Los Raptor son la familia de motores de cohete que SpaceX diseñó para impulsar a Starship, su sistema de lanzamiento súper pesado y reutilizable para viajar a la Luna y Marte. Funcionan con metano líquido y oxígeno líquido, lo que en la industria se conoce como methalox, y están pensados para algo mover mucha masa, muchas veces, y abaratar el costo por vuelo con reutilización rápida. En general, el sistema de propulsión es el corazón de cualquier cohete, y en este caso, sin Raptor no hay Starship.

La importancia del motor no se entiende solo por sus números, sino por el lugar que ocupa en el programa. Starship usa decenas de Raptor trabajando en conjunto. El booster Super Heavy despega con una pared de empuje y la etapa superior enciende sus motores para seguir acelerando y, finalmente, intentar la reutilización.
Fundamento operativo y primeros pasos
Para un abordaje técnico de los Raptor, es conveniente comenzar por su arquitectura interna. SpaceX eligió un ciclo llamado combustión escalonada de flujo completo o full-flow staged combustion. Antes de la cámara principal, el motor usa dos prequemadores, uno rico en oxígeno y otro rico en combustible, para mover turbobombas gigantes, pero haciendo pasar todo el flujo de propelentes por turbinas. La recompensa es un motor que, en teoría, puede sostener altas presiones de cámara y buena eficiencia, con un trato más amable para la turbomaquinaria que otros ciclos cerrados. La contracara es un diseño difícil de desarrollar, porque el control de mezclas, temperaturas y materiales se vuelve implacable.
Ese camino se construyó a golpes, literalmente. La primera fase pública de aprendizaje ocurrió con prototipos de vuelo suborbital, con el Starhopper que, en 2019 sirvió como banco de pruebas volador para un Raptor, para validar encendidos, control y aterrizaje en condiciones reales. Desde allí, SpaceX escaló a prototipos más grandes y maniobras más exigentes. En 2020, Starship SN8 voló con tres Raptor, probó un perfil de ascenso y descenso más ambicioso y dejó datos clave aun cuando terminó explotando. Es el tipo de iteración rápida que SpaceX usa para transformar un motor de laboratorio en un motor de flota.

El Raptor 2
A partir de 2021 a 2022 llegó un punto de inflexión industrial, el Raptor 2. En vez de una mejora incremental, SpaceX lo trató como una reestructuración para hacerlo fabricable y más robusto. La compañía de Elon Musk ocupó menos piezas delicadas, menos bridas y más soldaduras, menos complejidad externa y más tolerancia a vibración y calor.
En paralelo, el programa necesitaba motores capaces de bancarse pruebas repetidas en un conjunto de decenas. En febrero de 2023, por ejemplo, SpaceX hizo un encendido de gran escala en el booster con 31 de 33 motores. Estos ensayos anticipaban el desafío real: que no funcione un motor, sino un gran cuerpo de motores a la vez.
Con esa base, Starship entró en su etapa de vuelos integrados. En abril de 2023 despegó el primer stack completo y, aunque el resultado fue destructivo, dejó una conclusión técnica que se repite desde entonces. El problema central ya no es solo el rendimiento del motor individual, sino la coreografía de encendidos, apagados, control vectorial y supervivencia térmica de un sistema de propulsión de escala inédita. Un año después, la NASA describió públicamente vuelos de prueba con 33 Raptor en Super Heavy y seis en la etapa superior, más separación con hot staging, señal de que el aprendizaje de propulsión se estaba convirtiendo en procedimiento repetible. En este sentido, la agencia espacial norteamericana está estrechamente vinculada al Starship, como parte de su programa de colonización espacial de la Luna y Marte.

Una variante para volar en el vacío
Mientras tanto, Raptor también se diversificó. Para el vacío existe la variante Raptor Vacuum (RVac), con una tobera más grande para mejorar eficiencia fuera de la atmósfera. En 2020 se reportaron pruebas de encendido completas en banco, porque el motor que sirve para despegar no es óptimo para un empuje sostenido en el espacio. Esta separación de roles es clásica en astronáutica, pero en Starship se vuelve estratégica: el objetivo final incluye maniobras orbitales, reingresos controlados y, más adelante, reabastecimiento en órbita.
El Raptor 3 y el futuro del sistema Starship
Hoy, el foco está puesto en la variante Raptor 3 y la Starship V3. En las últimas semanas, medios especializados reportaron que SpaceX apunta a un vuelo de prueba de Starship “Version 3” hacia mediados de marzo de 2026, con el debut de motores Raptor 3 y un aumento fuerte de capacidad respecto de versiones anteriores. Si ese salto se consolida, no solo será un motor más potente, sino la validación de que SpaceX está transformando un desarrollo de I+D en un producto de producción y operación rápida. Además, posicionaría a la compañía un paso más cerca de la capacidad necesaria para sostener un programa lunar y su ambición marciana.
En el contexto global, la apuesta Raptor también es una apuesta industrial. El uso de methalox permite un sistema más limpio que queroseno en términos de depósitos y reutilización. Además, es consistente con la narrativa de producir combustible in situ en Marte.
Sin embargo, la economía de escala aplicada a un motor de ciclo muy exigente. Si SpaceX logra que Raptor sea confiable, barato de fabricar y rápido de reacondicionar, Starship deja de ser un prototipo espectacular y pasa a ser una infraestructura. Y ahí recién empieza la verdadera liga pesada, con cadencias altas y misiones interplanetarias repetitivas, para concretar el sueño de explotar la Luna, el Planeta Rojo, y todo lo que venga después.
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