Hay planetas donde un año dura menos que un día terrestre, otros donde las temperaturas pueden vaporizar metales y algunos que ni siquiera tienen una estrella a la cual llamar hogar. Aunque parecen imposibles, no son escenarios de ciencia ficción: son mundos reales detectados por astrónomos y estudiados con observatorios terrestres y misiones espaciales, entre ellas varias de la NASA.
Decir que “no deberían existir” es, por supuesto, una provocación. Ninguno viola las leyes de la física. Pero sus condiciones son tan extremas que ponen a prueba nuestra intuición —y en algunos casos nuestros modelos— sobre cómo pueden formarse y sobrevivir los planetas.
TrES-2 b: el planeta más oscuro conocido
A unos 750 años luz de la Tierra, TrES-2 b es un gigante gaseoso de aproximadamente 1,36 veces el radio de Júpiter. Pero lo extraordinario es que refleja menos del 1 % de la luz que recibe, convirtiéndolo en el planeta conocido más oscuro que orbita una estrella.
Este mundo fue descubierto en 2006 por el Trans-Atlantic Exoplanet Survey (TrES) mediante pequeños telescopios de unos 10 centímetros y el método de tránsito. Los datos de la misión Kepler permitieron medir en 2011 el mínimo brillo que refleja.
TrES-2 b está tan cerca de su estrella que completa una órbita en apenas 2,47 días. Con temperaturas elevadísimas, probablemente no sea completamente negro: los modelos permiten que emita un tenue resplandor rojizo producto de su propio calor.

HD 189733 b: el planeta donde puede “llover vidrio”
Desde lejos parece un hermoso planeta azul, pero HD 189733 b es cualquier cosa menos paradisíaco. Es un Júpiter caliente de aproximadamente 1,13 veces el radio de Júpiter, situado a unos 64 años luz, y tarda solamente 2,2 días en completar una órbita.
Su intenso color azul no proviene de océanos, sino de las partículas de silicato contenidas en su atmósfera. Allí, las temperaturas superan los 1.000 °C y los vientos pueden alcanzar varios miles de kilómetros por hora. Esos silicatos podrían condensarse formando partículas similares al vidrio y ser arrastrados casi horizontalmente por la atmósfera. No conocemos el tamaño de esas partículas, por lo que hablar de grandes “trozos de vidrio” sería exagerar lo que realmente sabemos.
Este mundo fue descubierto en 2005, cuando el equipo encabezado por François Bouchy lo detectó utilizando el espectrógrafo ELODIE, instalado en el telescopio de 1,93 metros del Observatorio de Haute-Provence, en Francia. Los tránsitos fueron observados con el telescopio de 1,20 metros del mismo observatorio.

WASP-12 b: el planeta con forma de huevo que está siendo devorado
WASP-12 b está a 1.200 años luz de la Tierra y tiene casi dos veces el radio de Júpiter. Está ubicado demasiado cerca de su estrella, a 0,023 unidades astronómicas, unos 3,5 millones de kilómetros. Es así que su «año», lo que tarda en dar una vuelta completa a esa estrella, dura apenas 1,1 días terrestres.
A esa distancia, la gravedad de la estrella produce enormes fuerzas de marea que deforman al gigante gaseoso hasta darle una forma parecida a un huevo o una pelota de rugby. La situación es todavía más extrema: parte de su material está escapando y cayendo hacia la estrella. NASA estima que, manteniéndose este proceso, el planeta podría terminar completamente consumido en unos 10 millones de años.
El proyecto SuperWASP, ubicado en el Observatorio del Roque de los Muchachos, en la isla La Palma, detectó por primera vez a WASP-12 b en 2008.

TOI-3757 b: el “planeta malvavisco”
Tiene aproximadamente el tamaño de Júpiter, pero una fracción de su masa. TOI-3757 b posee unas 85 masas terrestres, un radio de alrededor de 12 radios terrestres y una densidad de apenas 0,27 gramos por centímetro cúbico. Es 4 veces menos denso que el agua.
Esa combinación lo convierte en uno de los gigantes gaseosos más “liviano” que conocemos, de ahí el apodo de “planeta malvavisco”. Su existencia es particularmente interesante porque los gigantes gaseosos son relativamente poco comunes alrededor de estrellas enanas rojas.
Su descrubrimiento es reciente, de 2022. Un equipo encabezado por Shubham Kanodia lo encontró utilizando datos del satélite TESS de la NASA. La existencia y masa del planeta fueron confirmadas mediante velocidades radiales con los instrumentos HPF, instalado en el Hobby-Eberly Telescope, y NEID.

PSO J318.5−22: el mundo que vaga solo por el espacio
Este objeto es diferente a casi todos los demás de la lista: no orbita ninguna estrella. PSO J318.5−22 se desplaza libremente por el espacio, a unos 80 años luz de la Tierra, y posee aproximadamente seis veces la masa de Júpiter.
Además, es extremadamente joven: tiene aproximadamente 12 millones de años. Todavía conserva gran cantidad del calor generado durante su formación, por lo que puede detectarse en el infrarrojo incluso sin recibir luz de una estrella cercana. Científicamente suele describirse con cautela como un objeto de masa planetaria flotante, ya que no sabemos con certeza si se formó como un planeta y posteriormente fue expulsado de su sistema o si nació aislado.
Fue observado por primera vez en 2013, identificado por el equipo dirigido por Michael Liu, de la Universidad de Hawái, utilizando el telescopio de rastreo Pan-STARRS1 (PS1) en Haleakalā, Maui. Después fue estudiado con IRTF, Gemini, UKIRT y CFHT.

KELT-9 b: un planeta más caliente que muchas estrellas
KELT-9 b lleva el concepto de “planeta caliente” a otro nivel. Su hemisferio diurno alcanza alrededor de 4.300 °C, una temperatura superior a la superficie de muchas estrellas de baja masa. En contraste, nuestro Sol se encuentra a 5.500 °C.
Es un gigante de casi tres masas de Júpiter que tarda alrededor de 36 horas en completar una órbita. La radiación que recibe es tan intensa que puede romper moléculas en sus átomos constituyentes y está favoreciendo la pérdida de su propia atmósfera.
Fue descubierto en 2017, por el equipo encabezado por Scott Gaudi. La señal había sido observada en 2016 con KELT-North, uno de los telescopios del proyecto Kilodegree Extremely Little Telescope, instalado en el Winer Observatory de Arizona.

55 Cancri e: un mundo cubierto de roca fundida
A “solo” 41 años luz, 55 Cancri e es una supertierra de aproximadamente 1,9 veces el radio terrestre y cerca de ocho veces la masa de nuestro planeta.
Se encuentra a apenas 2,3 millones de kilómetros de su estrella y completa una órbita en menos de 18 horas. NASA ha medido temperaturas diurnas que llegan a unos 2.400–2.700 °C, suficientes para mantener grandes cantidades de roca fundida. Observaciones recientes del telescopio James Webb indican además que podría poseer una atmósfera rica en dióxido o monóxido de carbono que emerge del océano de magma.
El equipo de Barbara McArthur, de la Universidad de Texas, lo descubrió en 2004. Utilizó más de cien observaciones realizadas con el Hobby-Eberly Telescope del Observatorio McDonald y las combinó con datos del Observatorio Lick y del telescopio espacial Hubble.

WASP-76 b: el planeta donde podría llover hierro
En WASP-76 b, la diferencia entre “día” y “noche” es literalmente metalúrgica. Es un gigante de aproximadamente 1,85 veces el radio de Júpiter que completa una órbita cada 1,81 días.
El planeta está bloqueado por marea, de modo que una cara permanece siempre mirando hacia su estrella. En el lado diurno la temperatura supera los 2.400 °C, suficiente para vaporizar hierro. Poderosos vientos transportan ese vapor hacia el lado nocturno, donde las temperaturas descienden hasta unos 1.500 °C y el hierro puede condensarse en forma de gotas. De ahí la espectacular idea de que allí “llueve hierro”.
Fe anunciado en 2016 por Richard West y colaboradores, a partir de observaciones del programa SuperWASP. La evidencia que dio origen a la famosa “lluvia de hierro” llegó después, en 2020, gracias al espectrógrafo ESPRESSO instalado en el Very Large Telescope (VLT) de ESO, en Chile.

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