La Agencia Espacial Europea (ESA) y la empresa de Luxemburgo ClearSpace anunciaron una nueva misión de demostración en órbita llamada PRELUDE. El objetivo es probar maniobras de encuentro y vuelo en formación entre dos pequeñas naves, para validar tecnologías que puedan usarse para mantenimiento orbital y o la remoción de basura espacial.
En el mundo espacial, las operaciones de proximidad (RPO) son de las tareas más exigentes. Se debe estimar con precisión la posición y la velocidad relativas, controlar la trayectoria y mantener márgenes de seguridad para que las naves no acaben en una colisión. PRELUDE busca llevar esas maniobras a condiciones reales de vuelo, con una ventana de lanzamiento prevista para 2027.
La clave para el éxito de la misión será la navegación relativa de alta precisión. Cada nave debe poder identificar la posición de su compañera en tiempo real. Para ello, PRELUDE se apoya en sistemas de seguimiento y navegación que combinan sensores y cámaras para poder medir y maniobrar con precisión.
Es válido aclarar que esta primera instancia será de validación de operaciones de proximidad, y no se ensayarán aún tecnologías robóticas de captura de objetos, que tienen otro nivel de complejidad para el mantenimiento y la remoción de basura.

De la demostración al servicio
PRELUDE se enmarca en la agenda de seguridad espacial de la agencia europea. De hecho, Tiago Soares, ingeniero vinculado al área de Space Safety de la ESA, lo presentó como un paso para sostener el liderazgo europeo en operaciones seguras y habilitar servicios comerciales en órbita.
Mientras tanto, para ClearSpace, PRELUDE es una misión para juntar experiencia operacional y validar conceptos que después se podrán escalar hacia servicios repetibles.
Por su parte, PRELUDE se apoya en la misma familia de capacidades necesarias para la misión ClearSpace-1, el proyecto de ESA para capturar y desorbitar el satélite Proba-1 de 95 kg. Esta misión se considera un hito porque implica trabajar con un objeto no cooperativo. Según la agencia, ClearSpace-1 se lanzará en 2029 y utilizará cuatro brazos robóticos para la captura.
En esa lógica, PRELUDE funciona como un banco de pruebas en vuelo para dominar la aproximación, la medición y la maniobrabilidad con seguridad. Si esta primera misión sale bien, el resto del servicio en órbita pasa de promesa a ingeniería operable.
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