En las últimas dos décadas, el espacio dejó de ser únicamente un territorio para la exploración científica y se convirtió en una infraestructura crítica para la defensa moderna. Hoy, casi todas las operaciones militares dependen de satélites de observación y comunicaciones, que permiten observar territorios, detectar amenazas a gran distancia y transmitir información. En ese escenario, Argentina cuenta con capacidades espaciales propias que tienen valor estratégico, entre ellas los satélites geoestacionarios de telecomunicaciones ARSAT-1 y ARSAT-2.

¿Qué capacidades aportan los satelites militares a la defesa?
Los sistemas satelitales militares modernos suelen organizarse alrededor de tres grandes capacidades. La primera es inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR), y está relacionada con los satélites de observación de la Tierra. Incluye satélites con cámaras ópticas, radares de apertura sintética (SAR), sensores infrarrojos y sistemas de inteligencia electrónica. Todos ellos se utilizan para observar movimientos, detectar infraestructura, seguir cambios en el terreno o captar emisiones.
La segunda capacidad es SATCOM o comunicaciones satelitales, que se utilizan para conectar unidades, bases, vehículos o puestos de mando. La idea es que las fuerzas armadas suelen moverse por territorios sin redes terrestres disponibles, o en zonas de conflicto donde frecuentemente la infraestructura terrestre se puede ver dañada o interrumpida. La comunicaciones satelitales les permiten mantenerse conectados.
La tercera es el conjunto de capacidades anti-satélite, que incluye misiles, interferencia electrónica, ataques cibernéticos, láseres, maniobras de aproximación en órbita y sistemas diseñados para degradar satélites adversarios.
La dupla nacional ARSAT
En el caso argentino, ARSAT-1 y ARSAT-2 son los dos satélites nacionales activos de telecomunicaciones, que constituyen una capacidad estratégica por estar bajo control nacional y reducir la dependencia externa en enlaces críticos.
ARSAT-1 se lanzó en 2014, está ubicado en la posición geoestacionaria 71,8° Oeste y brinda servicios de transmisión de datos, acceso a internet, telefonía IP y televisión digital, con cobertura sobre Argentina y países limítrofes. ARSAT-2 se lanzó en 2015, opera en la posición 81° Oeste y amplía la cobertura hacia el continente americano. Ambos se diseñadon y desarrollaron en Argentina, bajo la gestión de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y con la empresa INVAP como contratista. Una vez en el espacio, su operación quedó a cargo de la empresa estatal ARSAT.
El valor militar de ARSAT es que forman parte de una infraestructura soberana de comunicaciones. Un satélite geoestacionario funciona como un “repetidor” ubicado a 36.000 kilómetros de altura. Recibe una señal enviada desde una estación o terminal terrestre, la amplifica, la cambia de frecuencia y la retransmite hacia otra zona de cobertura. Esa capacidad le permite a las fuerzas armadas mantener comunicaciones por enlace de voz o video, enviar datos y coordinar la operación en regiones con red terrestre vulnerable o inexistente. En ese esquema, la seguridad no depende solo del satélite, sino también de las estaciones terrenas y terminales, y las capas de cifrado de los enlaces.

El contexto internacional: la guerra moderna
En el tablero internacional, las grandes potencias ya no piensan el espacio como un apoyo externo a las operaciones, sino como un dominio operativo propio. Estados Unidos, China, Rusia, India, Francia, Reino Unido, Japón y otros países desarrollan o integran capacidades de vigilancia espacial, comunicaciones protegidas, alerta temprana, guerra electrónica y defensa de satélites. El informe 2026 de Secure World Foundation identifica capacidades anti-satélite en desarrollo en 13 países y las agrupa en cinco categorías: sistemas coorbitales, armas de ascenso directo, guerra electrónica, energía dirigida y ciberataques.
En el caso de Argentina, el objetivo no debería ser competir con ese nivel de militarización, sino definir qué capacidades espaciales necesita el país para sostener autonomía tecnológica y control sobre sus propias comunicaciones.
En ese esquema, la agencia espacial nacional está desarrollando un nuevo satélite de telecomunicaciones. Se trata de un ejemplar de nueva generación que tendrá propulsión eléctrica, operará en banda Ka y ofrecerá conectividad satelital de alta capacidad sobre Argentina y países limítrofes. Aunque su función principal será civil y comercial, una infraestructura de este tipo también puede ser utilizada por organismos de Defensa. De esta forma, las fuerzas armadas inconporarán una nueva plataforma nacional capaz de respaldar necesidades estratégicas cuando la comunicación terrestre no alcanza o no está disponible.
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