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Internet tiene geografía: la infraestructura física detrás de la vida digital

Lucas Federico Sánchez Por Lucas Federico Sánchez
10 junio, 2026
en Espacio Tech, Tecnología digital, Tecnología e Innovación
Tiempo de lectura:7 minutos de lectura
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¿Cuál es la infraestructura física detrás de la vida digital?
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¿Qué pasa cuando mandamos un mensaje a través de WhatsApp? ¿Cómo llega una videollamada desde Buenos Aires hasta Ushuaia? ¿Por dónde viajan los datos cuando vemos una serie, un canal de streaming o enviamos una transferencia desde el celular?

Internet tiene geografía. ¿Cuál es la infraestructura física detrás de la vida digital?
Internet tiene geografía. ¿Cuál es la infraestructura física detrás de la vida digital?

Aunque usamos Internet todos los días, rara vez nos preguntamos qué infraestructura hace posible esas acciones de nuestra vida cotidiana. Muchas veces imaginamos la red como una especie de “nube”. Pero, ¿qué es la nube?, ¿cómo aparece y desaparece la información de forma instantánea? Detrás de cada mensaje, video o búsqueda existe una enorme infraestructura física compuesta por cables submarinos, centros de datos, antenas, satélites y redes de fibra óptica distribuidas por todo el planeta.

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La vida digital tiene una dimensión profundamente material. Los datos no flotan en el aire sino que viajan a través de cables submarinos, y/o terrestres que atraviesan edificios repletos de servidores y así recorren miles de kilómetros antes de llegar a los dispositivos que usamos en nuestra vida cotidiana.

Internet tiene geografía

De costumbre, cuando nos referimos a Internet, lo nombramos como si fuera un espacio global sin fronteras. Sin embargo, la red posee una geografía concreta. Los contenidos que consumimos diariamente se almacenan en centros de datos ubicados en lugares específicos del mundo.

Las búsquedas que realizamos, los videos que vemos, y los mensajes que enviamos recorren infraestructuras distribuidas entre distintos países y continentes. Cuando una persona en Argentina abre una página web alojada en Estados Unidos o mira un video almacenado en servidores ubicados en Brasil, la información debe desplazarse físicamente entre esos puntos.

Lo hace en cuestión de milisegundos, pero sigue siendo un recorrido material. Por eso, algunos investigadores sostienen que no debe entenderse solamente como una red de computadoras, sino también como una red de infraestructuras.

Una red global, pero desigual

Al observar un mapa mundial de cables submarinos aparece una imagen muy distinta a la de una nube homogénea que cubre todo el planeta. Algunas regiones concentran una enorme cantidad de conexiones, mientras que otras cuentan con menos rutas y puntos de interconexión.

Los corredores más densos se encuentran entre América del Norte, Europa y Asia Oriental, donde se localizan algunos de los principales centros económicos y tecnológicos del mundo. En cambio, regiones como África, Oceanía o América Latina presentan una menor concentración de infraestructura, aunque en los últimos años han incorporado nuevas conexiones para responder al crecimiento del tráfico de datos.

Esta distribución refleja que Internet no se expandió de manera uniforme. Los cables submarinos suelen desplegarse allí donde existe una mayor demanda de comunicaciones, actividad económica y circulación de información. Por eso, además de conectar territorios, la infraestructura digital también revela cómo se organizan los flujos globales de datos en el siglo XXI.

Mapa global de cables submarinos, parte de la infraestructura digital global.
Mapa global de cables submarinos, parte de la infraestructura física que hace posible la vida digital global. Crédito: TeleGeography.

El océano está lleno de cables

Cuando se habla de telecomunicaciones, los satélites suelen ocupar un lugar destacado en el imaginario colectivo. Sin embargo, la mayor parte de Internet no viaja por el espacio.

Según la consultora especializada TeleGeography más del 99% del tráfico internacional de datos circula a través de cables submarinos de fibra óptica desplegados en los fondos oceánicos. Estos sistemas conectan continentes enteros y constituyen la infraestructura principal de la economía digital global.

La diferencia de escala entre ambas tecnologías ayuda a comprender por qué ocurre esto. Diversos análisis estiman que, incluso considerando el crecimiento acelerado de las constelaciones satelitales de nueva generación como Starlink, Kuiper u OneWeb, la capacidad conjunta de todos los satélites representará apenas una fracción de la capacidad disponible en los cables submarinos. Mientras la infraestructura satelital global podría alcanzar unas decenas de terabytes por segundo, la red mundial de cables submarinos cuenta con una capacidad miles de veces superior para transportar información entre continentes. 

Actualmente, existen cientos de cables submarinos activos que atraviesan los océanos Atlántico, Pacífico e Índico. Gracias a ellos es posible realizar videollamadas internacionales, acceder a plataformas digitales globales o enviar información entre países casi instantáneamente. Aunque suelen ser invisibles, para la mayoría de las personas, estos cables constituyen uno de los componentes más estratégicos de la infraestructura mundial contemporánea.

Más del 99% del tráfico internacional de datos circula a través de cables submarinos de fibra óptica desplegados en los fondos oceánicos.
Más del 99% del tráfico internacional de datos circula a través de cables submarinos de fibra óptica desplegados en los fondos oceánicos.

¿Cómo funciona un cable submarino?

Los cables submarinos modernos están compuestos de fibra óptica extremadamente delgada, que transmiten información mediante pulsos de luz. Cada vez que enviamos un mensaje, realizamos una búsqueda o reproducimos un video, la información se transforma en señales luminosas que recorren miles de kilómetros a través de estas fibras

La magnitud de esta infraestructura resulta difícil de imaginar. Algunos sistemas de cables submarinos pueden extenderse por más de 10.000 kilómetros y permanecer operativos durante décadas en el fondo del océano. Instalarlos requiere barcos especializados capaces de desplegar cuidadosamente miles de kilómetros de fibra óptica sobre el lecho marino, conectando continentes enteros mediante una infraestructura que permanece prácticamente invisible para la mayoría de los usuarios. 

A lo largo de la ruta, existen repetidores instalados bajo el mar que amplifican la señal para evitar que se degrade durante el trayecto. Gracias a esta tecnología, enormes volúmenes de datos pueden viajar entre continentes a velocidades cercanas a la luz.

Argentina forma parte de esta red global mediante distintos sistemas de cables submarinos que llegan a la costa atlántica y permiten conectar al país con América Latina, Estados Unidos, Europa y otros puntos del planeta.

Estos enlaces internacionales son fundamentales para el funcionamiento cotidiano de Internet. Cada vez que accedemos a plataformas globales, utilizamos servicios de computación en la nube o intercambiamos información con otros países, una parte significativa de esos datos circula por estas conexiones.

La infraestructura submarina, además, continúa expandiéndose. Uno de los proyectos más ambiciosos actualmente en desarrollo es el denominado Proyecto Humboldt, una iniciativa impulsada desde Chile que busca construir el primer cable submarino directo entre Sudamérica y Oceanía. El trazado uniría Valparaíso con Australia mediante más de 14.000 kilómetros de fibra óptica desplegados en el océano Pacífico.

De concretarse, esta nueva ruta permitiría fortalecer la conectividad entre América Latina y la región Asia-Pacífico, además de ofrecer una alternativa a los recorridos tradicionales utilizados actualmente por gran parte del tráfico internacional de datos. En otras palabras, una parte de la información que circula entre ambos continentes podría viajar directamente a través del Pacífico sin depender de otras rutas intermedias.

Ilustración del Proyecto Humboldt, una iniciativa que busca construir el primer cable submarino directo entre Sudamérica y Oceanía. Crédito: Subsecretaría de Telecomunicaciones de Chile (SUBTEL).

Sin embargo, una vez que la información llega al territorio nacional todavía debe recorrer miles de kilómetros para alcanzar ciudades, pueblos, empresas, escuelas y hogares distribuidos a lo largo del país. Y allí aparece otra infraestructura mucho menos conocida pero igualmente importante: las redes troncales de fibra óptica que distribuyen el tráfico dentro del territorio nacional.

Mucho más que una nube

Internet suele presentarse como una tecnología invisible. Abrimos una aplicación, enviamos un mensaje o vemos un video y todo parece ocurrir de manera automática.

Sin embargo, detrás de esa aparente simplicidad existe una gigantesca infraestructura física que conecta países, continentes y océanos. Cables submarinos, redes de fibra óptica, centros de datos y miles de trabajadores hacen posible que la información circule de un punto a otro del planeta en cuestión de segundos.

Comprender cómo funciona esa infraestructura permite mirar el mundo digital de otra manera, ya no como una nube abstracta suspendida en algún lugar del ciberespacio, sino como una red material que forma parte de la vida cotidiana y sostiene gran parte de las actividades económicas, sociales y culturales del mundo contemporáneo. Detrás de cada mensaje enviado, cada videollamada y cada búsqueda en línea existe una compleja geografía de cables, centros de datos y redes de comunicación que conectan al mundo en tiempo real.

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Etiquetas: SatélitesTelecomunicaciones
Lucas Federico Sánchez

Lucas Federico Sánchez

Redactor colaborador en Espacio Tech. Doctorando en Ciencias Sociales y estudiante de la Especialización en Planificación e Intervención para el Desarrollo en la FaHCE-UNLP. Licenciado y Profesor en Sociología por la misma casa de estudios, participa en proyectos de investigación vinculados a tecnologías digitales, desigualdades y desarrollo.

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