La misión Artemisa II de la NASA, lanzada el 1 de abril, finalizará con amerizaje en el Océano Pacífico la noche del viernes 10 de abril. El primer vuelo tripulado de la NASA a la Luna desde 1972 se ha convertido en un hito histórico y tecnológico. Sin embargo, la reentrada, que se producirá a una velocidad de más de 40.000 km/h, convirtiendo a la tripulación en los humanos más rápidos de la historia, será el obstáculo más peligroso hasta el momento debido a la falla potencial del escudo térmico de la cápsula Orion.

El escudo térmico está ubicado en la parte inferior de la cápsula Orion y su objetivo es proteger a la tripulación durante su reigreso a la atmósfera terrestre. Ese escudo es prácticamente idéntico al utilizado en la misión Artemisa I (2022), que se agrietó durante la reentrada. La NASA descubrió que durante Artemisa I el escudo térmico perdió trozos de material, sufriendo daños mucho mayores de lo previsto.
¿Qué pasó en Artemisa I?
El escudo está hecho de un material llamado Avcoat, que se erosiona gradualmente durante la reentrada. Sin embargo, cuando la cápsula Orion, sin tripulación, amerizó frente a la costa de México el 11 de diciembre de 2022, completando la reentrada más rápida de la historia, la NASA observó de inmediato que el escudo térmico había perdido fragmentos de material, sufriendo daños mayores de lo previsto.
“Cuando la cápsula de Artemisa I regresó a la Tierra, logró atravesar la atmósfera sin problemas. Pero los daños y efectos en el escudo térmico fueron más graves de lo anticipado según los modelos”, declaró Ed Macaulay, profesor de física y ciencia de datos en la Universidad Queen Mary de Londres.
Así pues, aunque el escudo no falló, dada esta pérdida de material carbonizado, tampoco superó la prueba con éxito. En mayo de 2024, la Oficina del Inspector General de la NASA publicó un informe sobre la preparación de la NASA para Artemisa II. El informe reveló que el escudo térmico se había desgastado de forma “diferente a la esperada” en más de 100 zonas. En aquel momento, se recomendó a la NASA que determinara la causa raíz del problema antes del lanzamiento de Artemisa II.

La causa del problema
El problema con el escudo térmico de la nave Orion se originó debido a que los gases generados durante el proceso de ablación, el proceso de degradación química y el desprendimiento controlado de la capa exterior del escudo térmico para disipar el calor extremo. Los gases no pudieron ventilarse adecuadamente, creando una presión interna tan elevada que agrietó la superficie de Avocat y provocó el desprendimiento de fragmentos carbonizados.
Este fenómeno no se detectó en las pruebas de tierra porque en ellas se aplicó un calor extremo que volvía el material permeable rápidamente, mientras que en la reentrada real de Artemisa I el calentamiento fue menos intenso y más lento, impidiendo que el material liberara los gases a tiempo. Además, esta situación se vio agravada por la técnica de reentrada con salto (skip reentry). Durante el breve periodo en que la cápsula “rebotó” hacia fuera de la atmósfera, el calor acumulado siguió produciendo gases internamente sin la presión de aire externa necesaria para estabilizar la estructura, lo que terminó por fracturar la capa protectora.
La NASA descubrió que en las zonas donde el Avcoat era permeable, el escudo térmico no sufrió grietas ni pérdida de carbonización. Esas partes del escudo térmico podían ventilarse, por lo que no se acumuló presión. Esta no es una buena noticia para Artemisa II, que utiliza un escudo térmico aún menos permeable. Alrededor del 6% del escudo térmico de Artemisa I era permeable, mientras que ninguna zona del escudo térmico de Artemisa II lo es. La NASA realizó este cambio antes del vuelo de prueba de Artemis I.
La respuesta de la NASA y la solución para Artemisa II
Parte del problema, según se descubrió, fue la reentrada sin precedentes de la misión. Tras extensas pruebas y una revisión independiente, la NASA concluyó que había resuelto el problema y que modificar la estrategia de reentrada mitigaría cualquier riesgo.
La agencia norteamericana determinó que puede garantizar la seguridad de la tripulación utilizando el escudo térmico actual de Artemisa II mediante ajustes en la trayectoria de entrada a la atmósfera. Al modificar el entorno y la forma en que la nave interactúa con el aire, pueden predecir y controlar mejor la respuesta del material.
Los ingenieros desarrollaron modelos informáticos y pruebas más precisas que demostraron que, incluso con el desprendimiento de material carbonizado, el escudo tiene suficiente margen de seguridad. Los datos de Artemisa I confirmaron que las temperaturas internas de la cabina se mantuvieron estables (24 °C), lo que permite validar el uso del hardware existente.
Para las misiones posteriores, de Artemisa III en adelante, la solución definitiva es fabricar escudos térmicos con una permeabilidad consistente y uniforme. Esto asegura que los gases generados por el calor puedan escapar siempre de forma controlada, eliminando la acumulación de presión que causa las grietas. Además, los ingenieros concluyeron que la gruesa base compuesta de Orion, que contiene una estructura de titanio, podría mantener a la tripulación a salvo incluso si los bloques Avcoat externos se desprendieran por completo.

Votos a favor y en contra
En enero de 2026, NASA presentó los resultados de sus análisis, revisiones y la estrategia para mitigar los riesgos del escudo térmico de Artemisa II. Allí, distintos expertos expresaron posturas a favor y en contra de la decisión de avanzar con la misión.
“La NASA tenía un problema muy difícil de resolver, pero me complace compartir que el equipo hizo un trabajo excepcional“, afirmó Daniel Olivas, exastronauta de la NASA y miembro del Consejo Asesor de la NASA.
Sin embargo, no todos confían tanto en la decisión de la NASA. Charles Camarda, exastronauta de la NASA e ingeniero de investigación de escudos térmicos, quien ha criticado públicamente a la agencia espacial, también asistió a la reunión y continuó manifestándose en contra de la misión.
“La razón por la que esto es tan grave es que cuando el escudo térmico se está desprendiendo —o se desprenden grandes trozos—, incluso si la nave no se destruye, se está al borde de una falla inminente“, declaró Dan Rasky, experto en sistemas avanzados de entrada y materiales de protección térmica, quien trabajó en la NASA durante más de 30 años.
Por otro lado, los expertos de la misión sostienen la solución de la NASA. “Si seguimos la nueva trayectoria de reentrada que la NASA ha planeado, este escudo térmico será seguro para volar“, dijo Reid Wiseman, comandante de Artemisa II.
“Creo que tenemos motivos para confiar en la reentrada. Tenemos razones de sobra para esperar que la trayectoria sea exactamente la prevista. Eso les proporcionará el mejor recorrido posible durante la reentrada.” afirmó el experto Macaulay.
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