La ciudad de Baotou es la segunda ciudad más grande de Mongolia Interior, y es el corazón histórico del sector minero de tierras raras de China. En la actualidad, Baotou está dedicando sus esfuerzos a establecer una cadena de producción completa de última generación que se cimiente sobre la minería de tierras raras, para posicionarse como una ciudad íntegra de defensa e innovación. Y China quiere reproducir este esquema en todos los centros mineros del país.
Las tierras raras constituyen el punto de partida para la innovación industrial integrada, puesto que tienen cualidades únicas que permiten crear mejores imanes. La explicación está en la química: la disposición de los electrones en los elementos de tierras raras generan un mayor magnetismo. Además, ese magnetismo se ve aumentado por la anisotropía característica de estos compustos, que es la tendendia de formar estructuras internas en distintas direcciones particulares. De esta forma, los imanes producidos con tierras raras tienen alta remanencia y potencial energético, lo que se traduce en motores con mayor par y, por ende, mayor potencia.
Según el Registro Geológico de los Estados Unidos (USGS), en 2024, la producción minera de óxidos de tierras raras estuvo concentrada en 12 paises. Del total producido, estimado en 390.000 toneladas a nivel mundial, un 70% corresponde a China (unas 270.000 toneladas). En un tercer plano, un 11,5% de esa producción corresponde a Estados Unidos (unas 45.000 toneladas), y casi un 8% a Myanmar (unas 31.000 toneladas). El resto de la producción de ese período se dividió entre Australia, Nigeria, Tailandia, India, Rusia, Madagascar, Vietnam, Malasia y Brasil, con cantidades casi despreciables en todos los casos.
De esta forma, China tiene una ventaja competitiva incomparable para el desarrollo de nuevas tecnologías que impulsan sectores estratégicos como SpaceTech, defensa e innovación.

El caso de Baotou
En este contexto, Baotou vio una oportunidad. La ciudad estableció un flujo sinérgico en el que las tierras raras se distribuyen a fábricas de imanes y motores. Estos insumos siguen líneas de producción que culminan en drones eVTOL mega avanzados e incluso robots humanoides. El resultado es una potencia industrial igualable.
Ahora, los planes de la ciudad proyectan una red de bases aéreas para realizar pruebas y entrenar drones, además de apoyar un esquema logístico completo con UAV.
Este esfuerzo se basa en la Zona de Alta Tecnología de Tierras Raras, una zona de desarrollo de alta tecnología establecida en 1990, que funciona como polo industrial. Tiene un Comité de Gestión y una estructura de gobierno local para planificar suelo, atraer empresas, habilitar proyectos, entre otras. En esa región se concentran los fabricantes de componentes y los integradores, para acelerar la cadena productiva y simplificar la cadena de suministro, integrando un ciclo completo, desde la minería y la producción de imanes hasta la fabricación de motores y drones.
Basándose en el esquema de Baotou, China está apostando a convertir los centros minerales en ecosistemas integrales productivos. Para ello, está promoviendo que los gobiernos locales que cuentan con capacidad propia de procesamiento de tierras raras desarrollen capacidades de fabricación de componentes, y parques industriales de drones y robótica.
Un ejemplo claro es la ciudad de Mianyang, en la provincia de Sichuan, que viene relizando grandes inversiones en la construcción de imanes permanentes. Así, se está consolidando como centro regional de investigación y desarrollo de defensa.
Una mercado multimillonario: la economía de baja altitud
Por su parte, otras ciudades productoras de tierras raras, como Ganzhou, en la provincia interior de Jiangxi, se están enfocando en economía de baja altitud. Esto es, la cadena de producción que abastece las actividades realizadas el espacio aéreo por debajo de los 1000 metros, como la entrega, la vigilancia, el turismo y el transporte aéreo urbano.
En particular, Ganzhou desarrolló un parque de motores de imanes permanentes conectado directamente con un parque industrial de economía de baja altitud. De hecho, drones logísticos ya están operando para conectar Jiangxi con las principales redes de entrega que dan servicio al delta del río Perla.
Otro ecosistema de baja altitud está surgiendo en la provincia de Fujian, vecina de Jiangxi.
La Administración de Aviación Civil de China proyecta que el sector alcanzará un valor de hasta US$ 500.000 millones en la próxima década.
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