
La incorporación de vehículos autónomos forma parte de la ampliación de los medios robóticos del BAS para investigar ambientes de difícil acceso y reforzar las capacidades de vigilancia británicas. Su empleo permite obtener mediciones cerca de los glaciares y realizar relevamientos del fondo marino sin enviar una embarcación tripulada a cada sector de estudio. Además, su arquitectura adaptable permite incorporar sensores para misiones militares, lo que facilita extender la cobertura de observación en regiones de difícil acceso, monitorear el tráfico marítimo y proteger áreas de interés.
Características técnicas y capacidades
La familia ORYX comprende tres modelos que se diferencian por su tamaño, permanencia en el mar y capacidad para transportar equipos.
El H-8 tiene 7,71 metros de eslora, desplaza 1,6 toneladas y ofrece hasta diez días de autonomía, con un alcance de 1.852 km. El H-9 alcanza nueve metros de eslora, 2,1 toneladas y hasta veinte días de autonomía, con un alcance de 3.704 km. Y el O-16 tiene 15,75 metros, desplaza 10,5 toneladas y puede permanecer hasta treinta días en misión, con un alcance de 6.482 kilómetros. Estas prestaciones varían según la velocidad, los sensores instalados y las tareas de remolque.
La operación de los USV está basada en navegación autónoma con supervisión remota desde tierra o un buque.
La variante O-16 incorpora propulsión híbrida y medios para desplegar y recuperar vehículos submarinos, equipos remolcados y drones aéreos, lo que permite reunir distintos instrumentos alrededor de una misma plataforma.

Una plataforma autónoma de uso dual
Para la investigación polar, el BAS afirma que los vehículos están equipados con sensores de conductividad, temperatura y profundidad, que permiten caracterizar el agua y calcular su salinidad. Además, cuentan con perfiladores acústicos, que miden la velocidad y dirección de las corrientes, y ecosondas multihaz, que utilizan pulsos sonoros para reconstruir el relieve del fondo. Se suman instrumentos meteorológicos y oceanográficos para relacionar esas mediciones con las condiciones del entorno.
En las configuraciones de vigilancia, el ORYX contempla radares, cámaras diurnas e infrarrojas, receptores de identificación automática de buques y sensores acústicos. Estos sensores permiten detectar y seguir embarcaciones, y obtener información sobre lo que ocurre tanto en la superficie como bajo el agua.
Además, la plataforma cuenta con Neptis, el sistema de vigilancia marítima desarrollado por Exail, con el que los operadores pueden coordinar varios vehículos desde un mismo centro de control. El sistema reúne datos de radares, cámaras y sensores en una interfaz común para observar lo que ocurre en la superficie y bajo el agua. También permite planificar recorridos, seguir los contactos detectados y modificar las tareas de cada vehículo durante la misión, con supervisión desde tierra o desde un buque.
Estas capacidades corresponden a las configuraciones disponibles de la familia y no implican que todos esos sensores estén instalados en los vehículos del BAS.
Una flota para estudiar el deshielo en Groenlandia
Una de las aplicaciones recientes de estos vehículos fue su participación en GIANT, un proyecto internacional liderado por el BAS para estudiar cómo interactúan los glaciares de Groenlandia con el océano. La investigación busca comprender cómo el agua oceánica acelera el deshielo y cómo el aporte de agua dulce puede modificar la circulación del Atlántico Norte, que transporta calor e influye sobre el clima. Para observar estos procesos, la campaña combinó vehículos autónomos de superficie, robots submarinos, drones aéreos e instrumentos oceanográficos.
Según el balance del BAS, publicado el 9 de octubre, el equipo trabajó durante treinta días en el fiordo 3-miippugut, frente al glaciar Sorgenfri Gletsjer, en el este de Groenlandia, con apoyo del buque RRS Sir David Attenborough. Los USV obtuvieron mapas e imágenes de la parte superior del frente glaciar, mientras los robots submarinos Gavia y ecoSUB relevaron los sectores sumergidos. En conjunto, estos vehículos produjeron treinta mapas del frente de hielo, complementados con observaciones simultáneas de drones aéreos para registrar sus cambios a lo largo de la campaña.
Los datos permitirán mejorar los modelos que describen el derretimiento de los glaciares y el recorrido del agua dulce a través de los fiordos hasta el Atlántico. Los resultados se incorporarán al modelo del sistema terrestre del Reino Unido, con el objetivo de contribuir al desarrollo de un sistema de alerta temprana sobre cambios importantes en la circulación oceánica.
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