El telescopio espacial Nancy Grace Roman se diseñó para una misión principal de cinco años y una posible extensión a un total de 10. Sin embargo, una combinación de menor masa, una trayectoria de lanzamiento muy precisa y maniobras que consumieron menos combustible del previsto cambió por completo ese cálculo. La NASA estima ahora que el observatorio dispone de propelente suficiente para sostener al menos 22 años de potenciales operaciones científicas.
El Roman se lanzó el 30 de agosto de 2026 a bordo de un Falcon Heavy de SpaceX desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida. Una vez desplagado, comenzó a viajar hacia el segundo punto de Lagrange del sistema Sol-Tierra, conocido como L2, situado a unos 1,6 millones de kilómetros de nuestro planeta. Su llegada está prevista para comienzos de diciembre, unos 100 días después del lanzamiento. Desde allí operará en una región favorable para los grandes observatorios espaciales, manteniendo una posición estable respecto del Sol y la Tierra y realizando pequeñas maniobras periódicas para conservar su trayectoria.
Roman se concibió originalmente con combustible para cubrir 5 años de misión principal y otros 5 de extensión, pero NASA confirmó que el margen disponible resultó mucho mayor de lo esperado.
12 años más: ¿por qué el Roman podría operar durante más tiempo?
Aunque sus instrumentos funcionan principalmente con energía eléctrica generada por paneles solares, el Roman necesita combustible para realizar las maniobras que le permiten llegar a su órbita y mantenerse correctamente posicionado durante la misión.
En el espacio lejos de la Tierra no hay aire atmosférico por lo que no existe un rozamiento significativo que frene al telescopio, pero la atracción gravitatoria del Sol, la Tierra y la Luna, junto con otras pequeñas perturbaciones, modifica lentamente su trayectoria. Por eso, el observatorio debe encender periódicamente sus pequeños motores para corregir su posición y conservar su órbita alrededor del punto L2. Cuanto más combustible tenga disponible para realizar estas correcciones, durante más tiempo podrá mantenerse en condiciones de continuar sus observaciones científicas.
Así, la explicación de por qué el telescopio podría operar durante más tiempo está en cuánto combustible logró ahorrar la nave durante sus primeras semanas en el espacio. El 31 de agosto, apenas un día después del lanzamiento, Roman realizó su primera corrección de trayectoria para ajustar el recorrido hacia L2. NASA había reservado unos 200 kg de propelente para esa maniobra, pero finalmente solo tuvo que usar 18 kg, menos del 10%, gracias a una ejecución con más del 99% de precisión. Esto podría aportar alrededor de cuatro años adicionales de operaciones.
A esa ventaja se suma otra diferencia importante. Roman terminó siendo más liviano de lo que contemplaba el cálculo conservador utilizado durante su diseño. La planificación consideraba una masa máxima de 9.800 kilogramos, mientras que el observatorio terminó pesando unos 8.056. Al necesitar menos propelente para mover una nave más liviana, NASA pudo además llenar sus tanques hasta su capacidad máxima antes del lanzamiento, en lugar de cargar solamente lo necesario para cumplir con los diez años previstos. Ese combustible adicional representa otros 4 años de margen.
Finalmente, la precisión de la primera maniobra permitirá también reducir el combustible necesario para la segunda corrección de trayectoria y para la inserción en su órbita alrededor de L2. Una vez allí, Roman deberá realizar pequeñas maniobras de mantenimiento cada 28 días.
Sumando estas economías, NASA proyecta actualmente combustible para al menos 22 años de ciencia. Sin embargo, esto no significa que su funcionamiento durante todo ese período esté garantizado: otros componentes del observatorio también deberán continuar operativos.
Uno de los principales observatorio astronómicos de la próxima generación
Una vida útil tan extensa ampliaría considerablemente el alcance de una misión que ya fue diseñada como uno de los principales observatorios astronómicos de la próxima generación.
Roman cuenta con un espejo primario de 2,4 metros, comparable en tamaño al del Hubble, pero su instrumento principal, el Wide Field Instrument (WFI), le permite observar regiones del cielo mucho mayores en cada exposición. Se trata de una cámara infrarroja de unos 300 megapíxeles, formada por 18 detectores, que puede registrar en una sola imagen una región mayor que el tamaño aparente de la Luna llena manteniendo una resolución similar a la de Hubble. Esa combinación permitirá estudiar enormes cantidades de galaxias y estrellas y construir grandes mapas del Universo.
Entre sus objetivos principales se encuentran investigar la expansión cósmica y la naturaleza de la energía oscura, estudiar cómo se distribuye la materia oscura, poner a prueba la gravedad a escalas cosmológicas y realizar un amplio censo de exoplanetas. El observatorio también incorpora un coronógrafo experimental capaz de bloquear gran parte de la luz de una estrella para intentar observar directamente planetas mucho más débiles situados a su alrededor, probando tecnologías destinadas a futuras misiones enfocadas en mundos similares a la Tierra.
Roman ya comenzó además su etapa de puesta en servicio mientras continúa viajando hacia L2. NASA activó su WFI y recibió los primeros fotones de estrellas, aunque las imágenes iniciales aparecen deliberadamente desenfocadas porque el telescopio todavía debe completar el alineamiento y la calibración de su sistema óptico. También se comprobaron los sistemas electrónicos, mecánicos y térmicos del coronógrafo, que funcionan según lo previsto.
Si el cronograma continúa según lo previsto, las primeras imágenes científicas se esperan para comienzos de 2027. La posibilidad de extender las observaciones durante más de dos décadas daría a Roman algo especialmente valioso en astronomía: tiempo. Además de realizar los grandes relevamientos para los que fue diseñado, una operación prolongada permitiría repetir mediciones durante muchos años, estudiar fenómenos que evolucionan lentamente y utilizar el observatorio para preguntas científicas que todavía no existen.
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