El programa Starship, desarrollado por SpaceX, representa el sistema de transporte espacial de mayor envergadura y capacidad de carga jamás construido. Concebido para habilitar misiones frecuentes a la superficie lunar y, a futuro, hacia Marte, el vehículo busca transformar la logística interplanetaria mediante la reducción drástica de costos por kilogramo orbitado. Esta arquitectura no solo constituye un pilar central del programa Artemis de la NASA para el retorno sustentable a la Luna, sino que también establece las bases técnicas para el transporte masivo de infraestructura, equipamiento científico y suministros necesarios para una presencia humana prolongada más allá de la Tierra.

Arquitectura vehicular y propulsión criogénica
El sistema completo se divide en dos etapas de acero inoxidable integradas verticalmente: el propulsor Super Heavy en la base y la nave espacial Starship en la parte superior. Con un diámetro de 9 metros y una altura conjunta que alcanza los 121 metros, la estructura utiliza como propelente una mezcla de metano líquido y oxígeno líquido (methalox). Esta combinación fue seleccionada por sus propiedades termodinámicas, su menor tendencia a generar holpujo o depósitos de hollín (sooting) en comparación con el queroseno, y la posibilidad teórica de ser sintetizada en la superficie marciana mediante la reacción de Sabatier.
La fuerza de empuje es generada por los motores Raptor, los cuales operan bajo un ciclo de combustión escalada de flujo completo (Full-Flow Staged Combustion), un esquema de alta eficiencia que maximiza la presión en la cámara de combustión y minimiza el estrés térmico en las turbobombas. El propulsor Super Heavy integra 33 motores Raptor para superar el pozo gravitatorio terrestre, mientras que la etapa superior Starship emplea una configuración mixta de motores optimizados para nivel del mar y motores con toberas expandidas para el vacío espacio-temporal, permitiendo una capacidad de carga útil superior a las 100 toneladas métricas hacia la órbita terrestre baja en su modalidad totalmente reutilizable.
Transferencia de propelente en órbita y versión HLS de la Starship a la Luna
Uno de los pilares técnicos clave de esta arquitectura es la transferencia de propelente en órbita (orbital refueling), un procedimiento logístico que permite reabastecer a la nave Starship en el espacio antes de emprender trayectorias de inyección trans-lunar o trans-marciana. Debido a la penalización de masa que impone la gravedad terrestre, despegar directamente con todo el combustible necesario para alcanzar la Luna o Marte limita severamente la carga útil. Mediante el lanzamiento previo de naves cisterna (tankers), el sistema transfiere los propelentes criogénicos a gravedad cero, rellenando los depósitos térmicamente aislados de la nave principal.
Para las operaciones lunares, la NASA adjudicó a SpaceX el contrato del Sistema de Aterrizaje Humano (Human Landing System o HLS), una variante optimizada de Starship diseñada específicamente para operar entre la órbita lunar y la superficie. Esta versión prescinde de los escudos térmicos de reentrada atmosférica y de las aletas aerodinámicas, e incorpora propulsores de maniobra de gran altitud para evitar la erosión del regolito lunar durante el alunizaje, sirviendo como módulo de descenso y hábitat temporal para los astronautas de las misiones Artemis III y Artemis IV.
Reutilización total y escalabilidad a Marte
El diferencial operativo fundamental de Starship radica en su diseño orientado a la reutilización rápida y completa de ambas etapas. Mientras que el propulsor Super Heavy realiza una maniobra de retropropulsión para regresar a la plataforma de lanzamiento y ser capturado en el aire por los brazos mecánicos de la torre de integración (Mechazilla), la etapa superior Starship utiliza un escudo térmico de losetas cerámicas y un perfil de reentrada aerodinámico sustentado por sus aletas móviles para desacelerar en la atmósfera superior antes de ejecutar su maniobra final de volteo y alunizaje o aterrizaje vertical.

Esta capacidad de reutilización tiene como objetivo reducir el intervalo entre lanzamientos y amortizar los costos de fabricación entre múltiples vuelos. Para la exploración marciana, el sistema aprovecha la densidad atmosférica de Marte para realizar una frenada aerodinámica (aerocaptura), reduciendo drásticamente el consumo de combustible previo al descenso. De este modo, la plataforma no solo pretende transportar personal y módulos de hábitat, sino también la maquinaria pesada indispensable para construir instalaciones de procesamiento de recursos in situ (ISRU), un paso técnico crítico para la sostenibilidad de misiones de larga duración.
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