El influencer turco Aloske Gang se viralizó en redes por compartir videos en los que explica cómo despegar un caza F-16 “por si llega a resultar útil”. El material incluye una explicación práctica de la cabina de vuelo y el procedimiento de despegue del aeronave de combate, a partir de un simulador virtual.

En redes, el tutorial se lee de dos maneras. Por un lado, como contenido técnico de interés para aficionados a la tecnología y a los sistemas de defensa. Por otro, como una forma de banalizar las plataformas militares y, por extensión, la guerra moderna.
El popular caza F-16
El F-16 Fighting Falcon es un caza monomotor multipropósito, famoso por su maniobrabilidad y su electrónica fly-by-wire, con capacidad para misiones aire-aire y aire-tierra. Según la Fuerza Aérea de EE.UU., opera a una velocidad de referencia de Mach 2 o 2.400 km/h. Tiene un techo superior a los 50.000 pies o 15.000 metros y un alcance de más de 3.200 km.
Es uno de los cazas occidentales más difundidos. Lo operan Estados Unidos, Turquía, Israel, Grecia, Egipto o Taiwán, entre muchos otros. Además, en los últimos años se sumó a la cartera de defensa de Ucrania y Argentina.

La guerra de las pantallas
La controversia del video no es que revele un secreto militar, sino que se enmarca dentro de una tendencia de la defensa moderna: la guerra de las pantallas. En el frente de los drones FPV, por ejemplo, el operador ve a través de gafas y una cámara, con una experiencia inmersiva que facilita la desconexión con lo real. En ese entorno, sumar bajas se vive con la lógica de un videojuego, como si los operadores estuvieran disputando una partida de Call of Duty, lo que termina deshumanizando conflictos donde mueren cientos de miles de personas. Bajo esa lectura, un tutorial de cómo despegar una aeronave de combate aporta a esa banalización, normalizando la guerra como entretenimiento.
En paralelo, en el panorama internacional, la nueva escalada militar en Medio Oriente volvió a poner a los drones, los misiles y la defensa aérea en el centro del debate, con impactos que incluso afectan energía y navegación global, como la crisis en el Estrecho de Ormuz. Y al mismo tiempo, la guerra en Ucrania sigue funcionando como laboratorio de tácticas modernas y empuja a gobiernos y opinión pública a consumir contenido militar a diario.
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Que pavada