La Parker Solar Probe de la NASA completó su 28° acercamiento al Sol y volvió a igualar su récord de distancia: voló a 6,1 millones de kilómetros sobre la superficie solar. Durante la maniobra, la nave realizó nuevas mediciones del viento solar y de la actividad del Sol desde una región extremadamente cercana a su origen. El objetivo central de la misión es estudiar cómo funciona la atmósfera solar y cómo cambian sus fenómenos a lo largo del ciclo de actividad de nuestra estrella.

El sobrevuelo formó parte de un encuentro solar iniciado el 3 de junio y previsto hasta el 13 de junio. Durante ese período, la nave operó de forma autónoma durante nueve días, ya que su trayectoria alrededor del Sol limitó las comunicaciones con la Tierra. El 11 de junio, Parker Solar Probe envió una señal de estado a los controladores del Laboratorio de Física Aplicada Johns Hopkins, en Maryland, indicando que sus sistemas funcionaban con normalidad.
En este nuevo paso cercano, los cuatro paquetes de instrumentos científicos de la sonda recolectaron datos desde el interior de la corona, la región externa de la atmósfera solar. Allí se originan procesos clave para entender el viento solar, un flujo constante de partículas cargadas que viaja desde el Sol hacia el sistema solar. La nave también observa eventos como eyecciones de masa coronal y los efectos posteriores de fulguraciones solares, fenómenos capaces de alterar el entorno espacial cercano a la Tierra. Esa información es importante para mejorar los modelos de clima espacial, que permiten anticipar riesgos para satélites, astronautas, vuelos de aviación en ciertas rutas y redes eléctricas terrestres.
Distancia, velocidad y protección térmica récord
Por su paso cercano al Sol, la misión volvió a igualar además su récord de velocidad, volando a 692.000 kilómetros por hora. Esa marca, al igual que la distancia mínima al Sol, fue alcanzada por primera vez durante el acercamiento del 24 de diciembre de 2024 y luego repetida en varios sobrevuelos posteriores.
Para resistir esas condiciones, Parker depende de su Sistema de Protección Térmica, un escudo diseñado para mantener orientada la nave frente al Sol y proteger sus instrumentos. Según los modelos del equipo, el escudo puede alcanzar cerca de 927 °C durante los pasos más extremos, aunque la temperatura interna de la nave se mantiene estable.
Esa estabilidad térmica es una señal importante del estado general de la misión. Si el escudo se estuviera debilitando, los sensores ubicados detrás de la barrera térmica registrarían un aumento progresivo de temperatura. Hasta ahora, después de 28 encuentros solares y casi ocho años en el espacio, los responsables de la misión indican que la nave continúa en excelente condición.

8 años de ciencia solar
Parker Solar Probe se lanzó en agosto de 2018, cuando el Sol se encontraba cerca del mínimo de su ciclo de actividad de 11 años. Desde entonces, la sonda siguió observando la evolución de la estrella hasta el máximo solar anunciado en 2024 por NASA, NOAA y el panel internacional de predicción del ciclo solar. Esa continuidad permite comparar el comportamiento del Sol en fases tranquilas y activas con una cercanía inédita.
La sonda seguirá en su órbita actual para estudiar el descenso de la actividad solar, mientras NASA evalúa los próximos pasos de la misión para fines de 2026 y los años siguientes.
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