Durante la noche del jueves 28 de mayo, el gigantesco cohete New Glenn, la gran apuesta de la compañía Blue Origin, sufrió una falla catastrófica que culminó en una violenta explosión. El incidente ocurrió en el Complejo de Lanzamiento 36 (LC-36) de la Estación de la Fuerza Espacial de Cabo Cañaveral, Florida, iluminando el cielo nocturno y generando una onda de choque perceptible a varios kilómetros a la redonda.

¿Qué le ocurrió al New Glenn?
El incidente se desencadenó a las 21:00 (hora local) durante un ensayo de fuego estático, un procedimiento rutinario pero de alto riesgo donde se encienden los motores del cohete mientras la estructura permanece firmemente anclada a la plataforma. El objetivo de la prueba era testear la ignición simultánea de los siete motores BE-4 de la primera etapa, los cuales funcionan con una combinación de metano líquido y oxígeno líquido (Methalox). Los reportes preliminares indican que, apenas iniciada la secuencia de encendido, se observó una anomalía térmica severa en la sección de propulsión que derivó en una enorme bola de fuego y el colapso estructural inmediato del vector.
La magnitud del estallido causó daños críticos y masivos en la infraestructura del complejo espacial. Las imágenes posteriores revelaron la destrucción total del cohete de más de 98 metros de altura, la desaparición del erector-gantry (la estructura utilizada para izar el vehículo) y el derribo completo de una de las torres principales de protección contra rayos del complejo. Afortunadamente, al tratarse de un ensayo en tierra plenamente controlado de manera remota, no se reportaron heridos ni víctimas mortales. Tanto el fundador de la firma, Jeff Bezos, como las autoridades de la base confirmaron que todo el personal de la plataforma se encuentra a salvo y completamente localizado. Sin embargo, el impacto material e institucional es severo, abriendo un complejo periodo de investigación técnica y regulatoria.
Los logros del New Glenn
El recorrido orbital del vector de Blue Origin ha sido breve pero de enorme valor estratégico para la industria antes del incidente en Cabo Cañaveral. La cronología oficial de vuelos del New Glenn se inauguró con su misión de debut (NG-1), un vuelo de calificación técnica diseñado para validar la integridad aerodinámica del lanzador pesado y el comportamiento de sus componentes criogénicos en condiciones espaciales reales. A esta le siguió la célebre misión NG-2, catalogada por los analistas como el verdadero despegue operativo del programa, ya que transportó con éxito una ambiciosa misión científica no tripulada de la NASA de la sonda ESCAPADE con destino a Marte, marcando el ingreso oficial de la firma en el selecto club de la exploración interplanetaria.
El hito logístico más relevante de estas primeras misiones no solo estuvo en la inserción en trayectoria de sus cargas útiles, sino en la validación de su sistema de recuperación. Durante el vuelo NG-2, Blue Origin logró por primera vez el aterrizaje vertical autónomo de su primera etapa sobre la plataforma flotante motorizada Jacklyn en el Océano Atlántico, un logro de ingeniería que demostró la viabilidad de su propuesta de reutilización. Posteriormente, el cohete volvió a la acción en la misión NG-3, un lanzamiento de perfil comercial destinado a desplegar infraestructura de conectividad global en órbita baja, consolidando al New Glenn como un competidor firme en el mercado de lanzadores de gran volumen.

Los fallos del New Glenn
A pesar de sus éxitos iniciales, el desarrollo del gigante de metano ha estado acompañado por fallas críticas de hardware que han encendido las alarmas de los reguladores aéreos. El primer gran revés en vuelo ocurrió precisamente durante el lanzamiento de la misión NG-3, donde a pesar de que la primera etapa se recuperó con éxito en el mar, la segunda etapa sufrió una falla criogénica crítica en sus sistemas de propulsión. Esta anomalía impidió que el vector alcanzara la altitud orbital planificada, dejando al satélite comercial de telecomunicaciones BlueBird 7 de la firma AST SpaceMobile en una órbita demasiado baja; el arrastre atmosférico superó la capacidad de los propulsores eléctricos de la carga útil, provocando su reingreso prematuro y la pérdida total del satélite.
Este fracaso en la etapa superior forzó una investigación inmediata y la apertura de un expediente de seguridad por parte de la Administración Federal de Aviación (FAA), que ordenó la paralización temporal de los vuelos del cohete. Cuando el programa parecía recuperarse tras levantarse las restricciones regulatorias, sobrevino este último desastre con la explosión total del vector durante su prueba de fuego estático. Este último accidente, destruyó por completo el vehículo asignado a la misión NG-4 y causó daños severos a la infraestructura de tierra, marcando el punto más crítico en el historial de seguridad de Blue Origin.
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