Los animales han sido los grandes pioneros de la exploración espacial. Antes de que los humanos viajaran al espacio, otros tripulantes como moscas, ratones, perros, monos, gatos y tortugas abrieron el camino. Estos vuelos fueron experimentos fundamentales para entender si un organismo podía sobrevivir al lanzamiento, la microgravedad, la radiación y el regreso a la Tierra.
Los primeros pasos
Todo empezó en 1947, cuando Estados Unidos lanzó moscas de la fruta en un cohete V-2 capturado a Alemania después de la Segunda Guerra Mundial. Las moscas viajaron en una cápsula biológica, regresaron en paracaídas y se recuperaron vivas. Fueron los primeros animales enviados al espacio.
Después llegaron los monos Albert I y Albert II, entre 1948 y 1949. También volaron en cohetes V-2, como parte de los primeros intentos por estudiar cómo respondían los mamíferos a la aceleración y al vuelo de gran altitud. Ninguno sobrevivió. En 1950, Estados Unidos lanzó un ratón no anestesiado. Fue fotografiado durante el vuelo para observar su comportamiento, pero murió por fallas en la recuperación.

Monos, ratones y perros, los protagonistas de las primeras misiones
En 1951, la Unión Soviética empezó a lanzar perros. Dezik y Tsygan viajaron en un cohete R-1 y regresaron vivos. Fueron los primeros perros recuperados con éxito después de un vuelo suborbital. Ese mismo año, otros vuelos soviéticos probaron contenedores herméticos, paracaídas y sistemas de soporte vital.
Mientras tanto, Estados Unidos siguió con monos y ratones. Entre 1951 y 1952 volaron Yorick, Patricia, Mike y varios ratones. Esta vez, los animales fueron recuperados vivos, y los experimentos ayudaron a estudiar aceleración, postura corporal y comportamiento en vuelo.
Laika, el hito soviético
El salto más famoso llegó en 1957, con Laika. La Unión Soviética la lanzó a bordo del Sputnik 2 y se convirtió en el primer animal en orbitar la Tierra. Viajó en una cabina presurizada con sensores biomédicos, pero la misión no tenía sistema de retorno. Murió pocas horas después del lanzamiento.

Pruebas con mamíferos más avanzados
Entre 1958 y 1961, Estados Unidos lanzó monos como Gordo, Able, Baker, Ham y Enos. Ham incluso fue entrenado para accionar comandos durante el vuelo. En paralelo, la Unión Soviética siguió enviando perros y roedores. Todos estos experimentos allanaron el camino para los primeros vuelos humanos.

En 1966, la Unión Soviética lanzó a Veterok y Ugolyok en Kosmos 110. Permanecieron 21 días en órbita, un récord para perros, y regresaron vivos. La misión estudió los efectos de la exposición prolongada al ambiente espacial. Luego llegaron los Biosatellite de Estados Unidos, entre 1966 y 1967, con insectos, huevos de rana, microorganismos y plantas.
En 1968, la Unión Soviética logró otro hito: la misión Zond 5 llevó tortugas, moscas, gusanos, semillas y bacterias alrededor de la Luna. La nave regresó a la Tierra y las muestras sobrevivieron a una reentrada de alta aceleración.
Francia y China, gatos y ratas astronautas
Francia también tuvo su lugar. En 1961 lanzó al ratón Hector y en 1963 a Félicette, la primera gata enviada al espacio. Ambos viajaron en cohetes Véronique y fueron recuperados vivos.

China comenzó sus propios ensayos biológicos entre 1964 y 1966, con ratones, ratas, perros y muestras biológicas. Hay menos registros disponibles, pero algunos vuelos habrían alcanzado el borde del espacio y recuperado su carga.
Argentina y el Proyecto BIO
Argentina también tuvo su capítulo. En 1969 lanzó al mono caí Juan en un cohete Canopus II, dentro del Proyecto BIO. Antes ya habían volado los ratones Belisario y Dalila, en 1967 y 1969, pero no alcanzaron el espacio. Juan viajó en una cápsula presurizada con oxígeno, telemetría y sensores fisiológicos. Llegó a unos 80 o 90 kilómetros de altitud, justo en el borde del espacio, y regresó vivo después de unos 15 minutos.

El legado de los animales pioneros en el espacio
Con el tiempo, la lista de viajeros biológicos se diversificó incluyendo ratones en el Apolo 17, arañas en la estación Skylab, peces, medusas e incluso hongos y cucarachas. Todas estas misiones forman parte de una misma narrativa histórica que permitió a la humanidad avanzar hacia las estrellas. Antes de que nuestra especie pudiera conquistar el cosmos, estos pioneros ayudaron a responder una pregunta básica y fundamental: ¿es posible que la vida sobreviva fuera de los límites de la Tierra?
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