El Gobierno Nacional puso en marcha un programa en el que invertirá casi US$ 22 millones para conectar mediante Starlink a 6.000 escuelas, ubicadas principalmente en zonas rurales y de difícil acceso. La decisión supone recurrir a una red privada y extranjera en lugar de priorizar el uso de los satélites geoestacionarios de telecomunicaciones argentinos, ARSAT-1 y ARSAT-2, y cubrir la necesidad con recursos nacionales y operativos. El Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM) aprobó la iniciativa, que contempla un esquema de tres años y movilizará US$ 21,876 millones. La tecnología desarrollada por SpaceX representa hoy una de las soluciones más avanzadas disponibles para llevar internet de alta velocidad a lugares donde no existe infraestructura terrestre, pero la decisión vuelve a abrir una discusión más profunda. Por qué la Argentina destina recursos a una plataforma extranjera mientras mantiene en funcionamiento sus propios satélites de telecomunicaciones y posee un nuevo sistema nacional en desarrollo?

El proyecto se formalizó mediante la Resolución 663/2026, firmada el 24 de julio. Del total asignado, US$ 9,978 millones corresponden a una “donación con cargo” de Starlink Argentina al Fondo del Servicio Universal y estarán destinados a los 6.000 kits, sus accesorios y los primeros 24 meses de conectividad. Otros US$ 11,898 millones provendrán del propio Fondo del Servicio Universal y financiarán la instalación de los equipos, la gestión del servicio y de incidentes, la atención técnica, una plataforma para controlar y monitorear las conexiones y otros 12 meses de internet. De esta manera, el programa cubrirá tres años completos. Una vez cumplidos los 36 meses, las provincias o municipios que adhieran deberán asumir la continuidad del servicio.
La resolución, además, no expone un proceso competitivo previo en el que ARSAT u otros operadores pudieran presentar alternativas técnicas y económicas para las mismas escuelas.
¿Por qué Starlink sobre ARSAT?
Starlink utiliza una constelación de miles de satélites en órbita terrestre baja, una arquitectura que le permite ofrecer velocidades elevadas y latencias inferiores a las de los sistemas geoestacionarios. Esa diferencia representa una ventaja para aplicaciones que requieren interacción en tiempo real y, especialmente, para establecimientos en los que numerosos usuarios necesitan conectarse de manera simultánea.
Los satélites argentinos ARSAT-1 y ARSAT-2, por su parte, se encuentran en órbita geoestacionaria, a 36.000 kilómetros de altura, y actualmente permiten prestar servicios de internet y datos mediante redes VSAT –pequeñas antenas parabólicas terrestres– en zonas alejadas del territorio argentino. Según explicó Ezequiel Mc Govern, responsable de Innovación de ARSAT, las conexiones que la empresa brinda actualmente a escuelas rurales alcanzan entre 3 y 5 Mbps.
Esa una capacidad inferior a la de Starlink y puede resultar limitada para realizar, por ejemplo, videollamadas en simultáneo u otras aplicaciones intensivas en datos. Sin embargo, resulta más que suficiente para múltiples tareas básicas de conectividad, como navegación web, correo electrónico, plataformas educativas, trámites administrativos y acceso a documentación.
La diferencia tecnológica, por lo tanto, existe, pero no implica que las escuelas rurales necesiten una conexión de las prestaciones de Starlink, o que las prestaciones que puede ofrecer ARSAT no sean suficientes. La cuestión central es determinar qué capacidad requiere realmente cada establecimiento y si parte de esas necesidades podía ser cubierta mediante la infraestructura satelital argentina ya disponible.
Ese análisis adquiere especial relevancia porque ARSAT continúa ofreciendo conectividad satelital en todo el territorio y mantiene actualmente conectadas a alrededor de 1.845 escuelas, unas 1.500 de ellas mediante el ARSAT-1. En este contexto, si la Argentina dispone de satélites propios, infraestructura terrestre, personal técnico y un servicio que ya funciona en establecimientos educativos, destinar casi US$ 22 millones a una plataforma extranjera que cumpliría la misma función deja de ser una decisión educativa, tecnológica o estratégica y pasa a ser una decisión política sobre qué sistema se elige sostener y cuál se decide relegar.

Los servicios que presta ARSAT
Los satélites ARSAT-1 y ARSAT-2 continúan operativos en la órbita geoestacionaria desde las posiciones orbitales argentinas de 72° y 81° Oeste y prestan servicios de telecomunicaciones sobre el territorio nacional y buena parte del continente americano. ARSAT ofrece actualmente capacidad satelital, enlaces de datos, redes VSAT y conectividad destinada a zonas rurales y lugares donde no resulta posible llegar mediante infraestructura terrestre.
Según la propia empresa, además de brindar actualmente conectividad satelital a unas 1.845 escuelas, también coordina la conexión terrestre de alrededor de 11.000 establecimientos a través de operadores vinculados con la Red Federal de Fibra Óptica (REFEFO). ARSAT señaló además que sus servicios escolares actuales cuestan entre US$ 60 y 70 mensuales, frente a una referencia de alrededor de US$ 160 para el servicio corporativo de Starlink, sin contar la nueva inversión necesaria en infraestructura.
El futuro satelital de la Argentina
ARSAT-1 se lanzó en 2014 y ARSAT-2 en 2015, y ambos se diseñaron con una vida útil nominal de 15 años, lo que situaba sus horizontes de operación en 2029 y 2030. Sin embargo, el ahorro de combustible durante su puesta en órbita y operación permitió extender las estimaciones hasta alrededor de 18 años, por lo que se espera que puedan prestar servicios hasta 2033.
Mientras tanto, Argentina se encuentra actualmente desarrollando el nuevo satélite geoestacionario de telecomunicaciones ARSAT-SG1, un ejemplar de nueva generación que reemplazará y/o complementará a los vigentes. Este nuevo orbitador utilizará tecnología HTS (High Throughput Satellite) y será el primero de la flota argentina en incorporar una carga útil en banda Ka. Su objetivo es ofrecer banda ancha de mayor capacidad en zonas rurales y de baja densidad de población, además de ampliar redes de operadores móviles y alcanzar potencialmente a más de 200.000 hogares de la Argentina y países vecinos.
Es así que el país dispone de dos satélites operativos y, al mismo tiempo, cuenta con un programa de renovación para ampliar o dar continuidad a esas capacidades en los próximos años.
En este contexto, la incorporación de Starlink en escuelas rurales permitiría aprovechar una tecnología que hoy posee ventajas indiscutibles, pero una política de conectividad de largo plazo no debería reducirse a contratar la mejor plataforma disponible en el mercado si la inversión no está justificada o si se puede cubrir la necesidad con recursos existentes, y fundamentalmente soberanos.
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