operativo propio. El vector tendrá una altura de 43 metros y una capacidad de carga de hasta 15.000 kg a LEO en su versión expansible. Por ahora, su desarrollo atraviesa la fase típica de ensayos estructurales y calificación de subsistemas antes del debut.
También aparecen apuestas de tamaño medio como Eclipse, un desarrollo de Firefly Aerospace y Northrop Grumman en conjunto, que plantea recuperación de primera etapa con retorno y aterrizaje propulsivo (RTLS). El lanzador tendrá 59 metros de altura y una capacidad de carga de hasta 16.300 kg a LEO según configuración.
Y, desde el lado más conservador, United Launch Alliance (ULA) desarrolla SMART para su cohete Vulcan. Es un concepto que no busca recuperar toda la primera etapa, sino únicamente el módulo de motores, mediante protección térmica inflable y recuperación posterior. Su objetivo es recortar costos sin rediseñar el vehículo en modo aterrizaje propulsivo.

China vive un “boom” de reutilización con varios caminos en paralelo
China hoy combina programas estatales y una escena comercial muy activa. En el frente institucional aparecen variantes de la familia Long March vinculadas a intentos de recuperación. La más reciente y de mayor despliegue fue el Long March 12A, que realizó un primer intento de recuperación por aterrizaje a fines de 2025, aunque sin éxito en esa primera prueba. El vector cuenta con 70 metros de altura y una capacidad de carga de hasta 9.000 kg a LEO, con mayor porte para misiones no reutilizables. Esta familia de lanzadores es desarrollada por el conglomerado estatal CASC (China Aerospace Science and Technology Corporation).
En el sector privado, LandSpace desarrolla el Zhuque-3, un lanzador de metano con foco explícito en reutilización. El lanzador 76 metros de altura y una capacidad de carga de hasta 21.300 kg, y también fue probado en vuelo a fines de 2025, pero sin éxito para la recuperación. De cualquier forma, la empresa apunta a lograr recuperación exitosa del booster hacia mediados de 2026.

Al mismo tiempo, otras compañías compiten por llegar a la recuperación operativa con arquitecturas parecidas y cronogramas agresivos. Se destacan el Tianlong-3, de Space Pioneer, con 72 metros de altura y hasta 22.000 kg de capacidad de carga; y, en menor escala, Nebula-1, de Deep Blue Aerospace, de 35 metros y 2.000 kg de capaciodad de carga. En general, la mayor actividad está alrededor de pruebas estáticas y campañas de verificación.
Por su parte, el segmento mediano aparece Kinetica-2, del conglomerado espacial CAS Space. Este vector tiene 52 metros de altitud y capacidad máxima de 12.000 kg, con planes de vuelos iniciales y una hoja de ruta donde la reutilización puede llegar en variantes futuras.

Europa impulsa demostradores para aprender a reutilizar
Europa todavía está en fase de demostradores, pero con programas cada vez más visibles. Themis, desarrollado en conjunto por la Agencia Espacial Europea (ESA), ArianeGroup y la agencia espacial francesa (Centre national d’études spatiales, CNES) es el banco de pruebas europeo para tecnologías de recuperación y reutilización de una primera etapa. Tiene una altura de 28 metros, capacidad máxima de carga de 2.000 kg y está impulsado por el motor Prometheus. Entre su milestone, se publicaron integraciones y preparativos en Esrange, Suecia, para ensayos que validen control, encendido, guiado y aterrizaje.
En la misma familia conceptual, CALLISTO es un demostrador más pequeño de 13 metros de altura, cooperativo entre CNES, la agencia alemana (Deutsches Zentrum für Luft- und Raumfahrt eV, DLR) y la Japan Aerospace Exploration Agency (JAXA). Está orientado a madurar tecnologías y operaciones, con su primera campaña esperada para 2027.
En paralelo, Europa empieza a sumar iniciativas comerciales con reutilización parcial. Un caso relevante es Miura 5, de PLD Space, con una primera etapa reutilizable. Tiene 35 metros de altura y más de 500 kg de máxima capacidad de carga. En particular, este febrero se anuncio un acuerdo para una misión privada española prevista para 2027 usando Miura 5.

La carrera por la reutilización y el trasfondo global
La reutilización se volvió fundamental en el ecosistema espacial porque la industria ha solucionado la mitad de la ecuación: la fabricación satelital en serie. Ahora, solo queda solucionar una puesta en órbita que reduzca el costo total por kilo y mejore la disponibilidad de lanzamiento. Pero, para eso hace falta dominar tres ejes del acceso al espacio a la vez.
El primero es la aerotermodinámica y estructuras: que los vehículos soporten las cargas y calentamiento de reentrada. El segundo es propulsión y control: la capacidad de reencender motores, modular empuje, maniobrar con precisión y aterrizar suavemente. El tercero, las operaciones, es el que define el negocio: un cohete que aterriza pero tarda meses en volver a volar no cambia el mercado, por lo que se requiere inspección, reparación y logística, y todo con un buen ritmo comercial.
Por eso la competencia no la gana quien aterriza primero, sino quién convierte el aterrizaje en una rutina industrial. Estados Unidos va a la cabeza por volumen y diversidad de actores, pero China acelera con múltiples empresas y respaldo estratégico. Europa, por su parte, construye el músculo tecnológico con demostradores. Y el resto del mundo empieza a armar programas para no llegar tarde.
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