La NASA lanzó este domingo 30 de agosto el telescopio espacial Nancy Grace Roman, uno de los observatorios astronómicos más importantes desarrollados por la agencia en las últimas décadas. La misión despegó a bordo de un cohete Falcon Heavy de SpaceX desde el Complejo de Lanzamiento 39A del Centro Espacial Kennedy, en Florida. Desde entonces, Roman se separó del lanzador, estableció comunicaciones con la Tierra y comenzó un viaje de 1,5 millones de kilómetros hacia el punto de Lagrange L2. Allí pasará al menos cinco años estudiando la expansión del Universo, la materia oscura, la energía oscura y los planetas que orbitan otras estrellas.

El lanzamiento se desarrolló según lo previsto. Los dos propulsores laterales del Falcon Heavy se desprendieron poco más de dos minutos después del despegue y regresaron a Florida, mientras que el núcleo central continuó impulsando la etapa superior hacia el cosmos. Esta realizó dos encendidos de su motor Merlin Vacuum antes de colocar al observatorio en la trayectoria necesaria y liberar a Roman unos 31 minutos después del despegue.
La NASA comenzó a recibir telemetría apenas siete minutos después del lanzamiento. Una hora y 23 minutos después del despegue, confirmó el despliegue exitoso de sus paneles solares y del protector solar inferior de los instrumentos. El conjunto principal, denominado Solar Array Sun Shield, está formado por seis paneles de unos 2,1 por 3 metros cada uno. De ellos, cuatro se despliegan en el espacio y, además de proporcionar alrededor de 4.100 watts de potencia, mantienen permanentemente sombreada buena parte del observatorio para favorecer las bajas y estables temperaturas que necesitan sus instrumentos.

La NASA ya lanzó al Roman: la misión del nuevo telescopio espacial de EE.UU.
El observatorio Roman está diseñado principalmente como un telescopio de grandes relevamientos. La idea es que en lugar de concentrarse durante largos períodos sobre regiones muy pequeñas del cielo, podrá observar áreas extensas con gran resolución y repetir esas mediciones rápidamente.
Su espejo primario mide 2,4 metros de diámetro, prácticamente el mismo tamaño que el del Hubble. Sin embargo, su instrumento principal, el Wide Field Instrument (WFI), ofrece un campo de visión al menos 100 veces mayor. El WFI es una cámara de unos 300 megapíxeles formada por 18 detectores de 4.096 por 4.096 píxeles. Es capaz de obtener imágenes entre 0,48 y 2,3 micrómetros y realizar también espectroscopía sin rendija. Con ella, Roman medirá la luz de enormes cantidades de galaxias para reconstruir cómo evolucionó el Universo.
Una de las misiones principales del telescopio es estudiar cómo la gravedad de la materia oscura deforma ligeramente la imagen de galaxias lejanas, un fenómeno llamado lente gravitacional débil. Además, observará miles de supernovas de tipo Ia para medir cómo cambió la velocidad de expansión cósmica y analizará las oscilaciones acústicas bariónicas, patrones en la distribución de las galaxias que permiten comparar el tamaño del Universo en diferentes épocas. La combinación permitirá poner a prueba las propiedades de la energía oscura, el fenómeno todavía desconocido asociado a la expansión acelerada del cosmos.
El segundo instrumento es el Coronagraph Instrument, una demostración tecnológica que observará directamente planetas alrededor de otras estrellas. Fotografiar un planeta exterior o exoplaneta, ubicado fuera de nuestro Sistema Solar, resulta extremadamente difícil porque se suelen encontrar muy lejos y sus estrellas pueden ser millones de veces más brillante.
En ese contexto, el coronógrafo utiliza máscaras para bloquear esa luz y espejos deformables controlados mediante miles de pequeños actuadores para corregir imperfecciones diminutas del frente de onda, reduciendo todavía más el resplandor estelar. Roman buscará de esta manera obtener imágenes y espectros de grandes planetas similares a Júpiter y de discos de polvo alrededor de estrellas cercanas, probando tecnologías que podrían utilizarse posteriormente en observatorios destinados a estudiar mundos semejantes a la Tierra.
En paralelo, el WFI realizará un extenso relevamiento del centro de la Vía Láctea mediante microlentes gravitacionales, observando continuamente millones de estrellas y buscando pequeñas variaciones de brillo producidas cuando la gravedad de una estrella y sus planetas amplifica temporalmente la luz de otra situada detrás. De esta forma, Roman podrá detectar poblaciones de planetas difíciles de encontrar con otros métodos y construir un panorama mucho más completo de los sistemas planetarios de nuestra galaxia.

El trabajo previo a las observaciones llevará varios meses
La NASA confirmó que los paneles solares y el protector inferior del observatorio ya se desplegaron correctamente. Durante los próximos días deberán desplegarse, en primer lugar, la antena de alta ganancia, utilizada para transmitir las enormes cantidades de información científica hacia la Tierra. Y, además, el Deployable Aperture Cover, una estructura similar a una visera que protege la abertura del telescopio de la luz solar no deseada.
Los controladores también realizarán la primera de dos correcciones de trayectoria durante el viaje y encenderán el Coronagraph Instrument. Unas semanas después se activará el WFI. Roman llegará finalmente a una órbita cuasi-halo alrededor del punto L2, ubicado aproximadamente 1,5 millones de kilómetros más allá de la Tierra en dirección opuesta al Sol. Esta posición mantiene al Sol, la Tierra y la Luna aproximadamente del mismo lado del observatorio, facilita el control térmico y permite observar el cielo durante largos períodos con pocas interrupciones.
Durante los tres meses de puesta en servicio, los equipos calibrarán los instrumentos y comprobarán el funcionamiento completo del telescopio antes de comenzar la etapa científica. La NASA espera publicar sus primeras imágenes a comienzos de 2027.
Una vida útil de 10 años para investigar materia oscura y planetas exteriores
Roman tendrá una misión primaria de cinco años, aunque está diseñado para poder extender sus operaciones otros cinco si conserva suficiente combustible.
Su capacidad para recorrer grandes regiones del cielo complementará a observatorios como Hubble y James Webb. Mientras Webb puede estudiar con enorme detalle objetivos individuales, Roman podrá localizar y caracterizar enormes poblaciones de galaxias, estrellas, explosiones estelares y sistemas planetarios para luego señalar objetos particularmente interesantes.
Esa escala también se reflejará en el volumen de información. La NASA estima que enviará alrededor de 1,4 terabytes de datos por día, la mayor tasa prevista hasta ahora para una misión astrofísica de la agencia. Todos esos datos se pondrán a disposición de la comunidad científica una vez procesados, convirtiendo al nuevo observatorio no solo en una misión centrada en energía oscura y exoplanetas, sino en una herramienta para investigar prácticamente todas las escalas del Universo.
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