Un grupo de estudiantes argentinos del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) desarrolló un cohete supersónico llamado Aconcagua, que competirá en una de las competencias universitarias internacionales de cohetería más importantes. El equipo ITBA Rocketry Team, integrado por más de 60 alumnos, viajará a Texas, Estados Unidos, para participar de la International Rocket Engineering Competition (IREC). La meta es alcanzar los 10 kilómetros de altura y llegar a una velocidad estimada de Mach 2, el doble de la velocidad del sonido.
La competencia se realizará del 15 al 20 de junio de 2026 en Midland, Texas, y reunirá a equipos universitarios de distintos países. El evento está organizado por la Experimental Sounding Rocket Association y cuenta con el apoyo de la American Institute of Aeronautics and Astronautics. En esta nueva edición 2026 se aceptaron 175 equipos para diseñar, construir, probar y lanzar cohetes con carga útil y objetivos de altitud definidos.

El equipo nació en 2022 y debutó internacionalmente en 2023 con el cohete Theros I, dentro de la categoría 10k COTS. En 2024, logró ubicarse 42° en su categoría y entró en el top 20 en diseño y construcción. Para esta nueva edición, el objetivo de altitud se triplica respecto de sus primeras participaciones y el cohete pasa a enfrentar un régimen de vuelo mucho más exigente.
El proyecto reúne a estudiantes de Ingeniería Mecánica, Electrónica, Industrial, Informática, Bioingeniería y Licenciatura en Analítica, bajo la coordinación del profesor e investigador Patricio Pedreira. Ese carácter interdisciplinario es fundamental para resolver los problemas de las distintas áreas que trae apareado el desarrollo de un cohete de alta potencia combina problemas de distintas áreas.
El cohete supersónico del ITBA
El Aconcagua competirá en la categoría 30k COTS (Commercial Off-The-Shelf), en la que participan cohetes que buscan alcanzar un apogeo de 30.000 pies, equivalentes a 9.100 metros y redondeado como 10 kilómetros. En esta categoría, el vehículo debe usar un sistema de propulsión comercial certificado. Sin embargo, la estructura, la aerodinámica, los sistemas electrónicos, el sistema de recuperación, la integración, las simulaciones y la validación técnica son responsabilidad del equipo. Además de la COTS, el IREC cuenta con categorías SRAD, en las que los motores son investigados y desarrollados por los propios estudiantes.
El desafío de superar la barrera del sonido es una meta ambiciosa. En un vuelo a velocidades superiores a Mach 1, aparecen efectos de compresibilidad y ondas de choque, fenómenos que modifican las cargas aerodinámicas sobre el cohete y pueden afectar la estabilidad, la resistencia y la integridad estructural.

En un cohete universitario, esos efectos obligan a trabajar con especial cuidado en la geometría del cuerpo del vehículo, la forma de la nariz, el diseño de las aletas, la ubicación del centro de gravedad y el centro de presión, y la resistencia de los materiales. También exige estudiar fenómenos como el flutter de aletas, una vibración aeroelástica que puede aparecer a altas velocidades y comprometer la estructura si no se controla desde el diseño. Por eso, el desarrollo del Aconcagua incluyó simulaciones de trayectoria, diseño aerodinámico, fabricación estructural, integración electrónica, validación de componentes y análisis mediante herramientas de simulación FEM.
El vehículo también debe recuperarse luego del vuelo, otra prueba muy importante y complicada. La IREC no evalúa únicamente qué tan alto llega un cohete, sino si puede completar la misión de forma segura. Las reglas establecen que el desempeño de vuelo se puntúa en función de la precisión respecto del apogeo objetivo y de la recuperación exitosa del vehículo.
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