La Antártida no se está derritiendo de manera uniforme, pero sí está cediendo hielo justo donde más importa. Un nuevo análisis con imágenes satelitales estima que, en las últimas tres décadas, el continente perdió casi 13.000 kilómetros cuadrados de hielo asentado sobre roca. Ese retroceso ocurre, sobre todo, por el calentamiento del océano que erosiona los bordes más frágiles.

La clave del estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), no es solo cuánta superficie se perdió, sino dónde. Los investigadores siguieron el desplazamiento de la línea de base o grounding line, el límite entre el hielo apoyado en el lecho rocoso y el que flota como plataforma sobre el mar. Cuando esa línea se corre hacia el interior, más hielo terrestre queda en condiciones de terminar alimentando el aumento del nivel del mar.
Para medirlo con precisión, el equipo Universidad de California, Irvine, liderado por Eric Rignot, combinó décadas de observaciones de radar de múltiples satélites. La técnica se apoya en radar de apertura sintética e interferometría, capaz de detectar cambios muy pequeños en la elevación. En la práctica, comparan cómo suben y bajan con las mareas las plataformas flotantes, mientras el hielo anclado permanece fijo. Esa diferencia permite ubicar la transición y reconstruir su movimiento a lo largo del tiempo. En el conjunto aparecen misiones europeas, canadienses, japonesas, italianas, alemanas, argentinas y también constelaciones comerciales.
Los resultados del análisis satelital
Los resultados muestran, por un lado, que más del 77% de la costa antártica no tuvo migraciones detectables de la línea de base, lo que sugiere estabilidad en grandes sectores. Por el otro, el retroceso se concentra en regiones vulnerables: Antártida Occidental, partes de la Península Antártica y algunos tramos de la Antártida Oriental. Los máximos se observaron en la zona del mar de Amundsen y el sector Getz, con retrocesos de hasta 42 km.
¿Por qué ahí? Porque hay canales submarinos profundos que llevan agua relativamente cálida hasta la base de los glaciares. Esa agua derrite el hielo desde abajo, adelgaza las plataformas flotantes y les quita capacidad de sostener a los glaciares que vienen detrás. “Es como un globo que no está pinchado en todas partes, pero donde está pinchado, está pinchado profundo”, resumió Rignot.

El estudio también deja preguntas abiertas, como un tramo del noreste de la Península Antártica donde hubo colapsos de plataformas y retrocesos fuertes, pero sin una evidencia directa igual de clara sobre el rol del calentamiento oceánico. Y, además de describir el pasado, el registro sirve como prueba de realidad para los modelos que proyectan cuánto puede subir el mar en el futuro.
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