El IAR explica su aporte a ATENEA: precalificó las antenas del satélite para garantizar comunicaciones a 70.000 km en Artemisa II

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El Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR) explicó su aporte a ATENEA, el satélite argentino que volará al espacio en la misión Artemisa II de la NASA. El organismo realizó las pruebas de precalificación electromagnética de las antenas del CubeSat, que lo ayudarán a sostener comunicaciones a 70.000 km de la Tierra, una distancia récord para un desarrollo nacional.

El IAR trabajó sobre las antenas de ATENA en su sala limpia y su cámara anecóica.
El IAR trabajó sobre las antenas de ATENA en su sala limpia y su cámara anecóica. Fuente: IAR.

La participación del IAR se da en el marco del proyecto ATENEA liderado por la CONAE, junto con universidades y organismos nacionales. El objetivo es desarrollar un demostrador tecnológico para enviar al espacio como carga secundaria de la misión Artemisa II de la NASA, que llevará astronautas de vuelta a las inmediaciones de la Luna.

En particular, el IAR publicó un reporte que detalla las tareas realizadas por un equipo de diez profesionales del instituto, coordinado desde el área de Transferencia y Vinculación Tecnológica a cargo de Martín Salibe.

¿Para qué calificar las antenas satelitales?

Desde el punto de vista técnico, el trabajo consistió en medir y validar cómo se comportan las antenas cuando están instaladas en el satélite. La necesidad de esa precalificación está directamente asociada a la distancia de operación. A 70.000 km, variaciones en el patrón de radiación o en la ganancia efectiva reducen la potencia que se recibe desde la Tierra y afectan la confiabilidad del enlace.

Una antena no radia igual cuando está sola que cuando está integrada a una estructura. El cuerpo del satélite y los componentes cercanos modifican el patrón de radiación, hacia dónde se distribuye la energía de la señal. Para representar esa condición real, el IAR construyó un prototipo idéntico a ATENEA y ensayó el sistema completo. Primero evaluó antenas de prueba y luego las antenas finales destinadas al vuelo.

Para realizar las mediciones, el trabajo se apoyó en infraestructura propia del IAR. El instituto cuenta con una sala limpia para analizar e integrar componentes de vuelo en ambiente controlado. Sin embargo, el personaje principal de estos ensayos fue la cámara anecoica —un recinto recubierto con material absorbente de radiofrecuencia— que permite medir antenas y equipos minimizando reflexiones, como si se tratara de un entorno controlado comparable al espacio desde el punto de vista electromagnético. Esa combinación de método, instalaciones y experiencia previa es el aporte del IAR, que convertió un componente crítico en un sistema verificado.

Calificación de la antena de ATENEA en la cámara anecóica del IAR.
Calificación de la antena de ATENEA en la cámara anecóica del IAR. Fuente: IAR.

Un satélite argentino en una misión de alta complejidad de la NASA

El objetivo de ATENEA es tanto científico como de validación tecnológica. El satélite medirá la radiación del entorno, evaluará componentes para uso espacial, captará datos GPS y probará enlaces de comunicación de largo alcance. Básicamente operará como demostrador: si el satélite logra operar bien a 70.000 km, con condiciones mucho más duras que las de órbita baja, prueba el alto nivel de madurez tecnológica de hardware nacional para misiones posteriores.

En el plano internacional, Artemisa II agrega una exigencia adicional. Al ser una misión tripulada, cuenta con protocolos y requerimientos de calidad mucho más estrictos que las misiones comunes. Para el IAR, ese estándar condiciona cómo se ensaya, cómo se documenta y cómo se valida. Ahora, solo queda esperar que ATENEA se encuentre en el espacio, para que el satélite active sus comunicaciones y podamos confirmar la efectividad de la ciencia argentina a más de 70.000 km de la Tierra.

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