20 años de la creación de ARSAT: el plan satelital que convirtió a la Argentina en un país geoestacionario

Imagen del ARSAT-1 durante su desarrollo en INVAP.

Imagen del ARSAT-1 durante su desarrollo en INVAP.

El 1 de abril de 2026 se lanzó al espacio la misión Artemis II y miles de millones de personas a lo largo del mundo observaron a través de sus hogares y múltiples plataformas digitales este suceso histórico para la humanidad, la vuelta a la Luna. Pero ¿por qué es tan importante la cuestión del espacio exterior?

Hoy, 22 de mayo de 2026, se celebra el vigésimo aniversario de la creación de la Empresa Argentina de Soluciones Satelitales (ARSAT). Luego de décadas el proyecto de política espacial en el país tiene distintos detractores y defensores, pero ¿Qué es ARSAT? ¿Qué se hizo durante estos 20 años? ¿Qué significa para la Argentina tener satélites  geoestacionarios en el espacio exterior?

Años antes de que existiera ARSAT, Argentina ya tenía asignadas dos posiciones orbitales estratégicas por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT): las 72° Oeste y 81° Oeste. Estas posiciones, ubicadas en la órbita geoestacionaria (GEO), no son solo coordenadas en el espacio: son un recurso finito, disputado y esencial para proyectar soberanía.

Durante los años 90, Argentina confió esa tarea al sector privado. La posición 72°O fue ocupada por el satélite Nahuel 1A, mientras que la posición 81°O nunca fue efectivamente ocupada. A principios de los 2000, el país estaba a punto de perder definitivamente una capacidad estratégica, ya que en este sentido, una de las reglas de la UIT es que, si un país no ocupa y explota una posición orbital en un lapso determinado de tiempo, la pierde. Ese fue el origen de ARSAT. Creada en el 2006 bajo la ley 26.092, la empresa estatal nació con una misión doble: recuperar esas posiciones orbitales y construir la industria satelital nacional desde cero. No se trataba solo de tecnología, sino de soberanía

Los satélites de telecomunicaciones ARSAT-1 y ARSAT-2 durante su desarrollo en INVAP.

ARSAT-1: el primer satélite geoestacionario de fabricación y operación estatal argentina

A diferencia del Nahuel 1A (lanzado en 1997 pero propiedad de Nahuelsat, un consorcio de capitales mayoritariamente extranjeros), el ARSAT-1 fue el primer satélite geoestacionario íntegramente estatal: diseñado, fabricado, ensayado y operado por argentinos, con INVAP como contratista principal y ARSAT como operador público. El 15 de octubre del 2014, un cohete Ariane 5 despegó desde el Puerto Espacial de Kourou, en la Guyana Francesa, llevando consigo el ARSAT-1.

A diferencia de los satélites científicos previos, que operaban en órbitas bajas (LEO), un satélite GEO se encuentra a 35.786 km del centro de la Tierra y permanece fijo sobre un mismo punto geográfico. Esto permite que funcione como una “antena gigante”, siempre disponible para comunicar cualquier punto del país.

ARSAT-1 tiene una masa de lanzamiento de 2973 kg, una potencia de 4,2 kW y su carga útil incluye 24 transpondedores en banda Ku. Fue ubicado en la posición orbital 71,8°O y ofrece cobertura sobre Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y la Antártida Argentina.

Entre los servicios se cuenta con televisión directa al hogar, acceso a internet vía antenas VSAT, transmisión de datos y telefonía IP.

ARSAT-1, de esta manera, no es un simple satélite de partes importadas. Si bien Argentina no fabrica componentes como circuitos integrados, el diseño, la ingeniería de sistemas, la integración, los ensayos ambientales, el software y la operación son nacionales. La construcción demandó una inversión pública de $1,121 millones (aproximadamente US$ 280 millones al momento de su desarrollo).

El satélite ARSAT-1 previo a su traslado para el lanzamiento.

ARSAT-2: consolidación y proyección continental

Menos de un año después, el 30 de septiembre del 2015, también desde Kourou y a bordo de un Ariane 5, fue lanzado el ARSAT-2. Construido en paralelo con su gemelo, comparte muchas características de diseño, pero incorpora una novedad clave: además de la banda Ku (26 transpondedores), incluye 10 transpondedores en banda C.

La banda C tiene una propiedad muy valorada: no sufre atenuación por lluvias, lo que hace ideal para la transmisión satelital de televisión y servicios de alta disponibilidad en regiones tropicales o húmedas. El ARSAT-2 fue ubicado en la posición orbital 81°O, ocupando definitivamente la posición que Argentina estuvo a punto de perder.

Con el ARSAT-2, Argentina consolidó su cobertura sobre todo el continente americano, desde Canadá hasta la península antártica. El satélite tiene tres haces de cobertura: suramericano, norteamericano y hemisférico. Su construcción demandó una inversión de $904 millones (aproximadamente US$ 250 millones).

Ambos satélites fueron diseñados para una vida útil de 15 años, lo que significa que ARSAT-1 y ARSAT-2 seguirán operativos hasta 2029 y 2030, respectivamente. Con estos dos satélites, Argentina ingresó al selecto grupo de ocho países en el mundo con capacidad para diseñar y construir sus propios satélites geoestacionarios de telecomunicaciones. En el continente americano, solo Estados Unidos y Argentina poseen esta capacidad.

El satélite ARSAT-2 durante su transporte hacia Guayana Francesa para su lanzamiento.

¿Por qué la órbita GEO?

La elección de la órbita geoestacionaria no fue casual. Responde a una decisión estratégica basada en tres pilares:

En primer lugar, la soberanía orbital. Las posiciones GEO son un recurso finito y disputado. Argentina logró asignaciones en 72° O y 81° O, y operar satélites propios en esos espacios es la única manera de conservarlas.

En segundo lugar, la cobertura estable y continua, que es ideal para garantizar servicios de televisión, datos y comunicaciones críticas —como las bases antárticas argentinas— sin interrupciones.

Y finalmnte, la independencia tecnológica. Al optar por GEO, Argentina pudo desarrollar junto a INVAP una industria satelital nacional completa, generando capacidades que pocos países poseen.

ARSAT-SG1: la segunda  generación

El plan satelital argentino no se detuvo. En el 2015, se aprobó la Ley 27.208 de Desarrollo de la Industria Satelital, que estableció el Plan Satelital Geoestacionario Argentino 2015-2035. Ese plan contemplaba la construcción de un tercer satélite, el ARSAT-3 (hoy conocido como ARSAT-SG1), cuyo propósito principal era llevar banda ancha satelital a todo el territorio nacional, especialmente a las zonas rurales donde la fibra óptica no llega.

El SG1 representa un salto tecnológico significativo. Será el primer satélite argentino de alto rendimiento (High Throughput Satellite, HTS), operará en banda Ka (una porción del espectro que permite transmitir grandes volúmenes de datos) y tendrá una capacidad total de 70 Gbps.

Su masa será menor (entre 1.800 y 2.000 kg) gracias a la incorporación de propulsión totalmente eléctrica, con cuatro propulsores de efecto Hall. Esta tecnología no solo reduce el peso, sino que también extiende la vida útil del satélite y abarata los costos de lanzamiento, extiende la vida útil y libera espacio para más carga útil del satélite.

El SG1 contará con más de 30 haces que cubrirán todo el territorio continental argentino, la isla de Tierra del Fuego y países limítrofes. Está diseñado específicamente para brindar conectividad satelital de alta calidad a más de 200.000 hogares rurales, cerrando la brecha digital en zonas donde el despliegue de infraestructura no es viable.

Ilustración del satélite ARSAT-SG1 orbitando alrededor de la Tierra.

El SG1 sufrió muchas postergaciones desde su concepción. Inicialmente previsto para 2019, luego corrido a 2023, el cronograma se fue ajustando por diversas razones políticas, técnicas y presupuestarias.

Según informó Espacio Tech, el 29 de abril del 2026, a partir de la respuesta oficial del Ejecutivo al Congreso sobre la Pregunta 1129, el nuevo cronograma oficial detalla que la Critical Design Review (CDR) quedó para febrero del 2027, la entrega en tierra para diciembre del 2028 y la validación en órbita para enero del 2029, cuando recién iniciaria su uso comercial.

El costo estimado total del proyecto también se modificó. Tal como publicó Espacio Tech, el presupuesto pasó de US$ 265,8 millones iniciales a US$ 336,9 millones, lo que implica una ampliación necesaria de US$ 71,1 millones y un desvío presupuestario cercano al 27%. El mismo informe oficial detalla que todavía queda una parte importante por contratar, facturar y pagar, lo que muestra que el problema ya no es solo de calendario, sino también de cierre financiero y de ejecución. El Gobierno informó que tuvo que renegociar contratos con proveedores internacionales para evitar el riesgo de rescisión unilateral y recién entonces reanudar actividades.

A 20 años de su creación, ¿por qué ARSAT sigue siendo clave?

Dos décadas después de su fundación, ARSAT se consolidó como un activo estratégico de primer orden. En un mundo donde la conectividad define desarrollo, educación y trabajo, tener infraestructura propia de telecomunicaciones no es un lujo: es soberanía.

La soberanía orbital es soberanía nacional. Las posiciones geoestacionarias que Argentina ocupa hoy con sus satélites son un recurso finito y disputado. Mantenerlas operativas con tecnología propia no es un gesto simbólico: permite al país negociar en pie de igualdad en foros internacionales.

La conectividad federal es un derecho que el mercado no garantiza. Gracias a sus satélites, ARSAT lleva servicios a la Patagonia profunda, a las bases antárticas y a los valles calchaquíes. Sin ARSAT, millones de argentinos quedarían a merced de lo que las empresas privadas consideran rentable.

El know-how no se compra. Veinte años formaron ingenieros y operadores que hoy son referencia en la región. La alianza con INVAP consolidó una cadena de valor nacional que incluye diseño, integración, ensayos, lanzamiento y operación.

La solidez de ARSAT no es solo técnica, también es financiera. La Resolución 1285/2025 del Ministerio de Economía, publicada el 29 de agosto de 2025 y firmada por Luis Caputo, aprobó el presupuesto de ARSAT para ese ejercicio. Los números son contundentes:

En un contexto global donde la concentración tecnológica avanza, ARSAT representa una apuesta por el desarrollo autónomo. Es, a 20 años de su creación, la prueba de que Argentina puede planificar, ejecutar y sostener proyectos de alta complejidad cuando existe continuidad en las políticas de Estado.

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