El 24 de junio marca un día importante para la Argentina: es el cumpleaños de Lionel Messi. Pero también un hito muy importante para el ecosistema nuclear nacional: se cumple un nuevo aniversario del inicio de la operación comercial de Atucha I, la primera central nuclear de potencia del país y de América Latina. Su puesta en marcha, en 1974, marcó el ingreso del país a la generación nucleoeléctrica y convirtió a la energía nuclear en una fuente de energía dentro del sistema eléctrico nacional. A más de medio siglo de aquel bautismo, Atucha I sigue siendo una pieza central para entender la historia tecnológica argentina y el desarrollo de capacidades estratégicas en el sector nuclear.

Del RA-1 a Atucha I
Atucha I no fue el primer reactor nuclear del país, pero sí el primer reactor de potencia, y el que marcó un salto decisivo en materia nuclear. Desde la creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) en 1950, Argentina había comenzado a formar profesionales, desarrollar laboratorios, y avanzar en metalurgia nuclear, radioisótopos y minería del uranio. El RA-1, que alcanzó su primera reacción controlada en 1958, fue el primer reactor nuclear de América Latina y permitió formar profesionales, a la vez que realizaba ensayos, experimentos y producía radioisótopos. Atucha I tomó esa base de conocimiento y la llevó a una escala mayor: producir electricidad para la red nacional mediante una central de potencia.
La construcción de la central comenzó en 1968, en Lima, partido de Zárate, sobre el río Paraná. El reactor alcanzó la primera criticidad en enero de 1974, se conectó a la red el 19 de marzo de ese año y obtuvo la licencia para iniciar la operación comercial el 24 de junio.
Atucha I es un reactor de agua pesada a presión (PHWR), que utiliza agua pesada como moderador y refrigerante, y combustible basado en dióxido de uranio en forma de pastillas sinterizadas dentro de elementos combustibles. Su núcleo cuenta con 252 posiciones con canales refrigerantes y su potencia eléctrica bruta es de 362 MW.
A diferencia de una central térmica convencional, no obtiene calor mediante combustión, sino por fisión nuclear. La división controlada de núcleos de uranio libera energía, esa energía calienta el circuito primario y luego permite producir vapor para mover una turbina conectada a un generador eléctrico.

El comienzo de la era nuclear nacional
Con Atucha I comenzó una línea de desarrollo nuclear que continuó con la Central Embalse, en Córdoba, y con Atucha II, en el mismo complejo que su tocaya. Ese proceso consolidó un ecosistema industrial y científico propio, con participación de empresas, laboratorios, universidades y proveedores especializados.
La experiencia acumulada alrededor de Atucha I también fue clave para el diseño regulatorio argentino. En sus primeros años, la CNEA concentraba funciones de promoción, investigación y control. Décadas más tarde, la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) se constituyó sobre esos cimientos como organismo independiente para fiscalizar la seguridad nuclear y radiológica.
Hoy, Atucha I atraviesa una etapa distinta de su historia. La central se encuentra en proceso de extensión de vida, que busca que la centran pueda operar durante un nuevo ciclo de 20 años. Para eso se prevé una parada prolongada de reacondicionamiento, en la que se actualizarán sistemas, se revisarán componentes, se mejorará la seguridad y se harán controles regulatorios específicos. Más allá de mantener la instalación antigua, lo que se busca es llevarla a estándares actuales para que pueda seguir aportando energía al sistema eléctrico argentino.
El aniversario de Atucha I resume una trayectoria poco común en la región. La central nació en una etapa en la que muy pocos países fuera de las potencias industriales podían acceder a la generación nuclear, y abrió un camino que combinó infraestructura, formación de recursos humanos, regulación, ingeniería y capacidades industriales. Su presente está marcado por el desafío de extender su operación en condiciones seguras. Su importancia histórica, en cambio, ya está definida: fue la central que convirtió el conocimiento nuclear argentino en electricidad para el país.
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