Estados Unidos avanza con el Golden Dome, el ambicioso sistema de defensa aérea nacional o escudo antimisiles, mientras enfrenta problemas de financiamiento: el programa podría comenzar a frenarse a partir de octubre si el Congreso no garantiza nuevos fondos. Así lo advirtió Michael Guetlein, general de la Fuerza Espacial y director del proyecto, durante el Space and Missile Defense Symposium celebrado en Huntsville, Alabama. El problema es que el Pentágono pretende destinar US$ 17.500 millones al Golden Dome durante el año fiscal 2027, pero solo 400 millones están incluidos en el presupuesto base solicitado. La mayor parte de la inversión depende de un paquete adicional de financiamiento cuya aprobación no está asegurada. “Sin financiamiento continuo, Golden Dome se detendrá con todo lo que ya hemos construido y entregado”, señaló Guetlein.

El Golden Dome no está en cero: Estados Unidos ya recibió US$ 25.000 millones de financiamiento inicial a través de la legislación presupuestaria aprobada en 2025. Según Guetlein, alrededor del 90% de ese desembolso ya se formalizó mediante un contrato, y el 95% ya está comprometido para diferentes actividades. Sin embargo, el nuevo año fiscal estadounidense comienza el 1 de octubre, por lo que la ausencia de una nueva partida podría impedir continuar algunas líneas de desarrollo cuando se agoten esos recursos.
Actualmente, el Pentágono analiza alternativas para mantener algunos proyectos utilizando presupuestos propios de las fuerzas, especialmente en capacidades espaciales que también forman parte de otros programas de la Fuerza Espacial, pero todavía no se tomó una decisión. Al mismo tiempo, el 11 de agosto se presentó el Golden Dome for America Ecosystem Hub, una plataforma que conecta al programa con grandes contratistas, empresas tecnológicas, startups, universidades, laboratorios y fondos de inversión. Su objetivo sería acelerar la incorporación de nuevas soluciones, lo que no será posible si no se destinan nuevos fondos.
Un sistema de defensa antimisiles de lo más completo y avanzado
El Golden Dome es un escudo de defensa basado en una compleja arquitectura integrada por sensores, comunicaciones, centros de mando y diferentes tipos de armas. Su filosofía elemental es detectar una amenaza, seguirla y tratar de destruirla en las distintas etapas de su trayectoria.
En particular, Estados Unidos planea que buena parte de esa capacidad dependa del espacio, a través de nuevas constelaciones de satélites que tengan capacidades para detectar la firma térmica de los misiles durante el lanzamiento. Ejemplares con estas características podrían seguir objetivos muy difíciles de rastrear utilizando solamente sensores convencionales, entre ellos misiles hipersónicos que pueden maniobrar durante el vuelo.
Entre las tecnologías que EE.UU. intenta acelerar, el eje digital se encuentra liderado fundamentalmente por el Hypersonic and Ballistic Tracking Space Sensor (HBTSS), nuevas redes de transmisión de datos y otros sistemas de seguimiento desde órbita. Las observaciones y datos que capten los satélites y otros sensores, para traducirse en información operativa, tendrá que combinarse, mediante una arquitectura común de mando y control, para determinar la trayectoria del blanco y seleccionar el interceptor más apropiado.
En tierra, Golden Dome incorporaría y ampliaría sistemas existentes como Ground-Based Midcourse Defense (GMD), que intercepta misiles balísticos intercontinentales (ICBM) durante la fase media de su vuelo, cuando el vehículo y posibles señuelos están viajando a gran velocidad por el espacio; el THAAD (Terminal High Altitude Area Defense), que intercepta misiles balísticos de menor alcance, principalmente durante la fase terminal a gran altitud; el Patriot, que se encarga de la última capa de defensa, a menor altura y más cerca del objetivo protegido; y el Aegis, un sistema de combate naval integrado que permite que permite que destructores y otros buques equipados participen en la defensa antimisiles.
Además, Estados Unidos trabaja sobre el futuro Next Generation Interceptor (NGI), un nuevo sistema estadounidense que modernizará y formará parte del GMS, interceptando misiles balísticos intercontinentales (ICBM) durante la fase media de su trayectoria, y nuevos radares.
En paralelo, el concepto del escudo contempla desarrollar satélites que transporten a la órbita interceptores, para poder desplegarlos desde el espacio y atacar determinados misiles durante fases tempranas de vuelo. También evalúa el desarrollo de tecnologías no cinéticas y, eventualmente, armas de energía dirigida.
De esta manera, el principal desafío consiste en que todos esos componentes registren e intercambien información en tiempo real, que pueda ser analizada y derive en una decisión rápida de respuesta. Frente a un misil que viaja a varios kilómetros por segundo, incluso pequeños retrasos en la detección, transmisión de datos o decisión de disparo pueden reducir la posibilidad de interceptarlo.

Un programa extremadamente ambicioso
De todas, la parte espacial es uno de los elementos más ambiciosos y técnicamente complejos del proyecto. Según el propio Guetlein, los interceptores espaciales son el componente de mayor riesgo del proyecto, fundamentalmente debido al costo y a la escala que requeriría desplegarlos. Uno de los principales problemas es que, para interceptar desde la órbita un misil que parte desde cualquier lugar del mundo, se requerirían miles de vehículos. La idea es que, para garantizar que haya interceptores correctamente posicionados cuando se produzca un lanzamiento, se debe tener una cantidad de satélites suficiente como para que haya varios cubriendo todas las regiones del planeta.
La arquitectura debería ser similar al sistema de comunicaciones Starlink de SpaceX: se debe cargar el espacio con tantos vehículos como para que, cuando un satélite se aleje de una zona de cobertura, haya otros nuevos ingresando para relevar el servicio. Además, también se requieren cientos de sensores espaciales que puedan detectar las amenazas, y una red que distribuya la información con muy baja latencia.
El Pentágono también estudia el uso de inteligencia artificial y armas de energía dirigida para reducir el costo de cada intercepción y aumentar la cantidad de amenazas que el sistema podría enfrentar simultáneamente.
En marzo de 2026, Guetlein elevó de US$ 175.000 a 185.000 millones la estimación oficial necesaria para desarrollar la “arquitectura objetivo” durante la próxima década, principalmente para acelerar capacidades espaciales. Esa cifra, sin embargo, no representa el costo total que tendría operar y mantener un escudo nacional durante décadas. La Oficina de Presupuesto del Congreso estimó en mayo que una arquitectura hipotética con capacidades equivalentes a las solicitadas para Golden Dome podría alcanzar US$ 1,2 billones durante 20 años.
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