La empresa lituana Granta Autonomy presentó el Black Wasp, un dron interceptor diseñado para enfrentar drones de reconocimiento y ataque, incluidos los Shahed utilizados por Irán y Rusia. Se trata de un sistema Counter Unmanned Aerial System (C-UAS), una tecnología diseñada para detectar, seguir y neutralizar drones enemigos. Su objetivo es frenar ataques masivos de vehículos autónomos sin gastar misiles antiaéreos mucho más caros que el blanco que se intenta destruir.

La guerra moderna y el caso de los Shahed fundamenta la necesidad de este tipo de sistemas: son drones de ataque baratos, que se emplean en enjambres para saturar al adversario o atacar su infraestructura crítica. Frente a ese escenario, la industria europea está desarrollando soluciones más pequeñas, móviles y automatizadas. Así, Black Wasp se presenta como un interceptor cinético pequeño para concretar el derribo de los blancos luego de su detección.
Características y capacidades
Según Unmanned Airspace, el Black Wasp es un vehículo de 60 x 45 x 45 centímetros, con un peso máximo al despegue de 4 kilos y una capacidad de llevar una carga explosiva de hasta 500 gramos. Despega y aterriza de forma vertical, y puede volar a alta velocidad y con guiado automatizado. Alcanza una velocidad de crucero de 160 kilómetros por hora y una velocidad máxima de 320 kilómetros por hora.
Tiene una autonomía de 15 minutos en crucero y más de 6 minutos a máxima velocidad, con una altitud operativa de hasta 7.000 metros sobre el nivel del mar y una tasa de ascenso de 30 metros por segundo. Estas cifras demuestran que no fue concebido como un dron de patrulla prolongada, sino como un interceptor rápido para atacar a una amenaza una vez detectada.
El punto clave del sistema está en la integración entre sensores, radar e inteligencia artificial. Black Wasp puede recibir información de radares militares compatibles con redes de defensa de la OTAN, lo que permite entregar al operador datos tridimensionales de posición del objetivo. A partir de esa información, el dron puede iniciar la intercepción y usar cámaras diurnas o térmicas, según la configuración, para identificar y seguir el blanco en la fase final.
Su sistema de control con IA y aprendizaje automático está orientado a automatizar el vuelo, el seguimiento del objetivo y la guía terminal. Además, la empresa destaca resistencia a interferencias y enlaces en bandas S y C. Este punto es crítico porque los drones operan en entornos donde la guerra electrónica intenta bloquear GPS, comunicaciones y control remoto.
Por otro lado, otro detalle importante es que el Black Wasp está pensado para operar sin infraestructura compleja. Al tener capacidad VTOL, puede desplegarse desde posiciones restringidas sin pistas ni rieles de lanzamiento especializados. Eso permite que unidades terrestres lo usen como una defensa rápida contra drones entrantes, siempre que cuenten con detección previa y enlaces adecuados. De esta forma, el sistema busca convertir a un dron pequeño en una especie de “misil reutilizado conceptualmente”: barato, móvil y guiado por software, pero con impacto físico sobre el blanco.
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