La recuperación propulsiva de cohetes representa uno de los mayores cambios tecnológicos en la historia de la astronáutica. Durante más de seis décadas, los lanzadores fueron sistemas descartables: una vez cumplida su misión, sus etapas caían al océano o se destruían en la atmósfera. La posibilidad de recuperar esas etapas para volver a utilizarlas transformó el modelo económico de los lanzamientos espaciales y abrió el camino hacia operaciones mucho más frecuentes y de menor costo.
Hasta el momento, solo cinco familias de lanzadores han logrado recuperar exitosamente una primera etapa mediante un descenso propulsivo controlado. El camino comenzó con SpaceX en 2015 y, durante la última década, se fueron incorporando nuevos protagonistas con estrategias diferentes.

Falcon 9, el cohete que cambió la industria
Desarrollado por SpaceX, el Falcon 9 fue el primer lanzador orbital en recuperar con éxito su primera etapa. Su vuelo inaugural tuvo lugar en junio de 2010. Sin embargo, el hito llegó el 21 de diciembre de 2015, cuando una primera etapa regresó de forma controlada y aterrizó verticalmente en la zona de lanzamiento de Cabo Cañaveral. Dos años más tarde, SpaceX reutilizó por primera vez uno de esos boosters, demostrando que un cohete orbital podía volar varias veces con modificaciones mínimas.
El Falcon 9 es un lanzador de 70 metros de alto y dos etapas, impulsado por motores nueve Merlin, alimentados con queroseno refinado (RP-1) y oxígeno líquido. En su versión actual puede colocar 22,8 toneladas en órbita baja terrestre cuando se utiliza en configuración descartable y cerca de 17 toneladas cuando recupera su primera etapa.
Además de misiones comerciales e institucionales, es el vehículo utilizado para transportar astronautas a la Estación Espacial Internacional (ISS) mediante la cápsula Dragon y desplegar la constelación Starlink. Con cientos de aterrizajes exitosos y boosters que ya superaron las veinte misiones, constituye hoy el sistema reutilizable más experimentado del mundo.

Falcon Heavy y los tres boosters trabajando en conjunto
El Falcon Heavy es el lanzador pesado de SpaceX, que realizó su primer vuelo en febrero de 2018. Su arquitectura combina tres primeras etapas derivadas del Falcon 9: un núcleo central, con dos boosters laterales unidos a sus costados. Esta configuración le permite colocar hasta 63,8 toneladas en órbita baja, convirtiéndolo en uno de los cohetes operativos con mayor capacidad de carga del mundo.
La reutilización del Falcon Heavy aprovecha la tecnología desarrollada para el Falcon 9. Los dos boosters laterales regresan a tierra mediante aterrizajes propulsivos casi simultáneos, mientras que el núcleo central continúa acelerando el vehículo durante más tiempo.
Debido a las mayores velocidades y exigencias térmicas, la recuperación del núcleo central es más compleja, y generalmente no se realiza. Más que introducir un nuevo sistema de recuperación, el Falcon Heavy demostró que la reutilización podía escalarse hacia lanzadores de mayor potencia. Hoy, sin embargo, es un cohete en poco uso, porque su capacidad suele exceder los requerimientos de las misiones actuales.

Starship, la apuesta por la reutilización total
La siguiente generación de SpaceX está representada por el sistema Starship, compuesto por el enorme propulsor Super Heavy y la nave Starship. El objetivo del programa es lograr un vehículo completamente reutilizable capaz de transportar grandes cargas y tripulaciones hacia la órbita terrestre, la Luna y Marte.
El primer vuelo integrado tuvo lugar en abril de 2023, iniciando un programa de ensayos iterativos que permitió validar progresivamente el descenso controlado del booster. En octubre de 2024, Super Heavy logró por primera vez regresar al sitio de lanzamiento y ser capturado por los brazos mecánicos de la torre de lanzamiento, conocidos como Mechazilla. Este sistema elimina las patas de aterrizaje y permite preparar rápidamente el vehículo para un nuevo vuelo.
Aunque Starship continúa en desarrollo y aún no alcanzó una reutilización operativa, el concepto representa un cambio de paradigma al buscar reutilizar tanto la primera como la segunda etapa de un lanzador orbital.

La entrada de Blue Origin al segmento orbital reutilizable
Después de años operando el vehículo suborbital New Shepard, la empresa estadounidense Blue Origin ingresó al mercado orbital con el New Glenn, cuyo primer lanzamiento se realizó en enero de 2025. Se trata de un lanzador pesado de dos etapas impulsado por siete motores BE-4 alimentados con gas natural licuado y oxígeno líquido.
El New Glenn puede transportar 45 toneladas a órbita baja terrestre y fue concebido para recuperar su primera etapa mediante aterrizajes propulsivos sobre una plataforma marítima. Si bien durante su vuelo inaugural tuvo un despegue exitoso, no logró recuperar el primer estadio. El hito, sin embargo, llegó en el segundo intento, cuando la primera etapa amerizó suavemente sobre la barcaza Jacklyn. En aquella misión, el cohete puso en una órbita de transferencia a las sondas ESCAPADE de la NASA, que partieron luego camino a Marte.
De esta forma, el New Glenn se convirtió en el segundo sistema orbital operativo, después del Falcon 9, en demostrar la capacidad de recuperación. El vehículo está orientado tanto a lanzamientos comerciales como a misiones institucionales para la NASA y el Departamento de Defensa de Estados Unidos.

Long March 10B, el ingreso de China a la reutilización orbital
El Long March 10B, desarrollado por la China Academy of Launch Vehicle Technology (CALT), realizó su primer vuelo en julio de 2026 y permitió a China incorporarse al reducido grupo de países capaces de recuperar una primera etapa orbital mediante propulsión propia. Diseñado como un lanzador reutilizable de nueva generación, puede colocar alrededor de 16 toneladas en órbita baja terrestre operando con recuperación.

La principal innovación del Long March 10B es su sistema de captura. En lugar de aterrizar sobre patas desplegables, la primera etapa desciende de forma controlada hasta una plataforma flotante. Allí, es capturada mediante una estructura compuesta por una gran red y ganchos. El objetivo es reducir el peso estructural del vehículo, aumentar la capacidad de carga útil y simplificar parte de su diseño.
Además de atender futuras necesidades comerciales, el programa constituye un banco de pruebas para tecnologías que podrían incorporarse al Long March 10 destinado a las misiones tripuladas lunares.
Tal vez te interese: China acelera la carrera contra Starlink de SpaceX: sigue agregando satélites a su constelación satelital Qianfan













