La NASA prepara una misión de rescate para evitar que el telescopio espacial Swift pierda altura hasta reingresar en la atmósfera terrestre. El telescopio, lanzado en 2004, se encuentra en una órbita baja que comenzó a degradarse más rápido de lo previsto por el aumento de la actividad solar. La operación será realizada con una nave robótica de Katalyst Space Technologies y busca elevar a Swift hacia una órbita más segura para extender su vida científica.

Un especialista en la astronomía violenta
El Neil Gehrels Swift Observatory, más conocido simplemente como Swift, es uno de los instrumentos más importantes de la NASA para estudiar fenómenos violentos y repentinos del universo. Su especialidad son los estallidos de rayos gamma, explosiones extremadamente energéticas que ocurren en eventos como el colapso de estrellas masivas o la fusión de objetos compactos. También observa en luz visible, ultravioleta, rayos X y rayos gamma, lo que le permite detectar un evento y orientar rápidamente a otros telescopios para continuar el seguimiento.
El problema principal es que el observatorio no cuenta con un sistema de propulsión capaz de corregir su órbita. Como todo satélite en órbita baja, enfrenta una pequeña resistencia de la atmósfera superior. Esa resistencia suele ser débil, pero aumenta cuando la actividad solar calienta y expande las capas altas de la atmósfera, generando más arrastre sobre los satélites. En el caso de Swift, ese efecto aceleró su descenso. Para ganar tiempo, la NASA apagó sus instrumentos científicos en febrero y modificó la operación del observatorio con el objetivo de mantenerlo por encima de los 300 kilómetros, el límite mínimo para que la misión de rescate tenga posibilidades de éxito.
LINK al rescate
La maniobra estará a cargo de LINK, una nave robótica desarrollada por Katalyst Space Technologies. El lanzamiento está previsto no antes del 30 de junio desde el atolón Kwajalein, en las Islas Marshall, mediante un cohete Pegasus XL liberado desde el avión Stargazer de Northrop Grumman. Una vez en órbita, LINK deberá encontrarse con Swift, capturarlo con brazos robóticos y elevarlo gradualmente desde unos 360 kilómetros hasta aproximadamente 600 kilómetros de altura. La maniobra es compleja porque Swift no está diseñado para ser reparado ni sujetado por otra nave, por lo que el contacto debe realizarse sin dañar el observatorio.
Si la misión funciona, no solo permitirá recuperar un telescopio valuado en cientos de millones de dólares, sino que demostrará una capacidad fundamental en el espacio, denominada RPO (Rendezvous, Proximity Operations). Las maniobras de RPO son muy complejas porque son maniobras en donde dos naves o satélites se deben aproximar, vincular y realizar operaciones en conjunto mientras orbitan la Tierra a 28.000 km/h. En particular, las RPO son muy importantes para reparar, reposicionar o extender la vida útil (mediante la carga de combustible, por ejemplo) de satélites que ya están en órbita. Hasta ahora, muchas misiones espaciales terminaban cuando el vehículo agotaba sus márgenes de operación o perdía altura. El rescate de Swift puede abrir una etapa distinta, en la que parte de la infraestructura espacial sea mantenida en servicio mediante naves robóticas.
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