Estados Unidos comenzó a utilizar de forma operativa un arma láser para derribar drones en la frontera con México y, menos de dos semanas después de su debut, el Ejército asegura que la actividad de estos vehículos cayó alrededor de un 75% en el Valle del Río Grande. El sistema anti-dron se empleó por primera vez durante las noches del 25 y 26 de agosto y destruyó tres drones presuntamente vinculados con organizaciones criminales. Desde entonces, la cifra ascendió a 11 vehículos derribados en apenas diez días. Mientras tanto, las fuerzas desplegadas en la zona registraron una gran reducción de los vuelos utilizados para vigilar la frontera.

Según CBS News, oficiales militares confirmaron la cifra del 75%, que se refiere específicamente a los drones detectados en el Valle del Río Grande, uno de los sectores más activos de la frontera entre Estados Unidos y México. Si bien el Ejército reconoció que también pueden existir otras explicaciones, como un cambio de rutas por parte de los grupos criminales, sostiene que la aparición del láser produjo una modificación significativa en la actividad observada.
Desde comienzos de 2026, las fuerzas estadounidenses detuvieron alrededor de 300 drones presuntamente relacionados con carteles. Sin embargo, hasta ahora la mayoría se neutralizaban mediante guerra electrónica, interfiriendo temporalmente sus comunicaciones para obligarlos a regresar a su punto de origen. La nueva capacidad agrega, en cambio, la posibilidad de dañar físicamente al sistema mediante energía dirigida.
El nuevo sistema láser anti-drones estadounidense
El equipo utilizado es el Army Multi-Purpose High Energy Laser (AMP-HEL), que consiste en un láser de la familia LOCUST de AeroVironment montado sobre un vehículo militar. El operador del sistema detecta y sigue el objetivo mediante cámaras y sensores, observa su posición en una pantalla y puede manejar el sistema de seguimiento utilizando incluso un control similar al de una consola Xbox. Una vez autorizado el disparo, el arma concentra un haz de energía sobre un punto preciso del aparato.
El láser no funciona como los haces luminosos visibles de la ficción. Aquí, la energía se transmite prácticamente de forma invisible y calienta rápidamente componentes del objetivo hasta producir una falla estructural o mecánica. Durante una demostración observada por CBS, el impacto dañó una hélice y provocó la caída del dron.

Armas láser vs. sistemas antiaéreos tradicionales
Los láseres surgieron como respuesta a una problemática común que surgió de la nueva tendencia hacia el uso de drones en los conflictos armados modernos. Derribar un pequeño dron con un misil genera una relación económica: los drones cuestan, como mucho, decenas de dólares, mientras que los misiles miles e incluso millones de dólares.
En el caso de Estados Unidos y México esa diferencia de costo es aún más marcada, porque los drones suelen ser dispositivos comerciales, baratos y modificados de forma casera. En la frontera, los carteles utilizan pequeños UAV principalmente para observar posiciones de fuerzas estadounidenses, patrullas y puntos de vigilancia, información que después puede emplearse para elegir rutas de tráfico de drogas o personas. Dentro de México, en cambio, organizaciones criminales también incorporaron drones para transportar explosivos. Entre 2021 y 2025 se han registrado 221 ataques de este tipo, con 77 muertos.
Para las fuerzas estadounidenses, el uso de láseres en lugar de armas de guerra electrónica trae fundamentalmente dos ventajas. Por un lado, destruir los drones en lugar de limitarse a interferirlos impide que el mismo aparato se use varias veces. Por el otro, baja el costo de la defensa ante otras alternativas cinéticas, porque los láseres utilizan principalmente electricidad. De esta manera, una vez adquirido e instalado el sistema, cada disparo tiene un costo marginal muy bajo y puede repetirse mientras exista energía disponible.
El Ejército estadounidense acaba además de dar un paso más en esa dirección. El 2 de septiembre adjudicó a AeroVironment un contrato de US$ 464,8 millones para producir decenas de sistemas LOCUST X3 de 30 kilovatios dentro del programa Enduring-High Energy Laser. Se trata del primer contrato de producción del Ejército estadounidense para un arma láser de alta energía, después de años de desarrollo mediante prototipos como los que ahora están siendo utilizados en la frontera.
Una nueva forma de disputar los conflictos modernos
Los láseres, sin embargo, no reemplazan por completo a otros sistemas antidrones porque también tienen algunas restricciones. Condiciones atmosféricas adversas como lluvia, niebla, vapor y polvo pueden degradar el haz y reducir la energía que finalmente alcanza el objetivo. Por otro lado, su empleo cerca de aeronaves civiles exige controles estrictos.
De hecho, el programa ya había generado preocupación en febrero, cuando la Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos cuestionó el uso de estos equipos en zonas próximas al tráfico aéreo. Después de nuevas pruebas en White Sands, el Departamento de Defensa y la FAA establecieron procedimientos para permitir operaciones dentro del espacio aéreo estadounidense, y los militares aseguran que actualmente coordinan cada empleo para evitar riesgos a la aviación civil.
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