Northrop Grumman entregó 21 nuevos satélites militares a la Base de la Fuerza Espacial de Vandenberg, en California, desde donde se lanzarán a la órbita terrestre baja. Los ejemplares formarán parte de la Proliferated Warfighter Space Architecture (PWSA), una extensa constelación de satélites de Estados Unidos, que tiene como objetivo mejorar sus comunicaciones militares y distribuir información sobre amenazas en tiempo real. Esta fue la primera entrega de un total de 150 satélites que Northrop Grumman tiene contratados para fabricar dentro del programa.

¿Por qué desarrollar una constelación militar de satélites de órbita baja?
Dentro de la Fuerza Espacial de Estados Unidos, la PWSA es desarrollada por la Space Development Agency (SDA) y su idea principal es desarrollar una forma diferente de organizar los sistemas espaciales militares. Tradicionalmente, las comunicaciones militares espaciales dependían exclusivamente de grandes satélites ubicados en órbitas altas, entre ellas la órbita geoestacionaria, a unos 36.000 kilómetros de la Tierra. Desde allí, un solo satélite puede cubrir una región muy extensa y mantenerse siempre sobre la misma zona del planeta. El problema es que estos sistemas suelen ser grandes, costosos y relativamente pocos: si uno de ellos falla, es interferido o queda fuera de servicio, se pierde la capacidad que ofrecía. Y para reemplazarlos, el proceso del desarrollo, fabricación y lanzamiento de un nuevo ejemplar puede ser largo, complejo y caro.
En los últimos años empezaron a aparecer dos cambios importantes. Por un lado, el acceso al espacio se volvió más barato y comenzó a ser posible lanzar grandes cantidades de satélites pequeños a órbita baja, como demostró a gran escala la constelación satelital Starlink. Por otro, el espacio dejó de ser considerado un entorno completamente seguro. Hoy existen satélites capaces de maniobrar, acercarse a otros vehículos y realizar operaciones de proximidad, conocidas como RPO (Rendezvous and Proximity Operations), además de distintas tecnologías capaces de interferir o atacar sistemas espaciales. Esto hace que depender de unos pocos satélites muy valiosos sea más riesgoso.
La respuesta de la SDA es distribuir esas funciones entre muchos satélites más pequeños en órbita baja. La lógica es que si una red tiene cientos de satélites y algunos dejan de funcionar, el resto puede seguir prestando el servicio. Además, al estar mucho más cerca de la Tierra, las comunicaciones tienen menor demora y requieren menos potencia. En vez de tener unos pocos satélites fundamentales, se construye una red grande en la que la información puede buscar distintos caminos para llegar a destino. La propia SDA define este modelo como una arquitectura “proliferada”, justamente porque se basa en desplegar muchos satélites para ganar resiliencia.
La PWSA y su desarrollo por etapas
La PWSA se construye por etapas. A cada una de esas etapas la SDA la llama “tranche”, que puede entenderse como una tanda o generación de satélites que se incorpora a la red. La Tranche 1, por ejemplo, será la primera etapa de la constelación. Su objetivo será brindar capacidades operativas de forma regular y estará compuesta por 154 satélites: 126 destinados a transportar información y 28 a detectar y seguir misiles.
Los 21 satélites entregados ahora por Northrop Grumman forman parte de esa primera generación, como parte de la Transport Layer, la parte de la red encargada de mover información de un punto a otro. Para hacerlo, cada satélite cuenta con sistemas de comunicación por radio y también con enlaces ópticos, que utilizan láseres para conectarse con otros satélites. Esto permite que los datos puedan pasar directamente de un satélite a otro mientras están en órbita, sin tener que bajar siempre primero a una estación terrestre. De esta manera, la constelación funciona como una gran red de comunicaciones en el espacio, en la que la información puede recorrer distintos caminos hasta llegar a su destino.
La parte de la red encargada de la detección y seguimiento de misiles, en cambio, es la llamada Tracking Layer, y estará formada por satélites equipados con sensores infrarrojos que detecten el calor generado por los misiles durante su vuelo. Una vez que esos sensores identifican una amenaza, la Transport Layer puede distribuir rápidamente esa información hacia otros satélites, centros de mando o unidades militares. La idea es reducir el tiempo entre la detección de un misil y la llegada de esos datos a quienes deben seguirlo o responder frente a él.
Los nuevos ejemplares de Northrop también incorporan comunicaciones en banda Ka y terminales compatibles con Link 16, una red táctica utilizada por aviones, buques y fuerzas terrestres de Estados Unidos y sus aliados. El objetivo es que información obtenida en un lugar pueda llegar rápidamente a unidades ubicadas a miles de kilómetros. Al estar los satélites en órbita baja y conectados entre sí, la red busca reducir al mínimo el tiempo necesario para transmitir esos datos.
El rol de Northrop Grumann en la PWSA
Northrop Grumman tiene actualmente contratos para fabricar 116 satélites de transporte y otros 34 de seguimiento, un total de 150 vehículos destinados a distintas etapas de la PWSA. Esto hizo que la empresa tenga que adoptar una forma de producción distinta a la habitual, con una producción satelital en serie, para poder lanzar nuevas tandas de forma periódica e incorporar mejoras con cada nueva generación.
El despliegue de la Tranche 1 ya está en marcha. En septiembre de 2025, la SDA lanzó los primeros 21 satélites de transporte construidos por York Space Systems y, después de nuevos lanzamientos, en julio de 2026 ya había 63 satélites de esta capa en órbita. Cuando esta primera etapa esté completa, la red contará con 154 satélites capaces de transmitir información militar, mantener comunicaciones más allá de la línea de visión y apoyar el seguimiento de amenazas como misiles balísticos e hipersónicos. Los 21 satélites entregados ahora por Northrop Grumman son el siguiente grupo preparado para sumarse a esa red orbital.
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