El primer satélite argentino en llegar al espacio fue el LUSAT-1 (LO-19), que despegó el 22 de enero de 1990 desde el Centro Espacial de Guayana, en Kourou, a bordo de un cohete europeo Ariane 40. Se trató de un microsatélite de radioaficionados, desarrollado por AMSAT Argentina, que marcó el inicio de la presencia argentina en órbita.

El lanzamiento del LUSAT-1 formó parte del vuelo V35 del Ariane 4, una misión que llevó como carga principal al satélite francés SPOT-2 y, además, varios satélites auxiliares. Según el registro histórico del Centro Espacial de Guayana, la misión partió con éxito hacia la órbita heliosincrónica, una trayectoria baja alrededor de la Tierra que permite pasar sobre distintas regiones con condiciones de iluminación relativamente regulares. En ese viaje, LUSAT-1 quedó insertado en una órbita de aproximadamente 778 km de perigeo, 793 km de apogeo, 98,9° de inclinación y un período orbital cercano a 100 minutos.

Un argentino pionero en el espacio
El LUSAT-1 era un satélite de comunicaciones para radioaficionados, cuya función principal era actuar como un sistema digital de store and forward. Lo que hacía era recibir mensajes desde estaciones terrestres, almacenarlos y luego retransmitirlos cuando pasaba sobre otra zona del planeta. Operaba con enlaces de subida en la banda de 145,84 a 145,90 MHz y enlaces de bajada en torno a 437,125 y 437,150 MHz, frecuencias propias del servicio de radioaficionados satelitales. También contaba con una baliza, una señal simple que permite identificar y seguir el estado del satélite desde Tierra.
Las fichas técnicas disponibles no son uniformes en todos los detalles. Sin embargo, algunas fuentes especializadas lo describen como una plataforma de 14 kg, con paneles solares y dimensiones de 21,3 x 23,0 x 23,0 cm.

La puerta nacional al espacio
El LUSAT-1 fue muy importante, porque fue el primer satélite argentino en órbita, cuando el país todavía no había consolidado su programa espacial institucional. A diferencia de los satélites posteriores de la serie SAC, desarrollados por la agencia espacial argentina y orientados a aplicaciones científicas y de observación, el LUSAT-1 surgió del ámbito de la radioafición técnica y de la cooperación internacional propia de la comunidad AMSAT. Fue el microsatélite amateur que probó por primera vez capacidades nacionales en órbita y empujó a la Argentina a confiar en que podía desarrollar más proyectos espaciales por su cuenta.
Ese primer paso quedó como un antecedente de una historia más amplia. Después llegarían el SAC-B, el SAC-A, el SAC-C, el SAC-D/Aquarius, los satélites geoestacionarios ARSAT y las misiones SAOCOM. Pero el punto inicial fue mucho más pequeño. Una caja pequeña, lanzada como carga secundaria, que convirtió a la Argentina en un país con un satélite propio en el espacio.
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