China se prepara para un ensayo decisivo de su nueva nave tripulada Mengzhou, una pieza central de su arquitectura lunar: una prueba de aborto en vuelo durante el tramo de mayores cargas aerodinámicas del ascenso, conocido como max Q. En paralelo, en análisis recientes circula la idea de que Pekín podría intentar recuperar la primera etapa del Long March-10A en esa misma misión. Sin embargo, por ahora ese punto no está confirmado por ninguna de las agencias espaciales chinas.

El objetivo general del ensayo es demostrar, en condiciones de carga máxima, que el sistema puede salvar a la tripulación si el lanzador falla. Este es un requisito fundamental para certificar la nave para vuelos tripulados a órbita baja y, más adelante, a misiones lunares. A la vez, la reutilización de etapas se volvió el diferencial de la industria espacial, puesto que habilita a lanzar más seguido y reducir costos.
Lo que se lee de imágenes de la costa China
El debate de la reutilización surgió a partir de varios posteos en X que afirman que China “intentará recuperar la primera etapa” durante el ensayo de Mengzhou, junto con fotos de plataformas marítimas. En las imágenes se distinguen estructuras flotantes con pórticos metálicos y grúas y marcos tipo A-frame, elementos típicos de operaciones de izado y manipulación de cargas en el mar. Eso es compatible con tareas de recuperación o asistencia, pero por sí solo no permite identificar la función exacta. De hecho, plataformas similares también se usan para logística portuaria, montaje, remolque o trabajos de infraestructura.
Las imágenes por sí solas son un buen indicio, pero no una confirmación. Si efectivamente hubiera recuperación, en breve debería verse una cadena completa de soporte —zona marítima delimitada, embarcaciones de apoyo, procedimientos de seguridad y comunicaciones. Sin embargo, dado el hermetismo que mantiene China alrededor de sus operaciones espaciales y de defensa, no sorprende que vaya a intentar una maniobra que no comunicó oficialmente.
Sea como sea, si China llegara a combinar un test de aborto en vuelo y un intento de reutilización en una misma misión sería una señal clara de ambición operativa. Una prueba de aborto en vuelo por si sola es un examen de seguridad muy complejo y en condiciones límite. Si a eso se suma la recuperación de una etapa íntegra, Pekín demostraría que se encuentra en condiciones de competir con los gigantes espaciales de la reutilización, como SpaceX.
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