A poco más de cuatro años luz del Sistema Solar se encuentra Proxima Centauri b, el planeta potencialmente habitable más cercano conocido. Su tamaño estimado es parecido al de la Tierra, probablemente posee una superficie rocosa y orbita dentro de la denominada zona habitable de su estrella, donde las temperaturas podrían permitir la presencia de agua líquida. Estas características lo convirtieron en uno de los principales candidatos para buscar condiciones aptas para la vida fuera del Sistema Solar.

Sin embargo, por ahora, no se trata de una “nueva Tierra” confirmada. Próxima b fue descubierto en 2016 por un equipo internacional que utilizó instrumentos del Observatorio Europeo Austral (ESO) en Chile. Actualmente, NASA estudia el planeta y lo considera un objetivo prioritario para futuras observaciones.
El planeta más cercano dentro de una zona habitable
Próxima Centauri b gira alrededor de Próxima Centauri, una enana roja que es la estrella más cercana al Sol. Se encuentra a apenas 0,048 unidades astronómicas de ella, unas 20 veces más cerca que la Tierra del Sol, y completa una órbita en solo 11,2 días. A pesar de esa distancia tan reducida, recibe una cantidad de energía compatible con temperaturas moderadas porque su estrella es mucho más pequeña, fría y débil que el Sol.
Esa posición es una de las principales razones que hacen que el planeta pueda ser potencialmente habitable. La zona habitable es la región alrededor de una estrella en la que un planeta podría mantener agua líquida sobre su superficie, siempre que disponga de una atmósfera adecuada: no está demasiado cerca de la estrella como para que el calor capaz de evaporar el agua del mundo, ni está demasiado lejos como para ser un mundo frío y congelado. Sin embargo, estar dentro de esa franja no demuestra que Próxima Centauri b tenga océanos, aire respirable ni vida, sino que indica que reúne una de las condiciones básicas para que puedan existir.
Los datos disponibles indican que Próxima b tiene una masa cercana a la terrestre. No obstante, los astrónomos todavía desconocen con precisión su composición, su temperatura superficial y el estado de su atmósfera. Como el planeta no pasa regularmente frente a su estrella desde nuestra perspectiva, resulta difícil estudiar directamente los gases que podrían rodearlo.
El principal problema: la propia Próxima Centauri
Un problema es que las enanas rojas pueden producir intensas llamaradas y grandes emisiones de radiación ultravioleta y rayos X. Modelos elaborados por científicos vinculados con la NASA indican que una atmósfera similar a la terrestre, ante la presencia de una enana roja, podría erosionarse mucho más rápido que en nuestro planeta. Sin una protección atmosférica o magnética suficiente, la superficie estaría expuesta a niveles de radiación incompatibles con la vida humana.
También existe una barrera más inmediata que la radiación, y es la distancia. Aunque Próxima b es nuestro vecino planetario más cercano, llegar hasta allí con la tecnología espacial actual demandaría miles de años. Incluso una nave capaz de viajar al 20% de la velocidad de la luz tardaría más de dos décadas, sin contar la aceleración, el frenado ni los enormes desafíos de mantener con vida a una tripulación durante el trayecto.
De esta forma, Próxima Centauri b no es, por ahora, una salida de emergencia para la humanidad. Es el laboratorio natural más cercano para investigar si un planeta rocoso ubicado en una zona habitable puede conservar una atmósfera y reunir condiciones para la vida.
Antes de pensar en colonizarlo, será necesario determinar si realmente posee aire, agua y una superficie estable. La “nueva Tierra” más próxima todavía podría ser un mundo hostil, pero también representa nuestra mejor oportunidad cercana para comprobar hasta qué punto la Tierra es excepcional.
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