EE.UU. crea un comando específico para guerra autónoma mientras abre una compra de 60.000 drones de ataque

Un soldado del Ejército de los EE. UU. asignado a la 25ª División de Infantería participa en la Semana de Relámpago Tropical 202. Crédito: SGT Taylor Gray.

Un soldado del Ejército de los EE. UU. asignado a la 25ª División de Infantería participa en la Semana de Relámpago Tropical 202. Crédito: SGT Taylor Gray.

Estados Unidos avanzó esta semana con dos decisiones destinadas a acelerar la incorporación de sistemas no tripulados a sus Fuerzas Armadas: el Pentágono anunció la creación de un nuevo comando militar de cuatro estrellas dedicado a la guerra autónoma, los drones y la robótica, mientras la Defense Innovation Unit abrió una nueva fase de adquisiciones por US$450 millones para comprar aproximadamente 60.000 drones de ataque unidireccional.

El nuevo Autonomous Warfare Command (AUTOWARCOM) fue anunciado el 30 de septiembre por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, durante un discurso en Quantico. El organismo tendrá como objetivo concentrar y acelerar el desarrollo, adquisición e integración de sistemas autónomos dentro de las Fuerzas Armadas estadounidenses y estará encabezado por un oficial de cuatro estrellas.

Según el cronograma presentado por el Pentágono, AUTOWARCOM apunta a alcanzar su estructura operativa durante octubre de 2027. Será el primer nuevo comando de este nivel creado por Estados Unidos desde el establecimiento del U.S. Space Command en 2019 y buscará reducir los tiempos que actualmente separan el desarrollo de nuevas tecnologías de su incorporación efectiva al campo de batalla.

El anuncio coincidió con otro movimiento de escala. El programa Drone Dominance abrió su Fase III con US$450 millones destinados a adquirir cerca de 60.000 pequeños drones de ataque, divididos entre misiones de ataque en profundidad y combate a corta distancia. El programa contempla además una opción para incorporar hasta 40.000 unidades adicionales.

Un comando militar dedicado a sistemas autónomos

AUTOWARCOM tendrá un rango equivalente al de otros grandes comandos militares estadounidenses y concentrará esfuerzos actualmente distribuidos entre diferentes organismos y fuerzas. La iniciativa forma parte de un intento del Pentágono por acelerar la incorporación de tecnologías que durante los últimos años pasaron de ocupar un lugar experimental a convertirse en sistemas centrales dentro de conflictos de alta intensidad.

Hegseth señaló que Estados Unidos necesita combinar plataformas avanzadas y costosas con sistemas autónomos producidos en grandes cantidades, especialmente drones que puedan ser desplegados rápidamente y reemplazados a un costo menor que las armas convencionales.

La guerra en Ucrania aceleró particularmente esa transformación. Vehículos aéreos no tripulados de bajo costo son utilizados actualmente para reconocimiento, adquisición de blancos, ataques contra vehículos y posiciones terrestres, interdicción logística y operaciones a decenas o cientos de kilómetros detrás del frente.

El Pentágono busca trasladar esa velocidad de innovación a una estructura institucional capaz de desarrollar, comprar y desplegar sistemas sin atravesar los ciclos tradicionales de adquisición que pueden extenderse durante años. La organización inicial del nuevo comando se realizará a través del denominado Project Agincourt, mientras se prepara su transición hacia un mando encabezado por un general o almirante de cuatro estrellas.

US$450 millones para unos 60.000 drones de ataque

En paralelo, la nueva etapa del programa Drone Dominance muestra la escala material que Washington pretende alcanzar. La Fase III destinará US$450 millones a aproximadamente 60.000 drones de ataque unidireccional, repartiendo los fondos entre dos tipos de misiones: Deep Strike y Close Quarter Battle (CQB).

Los primeros estarán destinados a localizar, identificar y atacar objetivos desde posiciones alejadas, con escenarios que contemplan operaciones a distancias de alrededor de 20 kilómetros. El Pentágono busca además capacidades como control de múltiples vehículos por un mismo operador, reconocimiento automatizado de blancos y navegación basada en visión artificial.

Los drones destinados a combate cercano deberán operar en escenarios urbanos y otros espacios restringidos, acompañando a las fuerzas terrestres y atacando objetivos en rápida sucesión. Ambas categorías serán evaluadas además en ambientes donde las señales GNSS y las comunicaciones estén degradadas o directamente bloqueadas, una exigencia que apunta a reducir la dependencia de enlaces tradicionales frente a sistemas de guerra electrónica.

La convocatoria prevé dividir aproximadamente por mitades las futuras órdenes entre ambos conjuntos de misiones. Si el Pentágono ejecuta también la opción prevista dentro del programa, la fase podría crecer desde los 60.000 vehículos iniciales hasta 100.000 drones.

Competencias para elegir qué drones llegan a las tropas

Drone Dominance utiliza un modelo diferente al de las adquisiciones militares tradicionales. Las empresas participantes deben llevar sus sistemas a pruebas denominadas Gauntlet, donde operadores militares evalúan los drones en escenarios de misión antes de que el Gobierno distribuya las órdenes de producción entre los fabricantes mejor posicionados.

El programa ya había comprado 30.000 drones durante su primera fase, mientras la segunda avanzó con otras decenas de miles de unidades y pruebas cada vez más exigentes. La iniciativa completa prevé invertir alrededor de US$1.100 millones en órdenes de prototipos y producción a través de distintas etapas.

El objetivo no es seleccionar un único modelo para toda la fuerza. Diferentes fabricantes pueden competir nuevamente en cada etapa y recibir contratos según el desempeño de sus sistemas, su costo y su capacidad para producir grandes cantidades en plazos reducidos.

La cadena de suministro también ocupa un lugar central. El Pentágono busca que los vehículos puedan fabricarse a escala utilizando una base industrial estadounidense y reduciendo la dependencia de componentes procedentes de países considerados sensibles.

Destacamento 6, Grupo de Apoyo, 75º Mando de Innovación de la Reserva del Ejército de EE. UU., observan el sistema aéreo no tripulado «Flying Basket» durante el Ataque del Norte 26-2 como parte de su misión de evaluación y evaluación, en el Campamento Grayling, Michigan. 6 de agosto de 2026.

De programas experimentales a decenas de miles de sistemas

Las dos decisiones anunciadas prácticamente en simultáneo muestran el cambio de escala que Estados Unidos intenta imprimir a sus capacidades autónomas.

Por un lado, AUTOWARCOM convertirá a la guerra autónoma en una responsabilidad permanente dentro de la estructura superior de mando, con un oficial de cuatro estrellas y competencias específicas sobre drones, robótica e integración tecnológica.

Por otro, Drone Dominance busca pasar directamente a decenas de miles de sistemas producidos a bajo costo, con requisitos que incluyen navegación sin GPS, reconocimiento automatizado de objetivos y control de múltiples vehículos.

El programa tampoco se limita a drones de ataque unidireccional. Durante 2026 incorporó pruebas con plataformas reutilizables capaces de transportar y liberar municiones, mientras distintas ramas de las Fuerzas Armadas estadounidenses desarrollan vehículos de superficie, submarinos, terrestres y aéreos con grados crecientes de autonomía.

La creación de AUTOWARCOM y la nueva compra de alrededor de 60.000 drones de ataque colocan ahora esas iniciativas dentro de una misma transformación: Estados Unidos ya no busca solamente experimentar con sistemas autónomos, sino construir una estructura militar y una capacidad industrial capaces de incorporarlos por decenas de miles.

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