El lunes 7 de octubre, el mundo despertaba con la noticia de una de las misiones espaciales más importantes del año. SpaceX, junto con la Agencia Espacial Europea (ESA), lanzaba la sonda Hera con destino a Dimorphos. Este satélite natural proviene de un asteroide llamado Didymos, que orbita alrededor de la Tierra, a 10,6 millones de km.
Hace dos años, la NASA hizo historia al enviar la misión DART (Double Asteroid Redirection Test), cuyo objetivo era el impacto y modificación de la órbita de este mismo satélite Dimorphos. Si bien el asteroide no supone una amenaza para nosotros, los científicos querían comprobar si podían cambiar su trayectoria para, algún día, protegernos de una verdadera amenaza.
El experimento fue un éxito ya que, efectivamente, la misión logró cambiar la órbita del asteroide. Sin embargo, las malas noticias son que los especialistas no llegan a comprender por qué funcionó. Por ello, hay muchas preguntas sin resolver como qué ocurrió exactamente después del impacto, de qué está compuesta la superficie del asteroide o qué tan bien funcionó la desviación.
En ese contexto, Hera representa la solución para resolver todas esas cuestiones. Su misión es investigar y recopilar información del asteroide tras el impacto y la desviación, reuniendo datos sobre la estructura, composición y masa del asteroide para convertir esta técnica de impacto en un método de defensa planetaria controlado y reproducible.
¿Por qué necesitamos proteger nuestro planeta?
En 1908 un enorme destello, seguido de un fuerte impacto, asoló la región de Tunguska, Siberia. Un asteroide de origen desconocido cayó, convirtiéndose en el asteroide más grande jamás registrado, de unos 50-60 m de tamaño.
El temblor se percibió hasta casi 1.000 km, lo que significa que incluso en Londres pudieron sentir la onda expansiva. Desde ese momento, varias agencias espaciales fijaron como objetivo la búsqueda de asteroides potencialmente peligrosos para la Tierra.
Según la NASA, hay 35.000 asteroides que podrían colisionar con nuestro planeta. Por ende, conociendo este riesgo, las agencias espaciales lanzaron esta propuesta de protección espacial DART para la desviación y Hera para el estudio del asteroide.
Cómo seleccionaron el asteroide para explorar
Hay distintos motivos por los que la agencia seleccionó el satélite Dimorphos para su estudio. El primero reside en que tanto el satélite como Didymos no son un riesgo real para la Tierra, por lo que su desviación no supondría ningún problema accidental. Además, este sistema satelital es bastante accesible para nosotros, ya que orbita cerca de la Tierra, permitiendo calcular con precisión cualquier variación de la órbita. Otra razón de estudio es el tamaño del asteroide, que cuenta con 150 m de diámetro.
Actualmente se conocen el 95% de todos los objetos cercanos con más de 1 km de tamaño. Sin embargo, la mayoría de asteroides más pequeños son más difíciles de detectar y por ende representan un mayor desafío, puesto que son cuerpos que podrían devastar ciudades enteras con su impacto.
¿Qué se espera encontrar en Dimorphos?
Patrick Michelle, el investigador principal de Hera, afirma: “Realmente no conocemos con exactitud el impacto que la sonda de la NASA tuvo en el satélite. Hay dos opciones potenciales: podríamos encontrar un cráter de tamaño desconocido o un asteroide completamente deformado por el impacto”.
Lo que se conoce actualmente es que la misión cumplió con el objetivo de modificar la órbita de Dimorphos sobre Didymos, que inicialmente era de 11 horas y 55 minutos en dar una vuelta completa y, tras la colisión, el giro se redujo 33 minutos, es decir, 11 horas y 22 minutos.
Por otro lado, los investigadores conjeturan que el choque de la sonda con el satélite habría generado un cráter gigante, probablemente el mayor formado por el hombre. Pero simulaciones recientes sugieren que el impacto podría haber deformado completamente el asteroide: el 8% de la masa del asteroide pareciera haberse desplazado alrededor de su cuerpo y el 1% habría sido arrojada al espacio.
Michelle afirma que el impacto generó una gran cantidad de eyectores que ahora mismo viajan a decenas de kilómetros de la Tierra y que, en algunos años, podremos ver en forma de estrellas fugaces y sin ningún riesgo de impacto en el planeta.
¿Cómo llegamos a Dimorphos?
La misión tardará 2 años en llegar a Didymos y, para ello, tendrá que realizar dos cambios de ruta. En marzo de 2025, Hera pasará por Marte para realizar un flyby y tomar impulso para finalmente poder llegar a su destino. Esta se acercará a 6.000 km de la superficie del planeta rojo, más cerca incluso que las dos lunas marcianas. En este punto, la órbita de Hera será modificada para que apunte toda su instrumentación hacia la luna más pequeña de Marte, Deimos, lo que le permitirá posicionarse en la ruta correcta hacia el asteroide.
La segunda maniobra ocurrirá en octubre de 2026 cuando Hera será capturado por el sistema Didymos y comenzará a gravitar sobre él. Se estima que la gravedad de Didymos y la de Dimorphos es 40.00 y 200.000 veces menor que la de la Tierra, respectivamente.
Esto significa que Hera deberá mantener una velocidad muy baja para poder mantenerse en órbita y estudiar ambos asteroides. Para ello, tendrá que realizarse ajustes regulares para evitar que este pueda perderse en el vacío o peor, aterrizar en el asteroide, ya que a pesar de que Hera está codificado para poder aterrizar, se perdería inmediatamente la señal con la Tierra, lo que supondría el fin de la misión.

La tecnología necesaria para inspeccionar un asteroide
Hera contiene 12 instrumentos para la observación y el estudio preciso de ambos asteroides. En primer lugar, cuenta con una cámara de última generación, para la obtención de imágenes detallas de los asteroides. Por su parte, lleva un altímetro láser para conocer la topografía del asteroide, y una cámara de amplio espectro, para conocer su composición del satélite. Por último, cuenta con un emisor de radiofrecuencias para medir la masa y la gravedad del cuerpo.
Pero, sin duda, el elemento más sorprendente de esta misión es la inclusión de dos “drones espaciales” o “microsatélites”. Estos drones, Juventus y Milani, representan un hito en la investigación espacial, ya que permiten estudiar más detalladamente y sin riesgo para la misión.
Además, cada uno tiene un objetivo específico. Juventus se encargará de recopilar información de la estructura interna de Dimorphos, mientras que Milani estudiará la composición mineralógica del planeta y sacará muestras del polvo del impacto de la sonda DART para conocer más detalles sobre este.

El final de una misión exitosa
Para el final de los seis meses de exploración que realizará Hera sobre el asteroide, los investigadores obtendrán una mayor comprensión del delicado arte de la deflexión de los asteroides y el impacto de estos se convertirá en el primer desastre natural evitable por la humanidad.
La defensa planetaria representa un problema para todos y es necesaria la colaboración trasversal de las agencias espaciales, siendo Hera el ejemplo perfecto de esto.
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