Rocket Lab lanzó este 23 de abril desde su complejo de Mahia, en Nueva Zelanda, la misión Kakushin Rising para la agencia espacial japonesa JAXA. El cohete Electron colocó en órbita baja ocho pequeños satélites japoneses. Entre ellos se destacó una carga con una antena desplegable que fue compactada mediante técnicas de plegado tipo origami, para ahorrar volumen durante el lanzamiento y expandirse en el espacio.

La misión formó parte del programa Innovative Satellite Technology Demonstration Program de JAXA, una iniciativa creada para dar oportunidades de vuelo a tecnologías desarrolladas por universidades, empresas e institutos de investigación japoneses. Este fue el segundo de dos lanzamientos dedicados para ese programa, después de la misión realizada en diciembre de 2025 con el satélite RAISE-4. El objetivo es validar en órbita equipos y conceptos que más adelante puedan incorporarse a misiones espaciales más grandes o comerciales.
Una nueva misión para el programa de innovación japonés
En esta segunda misión de innovación y demostración tecnológica viajaron ocho CubeSats muy distintos entre sí. MAGNARO-II está orientado a ensayar vuelo en formación a partir de la separación rotacional de nanosatélites; KOSEN-2R busca recolectar datos de observación oceánica mediante receptores LoRa y una antena direccional; WASEDA-SAT-ZERO-II está centrado en una estructura de satélite fabricada de una sola pieza con impresión 3D; y FSI-SAT2 validará una cámara multiespectral ultracompacta de bajo costo para futuras aplicaciones de observación remota.
Entre las cargas más llamativas estuvo OrigamiSat-2, un CubeSat 3U de 4,4 kg que prueba una antena tipo reflectarray desplegable basada en técnicas de plegado tipo origami. La idea fue guardar durante el lanzamiento la una estructura de membrana de dos capas y luego desplegarla en órbita hasta alcanzar una superficie proyectada unas 25 veces mayor. Junto con él viajó Mono-Nikko, que busca demostrar una unidad de potencia inteligente capaz de monitorear el estado de las baterías y detectar degradación o anomalías en órbita antes de que se conviertan en fallas críticas.
El lote se completó, por un lado, con PRELUDE, un CubeSat W6U de 9,8 kg para estudiar variaciones ionosféricas asociadas a fenómenos sísmicos mediante sensores eléctricos y de plasma desplegables. Y, por el otro, con ARICA-2, un 2U que ensaya un sistema de alerta rápida para eventos astronómicos transitorios, como estallidos de rayos gamma, usando redes de comunicaciones satelitales comerciales para medir tasas de éxito y tiempos de demora.
El rol de Electron en el segmento de cargas pequeñas
El Electron despegó desde el Launch Complex 1 y liberó las ocho cargas en una órbita baja de unos 540 kilómetros de altitud y 97,5 grados de inclinación. Además de promover el desarrollo de nuevas tecnologías espaciales por parte de Japón, el vuelo también volvió a mostrar el papel que Rocket Lab se ganó en el mercado de misiones para satélites pequeños. El lanzador Electron está pensado para ofrecer vuelos dedicados y órbitas a medida para cargas que no siempre encuentran lugar prioritario en cohetes más grandes.
Este fue el octavo lanzamiento de la compañía en 2026 y el 87° de Electron en total.
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