La ciencia aeroespacial argentina ha alcanzado una frontera inédita gracias al exitoso desempeño del CubeSat ATENEA, el microsatélite desarrollado en Argentina que formó parte de las cargas útiles secundarias de la histórica misión Artemis II de la NASA. Este dispositivo, diseñado bajo el estándar modular de la industria moderna, orbitó en un entorno de alta complejidad y demostró el nivel de competitividad internacional que posee el ecosistema científico y tecnológico local.

La misión Artemis II, finalizada en 10 de abril de 2026, fue el primer vuelo tripulado después de más de 50 años del programa de la NASA diseñado para orbitar la Luna con cuatro astronautas a bordo de la nave Orion. Su objetivo es validar los sistemas de soporte vital, navegación y comunicación en el espacio profundo antes del regreso definitivo del ser humano a la superficie lunar. La participación de Argentina en este programa representa un logro logístico y diplomático, además de un punto de inflexión para la validación de componentes de desarrollo propio en condiciones de espacio profundo. El desempeño del microsatélite superó las expectativas iniciales de los equipos de control en la Tierra, consolidando un nuevo paradigma de exploración nacional.
Un formato compacto para desafiar una altitud sin precedentes
ATENEA es un nanosatélite de tipo CubeSat de 12 unidades (12U), con unas dimensiones estructurales estandarizadas de aproximadamente 20x20x30 centímetros. Esta configuración compacta, similar al tamaño de una caja de calzado, albergó sistemas críticos desarrollados en un esfuerzo conjunto por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), la CNEA y la empresa VENG S.A.
Lo verdaderamente disruptivo de la misión radicó en la trayectoria del vector de lanzamiento de Artemis II, que eyectó al CubeSat en una órbita extremadamente alta, alcanzando una altitud máxima de 70.000 kilómetros de distancia respecto a la Tierra. La gran mayoría de los satélites científicos del país operan exclusivamente en órbitas bajas (LEO), por debajo de los 2.000 kilómetros; operar a más de diez veces esa distancia habitual forzó a la plataforma a resistir niveles deestrés térmico y dinámico para los que la ingeniería local no tenía antecedentes directos de validación en vuelo.
Telecomunicaciones y seguimiento
Uno de los mayores desafíos del proyecto fue garantizar elenlace y la descarga de telemetría desde el espacio profundo, un hito que se logró registrar en tiempo real a las pocas horas del despliegue. El seguimiento constante se coordinó desde la sala de control del IAR y estaciones de la CONAE en Córdoba y Tolhuin (Tierra del Fuego), logrando capturar señales nítidas a distancias críticas. La solidez de este enlace permitió recolectar datos de salud del satélite y asistir activamente al dispositivo de Arabia Saudita, otra de las cargas de la misión, para restablecer su señal tras una falla de comunicación.
Desde la perspectiva técnica, recibir datos científicos complejos en lugar de simples señales de presencia de portadora a 70.000 kilómetros validó la resiliencia de la arquitectura de la red de antenas local. Esta exitosa gestión remota dota al segmento terreno nacional de la experiencia necesaria para operar y procesar datos de futuras misiones comerciales o científicas interplanetarias que busquen orbitar más allá del entorno terrestre inmediato.

Ciencia aplicada a la navegación y radiación extraterrestre
Durante sus horas de operación activa antes de reingresar de forma controlada a la atmósfera y desintegrarse, ATENEA recolectó valiosos datos sobre el comportamiento de componentes electrónicos comerciales (COTS) expuestos al bombardeo de partículas. El CubeSat llevó paneles solares específicamente fabricados en el país por la UNSAM y sistemas embebidos de bajo costo para comprobar su viabilidad frente a la degradación extrema fuera de la magnetósfera protectora.
Asimismo, el satélite completó con éxito experimentos de posicionamiento global al registrar datos de sistemas GNSS, GPS, GLONASS y Galileo, a altitudes que superan el emplazamiento físico de las propias constelaciones de navegación en órbita media. Los archivos de radiación y conectividad recuperados servirán como insumo central para que los laboratorios del CONICET y las universidades nacionales optimicen los blindajes y algoritmos de guiado que equiparán los próximos desarrollos aeroespaciales de la región.
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