La Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) es el organismo del Estado argentino que planifica y conduce la mayor parte de la actividad espacial civil del país. En la práctica, funciona como la agencia espacial que define las misiones que se llevan a cabo y su función: transforma capacidades espaciales en servicios e información útiles para la vida cotidiana, la producción y la gestión del territorio.

En Argentina, la CONAE articula políticas públicas y desarrollo tecnológico a través del Plan Espacial Nacional, que fija objetivos y líneas de trabajo. Entre esos ejes, las telecomunicaciones y la observación de la Tierra son objetivos fundamentales.
Antecedentes y origen
Antes de la CONAE existió la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE), creada en 1960 y enmarcada en el ámbito de la Fuerza Aérea Argentina. La CNIE fue el primer organismo que ordenó las actividades espaciales del país y abrió la puerta a cooperación con instituciones nacionales e internacionales para realizar experimentos científicos, sobre todo de estudios atmosféricos, usando cohetes sonda y globos estratosféricos.
Ese recorrido fue el antecedente de la CONAE. A fines de los 80, la lógica internacional de espacio como infraestructura civil empujó a Argentina a consolidar un organismo específico para coordinar proyectos de largo plazo y sus aplicaciones. En ese marco, el Decreto 995/1991 crea la CONAE y la define como el organismo estatal competente para entender, diseñar, ejecutar, controlar, gestionar y administrar emprendimientos espaciales, con foco en el uso pacífico y en las aplicaciones prácticas.

¿Cuál es el rol técnico de la CONAE?
En la práctica, la CONAE actúa como arquitecta y dueña de misión. Define qué problema se quiere resolver, fija los requisitos, arma el plan de desarrollo y contrata a quienes ejecutan cada parte. La Comisión no hace el satélite o el lanzador en el sentido industrial. En cambio, lo desarrolla por programa y lo integra con una red de contratistas y organismos, como INVAP o VENG.

Además, la agencia coordina centros espaciales y estaciones, como el Centro Espacial Teófilo Tabanera (CETT). Allí, concentra capacidades clave: estación terrena, centro de control de misión y laboratorios de integración y ensayos satelitales.
Por su parte, CONAE también es el nexo cooperativo-tecnológico con otras naciones. El mejor ejemplo es el sistema ítalo-argentino SIASGE, en el que satélites argentinos (los SAOCOM) e italianos (los COSMO-SkyMed) integran una red de observación de la Tierra. Este acuerdo busca combinar observaciones y entregar información rápida para gestión de emergencias.
Lo mismo vale para misiones más locales como el CubeSat nacional ATENEA. La CONAE actúa como integradora del proyecto , aunque el desarrollo esté distribuido entre varias universidades e instituciones del ecosistema nacional.
En otras palabras, el valor de la CONAE está en convertir capacidades dispersas en una misión operable, con datos y resultados concretos, y con infraestructura propia para control y recepción en territorio argentino.

Una agencia espacial con todas las letras
En perspectiva, el valor de la CONAE no se mide solo por la cantidad de satélites argentinos en órbita (aunque tenga bastantes), sino por las soluciones que habilita a partir de tecnología espacial. Con capacidades ya instaladas, coordina para traducirlas en proyectos e infraestructura: comunicaciones, información para monitorear el territorio, datos para gestionar recursos y herramientas para actuar ante emergencias con rapidez y eficiencia. Ese es, en esencia, su rol dentro del sistema espacial argentino.
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