El primer lunes de mayo, como es tradición, el Museo Metropolitano de Nueva York se llenó de celebridades para festejar su exposición de moda anual, recaudar fondos para el mismo y festejar la gala más importante de moda y arte. Pero este año, la Met Gala se convirtió en algo más que una celebración, pasó a ser una protesta política contra el multimillonario Jeff Bezos. Las protestas contra Jeff Bezos no sólo cuestionan su presencia, sino su nuevo rol como “dueño” del evento. A diferencia de otros años, donde solo era un invitado VIP, en 2026 Bezos y su mujer, Lauren Sánchez, fueron nombrados Honorary Chairs (presidentes honorarios) y patrocinadores principales tras una donación estimada en US$ 15 millones.

Qué pasa con Bezos
Jeff Bezos es el fundador de Amazon y uno de los empresarios más influyentes del mundo, cuya fortuna lo sitúa consistentemente entre las tres personas más ricas del planeta. A través de su firma de inversión, Bezos Expeditions, controla un ecosistema que abarca desde la infraestructura digital con Amazon Web Services (AWS) hasta la exploración aeroespacial con Blue Origin y los medios de comunicación con The Washington Post. Su modelo de negocio se basa en la innovación constante y la diversificación agresiva, logrando transformar por completo el comercio electrónico y la logística global. Bezos resulta siempre sujeto protagonista de críticas y tensiones, desde el ámbito tecnológico, político y social.
La última polémica surge entorno a la MET Gala 2026, puesto que el hecho de que Jeff Bezos sea patrocinador principal y Honorary Chair. Esto ha sido visto por algunos artistas y activistas como un intento de comprar la legitimidad cultural del evento, evidenciando la creciente fricción entre el poder corporativo de las Big Tech. Son varias los reclamos que se le hacen al fundador de Amazon, entre los que se incluyen:
Las “botellas de orina” contra Amazon
El símbolo más fuerte de la protesta fue la acción del grupo activista “Everyone Hates Elon”, que colocó casi 300 botellas con orina falsa dentro y fuera del Museo Metropolitano. El reclamo es denunciar las constantes acusaciones contra Amazon sobre sus ritmos de trabajo inhumanos, donde los repartidores y empleados de depósitos han reportado tener que orinar en botellas por no tener tiempo para ir al baño. Esto resulta para los activistas como una contradicción obscena entre un hombre que gasta millones en una fiesta de disfraces mientras sus empleados denuncian condiciones de “explotación básica”.

Los despidos masivos en The Washington Post
A principios de 2026, la gestión de Jeff Bezos en The Washington Post, uno de los medios más influyentes de Norteamérica, alcanzó su punto de mayor tensión tras la orden de despedir a un tercio de la redacción, una medida que afectó profundamente la capacidad operativa del medio. Los gremios de periodistas denunciaron esta decisión como un acto de hipocresía corporativa, acusando al magnate de “apagar las luces” de la democracia al desmantelar secciones críticas bajo el argumento de una supuesta falta de fondos. Esta narrativa se volvió viral bajo el lema: “Democracy dies in darkness, and Bezos turned off the lights”, señalando la contradicción ética de un propietario que ejecuta recortes masivos en el periodismo de investigación mientras destina fortunas a la adquisición de propiedades de lujo y al patrocinio de eventos de élite como la Met Gala.
La compra de “legitimidad cultural”
La actual edición del evento ha desatado una ola de críticas por lo que expertos y activistas denominan la “gentrificación corporativa” de la Met Gala. Los especialistas sostienen que la ceremonia ha desplazado el diseño artístico para transformarse en la “Amazon Prime Gala”, una plataforma donde Jeff Bezos utiliza su patrimonio para ejecutar un “lavado de imagen” y asegurar un lugar en la élite cultural neoyorquina. Esta percepción de exceso llevó incluso al alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, a rechazar públicamente su invitación. El mandatario justificó su ausencia priorizando la crisis de asequibilidad de la ciudad y marcando una distancia política tajante frente a la ostentación del magnate tecnológico.
Palantir, ICE y el Gobierno
Otra rama de las protestas, que se vio en carteles en el metro de NY, recordó la tecnología que Amazon provee a agencias gubernamentales como ICE (Inmigración y Control de Aduanas). Los manifestantes tildaron a la gala como el evento “patrocinado por la firma que potencia las deportaciones”, lo que alejó a celebridades con perfiles más progresistas.
La controversia también se extiende a la infraestructura tecnológica que sostiene el poder de Amazon, vinculándola directamente con empresas de defensa y vigilancia como Palantir Technologies. Organizaciones de derechos civiles denuncian que la integración de la inteligencia artificial de Palantir con los servicios de nube de Amazon Web Services (AWS) potencia herramientas de control fronterizo y reconocimiento facial utilizadas por agencias gubernamentales.

En este contexto, el patrocinio de Bezos en la MET Gala es visto como una fachada estética para normalizar una alianza tecnológica que, según los manifestantes, prioriza los contratos militares y la vigilancia masiva sobre la privacidad ciudadana, consolidando un complejo industrial-digital que ahora busca dominar también el espacio cultural.
“No” al monopolio de Bezos
El boicot masivo y las protestas en las calles de Nueva York demuestran que el “capital de influencia” ya no se mide únicamente en dólares, sino en la coherencia ética entre el discurso público y las prácticas corporativas. Para la industria tecnológica, este episodio sirve como una advertencia: en una esfera digital cada vez más crítica, la ostentación del poder no puede ocultar las deficiencias en los derechos laborales ni el desmantelamiento de los pilares democráticos. La era en la que las Big Tech podían comprar legitimidad cultural mediante patrocinios parece haber llegado a su fin, dando paso a una exigencia de responsabilidad que ninguna alfombra roja, por más costosa que sea, puede silenciar.
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