La Armada británica anunció la compra de 20 embarcaciones de superficie no tripuladas para incorporar nuevas capacidades en operaciones navales, entrenamiento y desarrollo tecnológico. La empresa británica Kraken Technology Group llevará a cabo el desarrollo, mediante un contrato por 12,3 millones de libras. La iniciativa busca reforzar el modelo de flota híbrida, en el que buques tradicionales operan junto con sistemas autónomos y no tripulados.

Según informó la propia Armada, el Coastal Forces Squadron y por el 47 Commando de los Royal Marines serán los operadores de estas unidades. El programa forma parte del llamado Project Beehive, que busca establecer una plataformas de pruebas para acelerar la adopción de nuevas tecnologías navales, mientras aporta una capacidad operativa desde el corto plazo. La licitación oficial, además, precisa que los barcos deberán servir para entrenamiento, desarrollo táctico, desarrollo de capacidades y operaciones dentro y fuera del área de responsabilidad del Reino Unido.
Los nuevos “botes dron” del Reino Unido
Con estas embarcaciones, la Armada incorpora plataformas abiertas y modulares. Los USV (Uncrewed Surface Vessel) de Kraken tendrán arquitectura abierta, lo que permitirá integrar nuevos sensores, equipos y funciones con rapidez a medida que evolucionen las necesidades operativas. La empresa se especializa en el diseño de embarcaciones autónomas de alto rendimiento, con estructuras compuestas, desarrollo rápido de prototipos y plataformas pensadas para adaptarse a distintos roles. En la práctica, eso convierte a estas unidades en bancos de prueba flotantes para ensayar vigilancia, escolta, reconocimiento, logística, búsqueda y rescate u otras misiones que hoy empiezan a ganar peso en los escenarios marítimos modernos.
La iniativa forma parte de una tendencia más grande del Reino Unido, que viene impulsando vehículos autónomos submarinos y embarcaciones de superficie operadas a distancia. De hecho, en un ejercicio reciente realizado en Escocia, participaron buques no tripulados controlados desde el barco experimental XV Patrick Blackett, en Portsmouth. Allí, estos vehículos siguieron y escoltaron a una nave de interés a unos 800 kilómetros de distancia. Ese tipo de ensayos mostró que Londres ya está en un proceso de incorporación progresiva de estos sistemas a su estructura naval.

El rol de los vehículos autónomos en el tablero internacional
El movimiento también encaja en una tendencia internacional más amplia. En los últimos años, Reino Unido, Estados Unidos y Australia profundizaron pruebas conjuntas con sistemas marítimos no tripulados en el marco de AUKUS, la asociación de seguridad trilateral que apunta a reforzar la seguridad y la estabilidad en el Indo-Pacífico. La idea es operar embarcaciones remotas a muy larga distancia y combinar medios tripulados y autónomos en despliegues reales. En ese contexto, la compra de estas unidades confirma que las marinas más avanzadas ya ven a los sistemas no tripulados como una herramienta para ampliar alcance, reducir riesgos para las tripulaciones y adaptarse a un entorno naval cada vez más automatizado.
Tal vez te interese: La Real Armada Británica moderniza el portaaviones HMS Prince of Wales con la instalación de capacidades de IA y computación avanzada











