La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) habría dejado sin trabajo a 350 profesionales por la no renovación de contratos que vencieron el 30 de junio. La medida golpearía a uno de los organismos más importantes del sistema científico-tecnológico argentino y expondría una nueva etapa del achique del Estado en áreas estratégicas. Más allá de una reducción administrativa, con este movimiento el país perdería personal especializado del sector nuclear, que requiere años de formación, experiencia acumulada y continuidad técnica.

La situación había sido advertida por trabajadores, profesionales y jefaturas del organismo, que reclamaban estabilidad laboral, recomposición salarial y continuidad para proyectos estratégicos. En marzo, los contratos habían sido renovados solo por tres meses, por lo que su vencimiento quedó fijado para el 30 de junio. En mayo, asociaciones del sector nuclear alertaron que esos vínculos laborales estaban nuevamente en riesgo y señalaron que la crisis afectaba tareas vinculadas al enriquecimiento de uranio, el reactor nuclear multipropósito RA-10 y el CAREM.
La no renovación confirmaría el avance de una política de ajuste que reduce la capacidad operativa del Estado justo en un área donde la Argentina construyó, durante décadas, conocimiento propio y reconocimiento internacional.
Frente a esta situación, las autoridades del organismo se habrían negado a recibir a los representantes de los trabajadores, profundizando un conflicto que mantiene en alerta a toda la comunidad de la CNEA.
El rol de la CNEA y la importancia los profesionales del sector nuclear
La CNEA es el organismo público central para la investigación, el desarrollo y la formación de recursos humanos en tecnología nuclear. Sus funciones abarcan el desarrollo de reactores experimentales, la producción y aplicación de radioisótopos, lainvestigación en materiales, física, química, radiobiología e ingeniería, el ciclo del combustible nuclear, la gestión de conocimiento técnico para centrales nucleares y el soporte científico del programa nucleoeléctrico argentino.
Entre los proyectos más sensibles aparece el RA-10, un reactor multipropósito desarrollado por la CNEA en el Centro Atómico Ezeiza. Su objetivo es ampliar la producción nacional de radioisótopos para medicina, industria e investigación, especialmente molibdeno-99, un insumo clave para diagnósticos médicos. También permitirá producir silicio dopado por transmutación neutrónica, utilizado en dispositivos electrónicos de potencia, y ofrecerá nuevas instalaciones para ensayos de materiales, combustibles nucleares y técnicas neutrónicas.
La pérdida de personal especializado afectaría directamente a este tipo de capacidades. En tecnología nuclear, el conocimiento no se reemplaza con rapidez ni se compra en el mercado. Un reactor, un laboratorio o una planta piloto dependen de equipos que conocen procesos, normas de seguridad, materiales, cálculos, procedimientos y desarrollos acumulados durante años. Cuando se pierden esos trabajadores, se debilitan equipos completos, se corta transferencia de experiencia y se reduce la posibilidad de sostener proyectos complejos en el tiempo.
Argentina desarrolló una trayectoria nuclear singular en América Latina. Construyó reactores de investigación, formó generaciones de especialistas, produjo radioisótopos, exportó tecnología y sostuvo capacidades industriales asociadas al sector. Ese recorrido fue posible porque existió una política estatal de largo plazo, con instituciones capaces de conservar conocimiento y formar cuadros técnicos. La desvinculación de 350 trabajadores de la CNEA marcaría un retroceso en esa lógica. De esta forma, el país perdería margen de decisión sobre una tecnología estratégica, en un escenario internacional donde la energía, la salud, los materiales avanzados y la soberanía tecnológica son cada vez más importantes.
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