El Departamento de Defensa de los Estados Unidos (DOD) continúa evaluando el impacto logístico y financiero de la Operación Epic Fury (OEF), la campaña militar iniciada el 28 de febrero de 2026 en coordinación con Israel contra posiciones estratégicas en Irán. Hasta la fecha, informes de prensa combinados con declaraciones oficiales del Comando Central de los EE. UU. (CENTCOM) confirman que al menos 42 aeronaves de ala fija, rotatoria y sistemas no tripulados (drones) han resultado destruidas o con daños severos. La cifra final se mantiene bajo revisión debido al dinamismo de las operaciones y a las estrictas clasificaciones de seguridad de la Fuerza Aérea (USAF).

Tras un breve periodo de desescalada derivado del alto el fuego de abril, la recientereanudación de las hostilidades ha complicado el balance de daños estructurales. Durante una comparecencia ante el Congreso el pasado 12 de mayo de 2026, el Contralor Interino del Pentágono, Jules W. Hurst III, confirmó que la estimación presupuestaria para sostener las operaciones en la región se ha disparado hasta los US$ 29.000 millones, un incremento impulsado directamente por la necesidad urgente de reparar o reemplazar el costoso material bélico destruido en combate.
Los aviones de EE.UU. derribados: pérdidas de cazas F-15E Strike Eagle y A-10 Thunderbolt II
El F-15E Strike Eagle, un cazabombardero pesado todo tiempo diseñado para la interdicción profunda a altas velocidades, sufrió bajas críticas debido a fallos de coordinación y fuego hostil. El 2 de marzo, el CENTCOM reportó un grave incidente de fuego amigo sobre el espacio aéreo de Kuwait que derribó tres F-15E. Afortunadamente, los seis tripulantes (tres pilotos y tres Oficiales de Sistemas de Armas, WSO) lograron eyectarse y fueron rescatados. Posteriormente, el 5 de abril, las defensas antiaéreas sobre territorio iraní alcanzaron y destruyeron un cuarto Strike Eagle durante una misión de penetración táctica, forzando una compleja operación de rescate para extraer a su tripulación.
Por su parte, el icónico avión de ataque a tierra A-10 Thunderbolt II sumó otra pérdida en el inventario norteamericano. Diseñado para el apoyo aéreo cercano (CAS) y reconocido por su blindaje de titanio capaz de resistir impactos directos de proyectiles perforantes, un ejemplar fue alcanzado por fuego enemigo el 3 de abril mientras ejecutaba misiones de cobertura y escolta armada. El General de la Fuerza Aérea Dan Caine, Presidente del Estado Mayor Conjunto, confirmó que la aeronave se estrelló y quedó destruida tras el impacto. Sin embargo, el piloto logró activar su asiento eyectable a tiempo y las fuerzas de salvamento lo recuperaron ileso.
El caza de quinta generación a prueba: Daños en el F-35A Lightning II
La suite de sigilo y los sistemas de guerra electrónica del F-35A Lightning II, el caza polivalente de quinta generación de Lockheed Martin, no impidieron que la plataforma sufriera daños en el espacio aéreo disputado. El 19 de marzo, informes de prensa revelaron que Irán interceptó y dañó un F-35A con fuego antiaéreo terrestre mientras operaba en su territorio. El incidente demostró que, a pesar de sus recubrimientos absorbentes de radar (RAM) y su capacidad para operar en entornos de denegación de acceso (A2/AD), los vuelos a baja o media cota exponen a estos vectores de alta tecnología al fuego de artillería convencional y misiles guiados de corto alcance.
Este percance en particular subraya la complejidad logística que enfrenta el Pentágono bajo la dirección técnica del Departamento de Guerra. Reparar un F-35A dañado en combate requiere instalaciones especializadas y un flujo constante de componentes críticos, como los módulos del motor Pratt & Whitney F135 o paneles de materiales compuestos avanzados. La afectación de esta plataforma no solo debilita la capacidad de superioridad aérea inmediata, sino que eleva drásticamente los costes de mantenimiento integrados.

Crisis en el reabastecimiento estratégico: Logística comprometida de los KC-135 Stratotanker
La infraestructura de reabastecimiento en vuelo, la columna vertebral que permite proyectar el poder aéreo estadounidense a largas distancias, sufrió un golpe devastador con la afectación de siete aviones cisterna Boeing KC-135 Stratotanker. El 12 de marzo, el CENTCOM notificó una colisión o incidente operacional entre dos de estos gigantescos cisternas en espacio aéreo aliado. Una de las aeronaves se estrelló de manera catastrófica en Irak, provocando la pérdida de sus seis tripulantes, mientras que el segundo KC-135 logró realizar un aterrizaje de emergencia en una base no revelada de la región. La pérdida de estas plataformas limita severamente el tiempo en estación de los cazas de combate que operan sobre el Golfo Pérsico.
A esta tragedia operacional se sumó un ataque asimétrico concentrado el 14 de marzo, cuando misiles balísticos y enjambres de drones de ataque iraníes impactaron la Base Aérea Príncipe Sultán, en Arabia Saudita. Durante la incursión, cinco KC-135 estacionados en la plataforma de vuelo sufrieron daños de diversa consideración por metralla y ondas expansivas. Estos aviones, basados en la estructura del antiguo Boeing 707 y equipados con sistemas de transferencia de combustible mediante pértiga volante (Flying Boom), representan plataformas logísticas masivas y lentas, cuya destrucción en tierra evidencia la falta de hangares reforzados adecuados para proteger la flota de apoyo estratégico.
Degradación del control aerotransportado y operaciones especiales: Impacto en el E-3 Sentry y MC-130J
La alerta temprana y la gestión del espacio aéreo de la coalición sufrieron un revés significativo al confirmarse daños en un avión E-3 Sentry (AWACS). Esta plataforma, reconocible por su característico radomo de radar rotatorio de más de 9 metros de diámetro, fue alcanzada en tierra el 28 de marzo de 2026 durante el mismo bombardeo con misiles contra la Base Aérea Príncipe Sultán. Informes posteriores revelaron que la aeronave se encontraba estacionada en una pista de rodaje sin protección alguna, lo que expuso sus delicados sistemas de radar AN/APY-1 y equipos de contramedidas electrónicas a los efectos destructivos de las detonaciones enemigas.
Simultáneamente, las unidades de operaciones especiales sufrieron pérdidas materiales directas en el interior del territorio iraní. En abril de 2026, dos aviones de transporte táctico pesado MC-130J Commando II, configurados para la infiltración, exfiltración y reabastecimiento de fuerzas especiales en entornos hostiles, fueron destruidos intencionalmente por sus propias tripulaciones en suelo iraní. Las aeronaves, que participaban en la misión crítica de búsqueda y rescate del F-15E derribado ese mismo día, quedaron incapacitadas para despegar debido a fallos mecánicos o daños por fuego hostil, lo que obligó a aplicar el protocolo de denegación de tecnología al enemigo antes de evacuar al personal a salvo.

Aviones EE.UU. derribados: El helicóptero HH-60W Jolly Green II bajo fuego
Las misiones de Búsqueda y Rescate de Combate (CSAR) operaron al límite de sus capacidades durante las fases más agudas, sufriendo daños en sus vectores rotatorios. El 5 de abril, un helicóptero HH-60W Jolly Green II, la plataforma más moderna de la USAF para la recuperación de personal en territorio hostil, sufrió daños estructurales por fuego de armas ligeras de infantería. El episodio sucedió mientras intentaba extraer a los tripulantes del F-15E derribado en Irán. El General Caine detalló que, a pesar de los impactos, los sistemas de autodefensa y el blindaje de cabina permitieron a la aeronave completar la misión sin bajas.

El HH-60W está diseñado con sistemas de aviónica integrados, depósitos de combustible autosellantes y una planta motriz compuesta por dos motores Turboeje General Electric T700-GE-701D, optimizados para resistir entornos de alta hostilidad. No obstante, el daño sufrido resalta cómo los entornos urbanos o la geografía escarpada de Irán permiten a las milicias terrestres utilizar tácticas de emboscada aérea de bajo coste (armas automáticas y RPGs). El coste de reparación de estos helicópteros especializados, sumado al reemplazo de los componentes dañados en combate, representa uno de los factores determinantes en el incremento del gasto militar que el Pentágono busca financiar con urgencia.
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