La Tierra posee un campo magnético que actúa como un escudo invisible contra las partículas cargadas de alta energía que provienen del Sol y del espacio profundo. Sin embargo, este escudo no es perfectamente uniforme. Existe una región crítica conocida como la Anomalía del Atlántico Sur (AAS o AMAS), un verdadero “bache” en la magnetosfera donde la intensidad del campo magnético es significativamente inferior al resto del planeta, registrando apenas un tercio de la fuerza que posee en las regiones polares.
El último informe del World Magnetic Model (WMM) revela que la anomalía no solo se está desplazando unos 20 kilómetros por año hacia el oeste, adentrándose con fuerza en el continente sudamericano, sino que su superficie se expandió cerca de un 8% en el último periodo analizado. Al debilitarse esta barrera, la radiación del cinturón de Van Allen se aproxima peligrosamente a la superficie terrestre, descendiendo desde sus altitudes habituales hasta apenas 200 kilómetros en esta zona. Esto expone a la órbita baja a un flujo masivo de partículas ionizantes, convirtiendo el área en un desafío crítico para la ingeniería aeroespacial.

¿Qué es la Anomalía del Atlántico Sur?
La Anomalía del Atlántico Sur es una depresión geográficamente definida en el campo geomagnético terrestre que se extiende actualmente desde la costa sudoccidental de África hasta abarcar la mitad de Sudamérica. De acuerdo con los datos recopilados por la constelación de satélites Swarm de la Agencia Espacial Europea (ESA), esta “fosa” magnética actúa como una ventana abierta a la radiación ionizante, permitiendo que los rayos cósmicos penetren con mayor profundidad en las capas superiores de la atmósfera. Aunque el fenómeno no representa un peligro directo para la vida humana en la superficie gracias a la protección adicional de la densa atmósfera protectora, transforma por completo el entorno subespacial de la región.
Científicamente, el impacto más severo se registra en el entorno de la órbita baja terrestre (LEO), la zona donde operan la mayoría de los satélites de observación y la Estación Espacial Internacional (ISS). Al cruzar este sector, los instrumentos reciben un bombardeo masivo de protones atrapados de alta energía, lo que produce fallos de tipo Single Event Upset (SEU) en los circuitos lógicos de las computadoras de a bordo. Esto obliga a los operadores de misiones espaciales a apagar de forma temporal los componentes más sensibles de los satélites o a implementar blindajes de hardware ultra-resistentes para evitar la pérdida permanente de instrumental crítico.
¿A qué se debe este fenómeno geomagnético?
El origen de este comportamiento anómalo se localiza a miles de kilómetros bajo nuestros pies, específicamente en la frontera entre el núcleo externo líquido y el manto inferior de la Tierra. El campo magnético terrestre se genera mediante el mecanismo dinámicos, impulsado por el movimiento del hierro y níquel fundidos en el núcleo externo. Investigaciones geofísicas recientes sugieren que la anomalía está vinculada a una gigantesca estructura de roca superdensa y caliente ubicada bajo el continente africano, conocida formalmente como la Provincia de Baja Velocidad de Cizalla del África (LLSVP). Esta estructura interrumpe el flujo normal de las corrientes de convección del metal líquido, alterando la simetría del dipolo geomagnético global.
Adicionalmente, el fenómeno coincide con una tendencia global de debilitamiento del campo magnético terrestre que se viene registrando desde hace dos siglos, sumado al desplazamiento acelerado de los polos magnéticos. Los modelos geofísicos sugieren que la estructura del campo en el hemisferio sur se está volviendo más compleja y multipolar de forma transitoria. Estudios arqueomagnéticos publicados en revistas como PNAS demuestran que variaciones similares ocurrieron hace más de 2000 años en el Océano Índico antes de migrar hacia su posición actual, lo que confirma que estamos ante un proceso dinámico, cíclico y de escala planetaria que aún esconde grandes interrogantes para la ciencia moderna.

¿Cómo afecta a la Argentina y por qué nos importa?
Para la Argentina, la evolución de la AAS es una cuestión de interés estratégico y científico prioritario, dado que el centro de mayor debilidad de la anomalía se está desplazando directamente sobre el norte y centro del territorio nacional, abarcando también a países vecinos como Brasil, Uruguay y Paraguay. Esta posición geográfica expone a la infraestructura tecnológica local a riesgos incrementados ante eventos de clima espacial severos, como las tormentas solares. Durante estos eventos, el campo magnético degradado disminuye la confiabilidad de las señales de posicionamiento global (GPS y GNSS) y altera la propagación de ondas de radio de alta frecuencia, afectando potencialmente la precisión en la aviación civil, la logística de transporte y la sincronización de redes eléctricas de alta tensión.
Frente a este escenario, organismos técnicos nacionales trabajan activamente en el monitoreo del fenómeno para mitigar sus efectos colaterales. El Instituto Geográfico Nacional (IGN) mantiene redes de estaciones permanentes para evaluar las variaciones del campo en suelo argentino, mientras que la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) debe diseñar y operar su flota de satélites de observación de la Tierra, como la serie SAOCOM, bajo los más estrictos estándares de tolerancia a la radiación para sobrevivir los reiterados pasos diarios por el epicentro de la anomalía. Comprender y predecir el comportamiento de esta brecha magnética no es solo una necesidad científica, sino una prioridad de soberanía tecnológica para garantizar la resiliencia de los sistemas críticos del país.
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