La NASA, en una colaboración estratégica con la empresa estadounidense Eta Space de Rockledge, se prepara para lanzar una ambiciosa misión de demostración tecnológica en órbita. Su objetivo es resolver uno de los mayores obstáculos de la exploración del espacio profundo: el reabastecimiento de combustible en el espacio. La misión, denominada Liquid Oxygen Flight Demonstration (LOXSAT), probará tecnologías avanzadas de gestión de fluidos criogénicos en órbita, un paso fundamental para la creación de depósitos de combustible en el espacio. Estas infraestructuras actuarán esencialmente como estaciones de servicio orbitales, permitiendo el suministro logístico necesario para sostener viajes tripulados de larga duración hacia la Luna, Marte y otros destinos del sistema solar.

El núcleo de la carga útil LOXSAT se encuentra actualmente integrado en el Complejo de Producción de Naves Espaciales de Rocket Lab en Long Beach, California, donde ha superado rigurosas pruebas de vibración previas al despegue. La misión tendrá una duración operativa de nueve meses en la órbita baja terrestre, período durante el cual se validará de manera activa el comportamiento de estos superenfriados componentes. Este esfuerzo conjunto está respaldado por el Directorio de Misiones de Tecnología Espacial (STMD) de la NASA bajo el programa Tipping Point, diseñado para potenciar innovaciones comerciales con aplicaciones directas en la exploración espacial estatal y privada.
El problema del reabastecimiento espacial y el combustible criogénico de LOXSAT de la NASA
Para lanzar una nave al espacio profundo se necesita muchísimo combustible. Pero el combustible pesa, lo que significa que se necesita más combustible solo para levantar el combustible inicial. Esto genera un círculo vicioso que limita el tamaño de las naves, la velocidad y la distancia que pueden llegar. La solución técnica es lógica pero extremadamente compleja: el reabastecimiento en el espacio. En lugar de despegar desde la Tierra con el tanque lleno para todo el viaje a Marte, la nave despega ligera, sale a órbita y se recarga allí en una “estación de servicio” espacial.
El verdadero desafío técnico no es el reabastecimiento en sí, sino el tipo de gasolina que usamos: los criocombustibles, como el oxígeno líquido y el hidrógeno líquido. Estos se utilizan porque son combustibles químicos más eficientes y potentes que existe. El problema es su temperatura. Para mantenerse en estado líquido, el oxígeno debe estar a menos de -184 °C y el hidrógeno a unos extremos -254 °C. Si se calientan un solo grado, se evaporan y se convierten en gas.
En la Tierra es fácil mantenerlos fríos, pero en el espacio exterior estás expuesto a la radiación térmica directa del Sol por un lado, y al frío absoluto por el otro. Sin gravedad, además, el líquido no se asienta en el fondo del tanque: flota como una gran burbuja en el centro. Esto hace que sea increíblemente difícil saber cuánto combustible queda, mantener la presión interna del tanque y bombearlo de una nave a otra sin que se generen burbujas de gas que destruyan los motores.
Innovación criogénica para mitigar el efecto de la radiación solar
Aquí es donde entra LOXSAT. Esta misión va a probar en órbita real los sistemas de refrigeración activa y los métodos de transferencia en microgravedad necesarios para que estos depósitos de combustible dejen de ser ciencia ficción y se conviertan en la infraestructura a Marte. En las misiones tradicionales, que duran menos de una semana, la acumulación de calor se mitiga mediante la ventilación controlada de vapores residuales, un método inviable para misiones prolongadas a Marte donde cada kilogramo de propelente es vital y no se puede permitir la pérdida por evaporación (boiloff).
Para contrarrestar esto, los ingenieros de la NASA y la industria han diseñado el concepto de almacenamiento de “cero evaporación” (Zero Boil-Off), implementando una técnica innovadora de refrigeración activa de dos etapas denominada tube-on-tank (tubos sobre el tanque). Este sistema integra criorefrigeradores mecánicos de ciclo cerrado que eliminan el calor mediante un proceso continuo de compresión y expansión del gas helio, redirigiendo la energía térmica hacia un disipador exterior para radiarla al vacío cósmico. El tanque principal de combustible está rodeado por tubos con helio criogénico a -254 °C, envuelto a su vez por una manta aislante multicapa de aluminio reflectante que rebota la radiación térmica externa, optimizando así el rendimiento de la nave.

Desafíos técnicos del combustible súper frío en microgravedad
Durante la campaña de nueve meses en el espacio, la carga útil de LOXSAT someterá a ensayo un total de 11 tecnologías específicas diseñadas para resolver la ausencia de gravedad terrestre, un factor que altera radicalmente la dinámica de fluidos. Sin gravedad, los líquidos flotan libremente en el interior de los tanques, lo que impide que las bombas mecánicas convencionales succionen el combustible de forma eficiente hacia los motores o naves receptoras. LOXSAT estudiará métodos dinámicos para mantener la presión interna constante de los tanques, la transferencia segura de propelente entre sistemas sin generar burbujas de gas y la medición exacta de los niveles de fluido en ingravidez.
Para complementar estas pruebas en vuelo, la NASA ha desarrollado en paralelo simulaciones y bancos de prueba en tierra como el proyecto CryoFILL (Cryogenic Fluid In-Situ Liquefaction for Landers), operado en el Complejo Criogénico Creek Road del Centro de Investigación Glenn de la NASA. CryoFILL utiliza criorefrigeradores de alta fidelidad, desarrollados junto a la firma Creare LLC mediante el programa de Investigación de Innovación en Pequeñas Empresas (SBIR), para perfeccionar los modelos informáticos térmicos. Los datos recolectados en tierra y en órbita permitirán automatizar y escalar estas tecnologías para futuras maniobras críticas de acoplamiento y transferencia de combustible en el espacio profundo.
El impacto estratégico del combustible in-situ de LOXSAT de la NASA
La viabilidad económica y física de la exploración de Marte depende en su totalidad de romper la costosa dependencia de los suministros lanzados desde la Tierra debido a la conocida “ecuación del cohete”. Actualmente, cuanto más pesado es el vehículo debido al combustible necesario para el viaje de regreso, mayor es el propulsor requerido para el despegue inicial, creando un círculo vicioso de peso y coste prohibitivos. La solución de la NASA contempla la utilización de recursos in-situ (ISRU), extrayendo agua helada de las regiones permanentemente sombreadas de la Luna o de los depósitos subterráneos de Marte para separar el hidrógeno y el oxígeno mediante electrólisis.
No obstante, el oxígeno obtenido mediante este proceso inicialmente se genera en forma de gas caliente, por lo que tecnologías como CryoFILL y LOXSAT resultan vitales para enfriar, condensar y licuar estos elementos a temperaturas inferiores a los -300 grados Fahrenheit directamente en las superficies planetarias. Al poder licuar y almacenar de forma segura estos propelentes en la Luna o en depósitos orbitales, las naves de reentrada y los módulos de aterrizaje de programas como Artemis podrán reabastecerse localmente. Esta capacidad reducirá drásticamente la masa de lanzamiento requerida desde la Tierra, extendiendo la duración de las misiones científicas y disminuyendo los costes operativos globales de la exploración interplanetaria.
Te puede interesar: La NASA avanza hacia la Luna: Blue Origin finaliza el módulo lunar Blue Moon MK2 para entrenamiento de los astronautas del Programa Artemis.












