La Fuerza Aérea de Estados Unidos probó un nuevo interceptor cinético contra drones durante un ejercicio realizado en la Reserva Militar de Florence, en Arizona. Se trata del Guardian-1, desarrollado por la compañía norteamericana Powerus. La evaluación apuntó a darles una herramienta portátil a equipos pequeños y desplegados en zonas austeras para detectar, seguir y neutralizar drones enemigos sin depender de sistemas fijos de defensa aérea. El ensayo se da en un contexto marcado por la expansión de drones de ataque de bajo costo, como los modelos de tipo Shahed, que cambiaron la forma de proteger bases, tropas e infraestructura crítica.

El ejercicio se realizó el 7 de abril, involucrando a aviadores de Operaciones Especiales de la Fuerza Aérea, con participación del 48th Rescue Squadron, el 7th Air Support Operations Squadron y personal de Explosive Ordnance Disposal del 316th Civil Engineer Squadron. Según la publicación oficial de la base Davis-Monthan, la prueba integró un interceptor cinético comercial con una capacidad expedicionaria contra pequeños sistemas aéreos no tripulados. El objetivo fue cubrir una brecha de capacidad para equipos que operan fuera del perímetro de una base, donde no siempre existen radares, lanzadores o defensas de punto de mayor escala.
El interceptor Guardian de Powerus
El sistema evaluado corresponde a la familia Guardian de Powerus, una empresa estadounidense que desarrolla plataformas autónomas para defensa e infraestructura crítica. Según Powerus, el Guardian-1 es un interceptor diseñado para enfrentar drones de ataque de un solo uso, incluidos Shahed-136, Geran-2 y otras amenazas no tripuladas de clase similar. A diferencia de un misil convencional, el concepto del Guardian-1 se basa en una plataforma liviana, transportable por una persona, de lanzamiento rápido y pensada para operar con un solo operador.
En la práctica, el sistema detecta el blanco, envia la información de orientación, lanza el interceptor y lo guia hasta el encuentro con el dron enemigo. Según Powerus, para concretar esa secuencia, el operador recibe la designación del blanco desde un radar, lanza el sistema en forma manual, recibe correcciones durante la aproximación y completa la fase final con guía visual mediante cámara.
El Guardian-1 pesa 2,65 kg con batería. Tiene una velocidad de crucero de 160 km/h y una velocidad máxima declarada entre 290 y 340 km/h. Su alcance operativo es de 15 km, con una altitud máxima de 5.000 metros, una autonomía máxima de 28 minutos y una carga útil máxima de 0,5 kg. En configuración cargada, la autonomía declarada baja a 9 minutos.
Uno de los aspectos más importantes es el costo y la escala. El Guardian-1 tiene un costo unitario de entre US$ 8.000 y 10.000, frente a drones de ataque de unos US$ 20.000 y frente a interceptores tradicionales que pueden costar cientos de miles o millones por disparo.

En ensayo de Arizona
En la prueba de Arizona, la Fuerza Aérea no evaluó solo el interceptor, sino toda la cadena de respuesta. El evento incluyó cuatro funciones: detectar, evaluar, comandar y controlar, y finalmente derrotar la amenaza. La idea fue demostrar una cadena sensor-to-shooter, es decir, el paso desde la detección del dron enemigo hasta el lanzamiento del sistema encargado de neutralizarlo.
El blanco operativo son los pequeños sistemas aéreos no tripulados, conocidos como sUAS. La Fuerza Aérea de EE.UU. clasifica como sUAS a los grupos 1, 2 y 3, categorías que abarcan desde drones comerciales o modificados hasta sistemas tácticos más grandes. La amenaza ya no se limita a cuadricópteros de observación, también incluye drones de ala fija, municiones merodeadoras y aeronaves no tripuladas capaces de cargar explosivos o actuar como armas de precisión de bajo costo.
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